Primera Página es la sección de opinión de eldiario.es Cantabria. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.
El color del dinero
El Gobierno de Cantabria está imponiendo una autarquía pseudonacionalista: no quiere nada que venga de fuera de nuestras fronteras. Ni siquiera el dinero de la quita de la deuda, más de 800 millones de euros, que ha tenido el gesto de rechazar como en un drama de honor de Calderón. Cargado de sobreactuación -para distraernos del escenario principal- prima favorecer los intereses de Feijóo, aunque ello suponga perjudicar los de los cántabros. Lo próximo va a ser proclamar que Cantabria no necesita limosnas mientras se queja de que el tren desde Bilbao solo contempla, de momento, una estación en Castro.
También se ha cerrado la frontera -y esto si que es una batalla ética frente a la pacotilla de la deuda- a las personas migrantes. Un rechazo que se ha cebado especialmente con los menores a quiénes, por alguna sinrazón, algunos perciben como un peligro. Aquí ya no se apela al honor y a la dignidad, sino a todo lo contrario. Se compite por un lugar en la historia universal de la infamia.
El proceso de deshumanización de quienes gobiernan Cantabria imita y bebe las fuentes etílicas del poder del vicerreinato madrileño, un territorio hostil desprovisto de sensibilidad hacia las personas. Pero lo hace desde la caricatura política sin el desparpajo y la ausencia de complejos de Ayuso.
Buruaga sabe que tratar de expatriar menores extranjeros o negarse a acogerlos está mal y por eso envuelve el pescado podrido en la periódica retórica de lo administrativo, de lo banal. Aquí se toman decisiones infames disfrazadas por un velo de burocracia dialéctica: “Defectos de tramitación que podrían viciar de nulidad la norma”, argumenta la presidenta.
Más incide en la deshumanización el comentario de aliño de su subalterna, la consejera de Inclusión Social: “No se puede proteger a estos menores si se les trata como mercancía, tratando de acumularlos y apilarlos en edificios”. En la actualidad, Canarias acoge en solitario a 5.810 niños y niñas repartidos en 86 dispositivos. Hacinados ya están, cualquier otro destino será un alivio.
Siguen sin aportar una justificación para no abrir los brazos. Ni es el dinero, ni es el espacio. Es el color de la piel. Son los prejuicios que alimentan los propagadores de una ecuación infame que equipara la inmigración con la delincuencia.
Si solo fuese dinero imaginen la de niños que podríamos acoger con los 40 millones de euros que el Gobierno de Cantabria ha desperdiciado en conseguir que haya 100 autonómos menos de los que iba a impulsar este fracasado plan tan generosamente financiado que, cuando menos, merece una auditoría.
En cualquier caso, es absolutamente necio y tramposo pensar que los problemas se acaban cerrando la puerta.