Cuenca, el Camino y las viajeras
Este sábado, en Villar de Domingo García, asistí a la presentación de Muerte en Noheda, la novela negra de M. Luz Guillén, dentro de las Jornadas Romanas del municipio . Una autora de Barcelona con raíces en Almansa visita el yacimiento, se queda maravillada y decide devolverle al pueblo lo recibido escribiendo un libro que lo pone en el centro. El alcalde lo contaba con orgullo contenido: fue ella quien prometió la novela, y cumplió.
Alrededor, los vecinos organizando la cena romana, visitantes venidos a propósito para la celebración y la Villa Romana, con su Balneum recién musealizado, a un paso. A veces tanto contar desde dentro quiénes somos puede resultar cansado; sin embargo, la escena de Noheda vislumbraba algo distinto: el valor del territorio empieza a ganar peso cuando lo nombra alguien que ha venido de fuera. Porque el que llega no argumenta, ofrece testimonio y aporta desde otras perspectivas.
Lo mismo ocurre en la capital. Cuenca ya está en el foco del turismo asiático, atraído por su casco medieval fortificado, las Casas Colgadas y el sello UNESCO; visitantes que miran despacio, dinamizan la actividad económica, se quedan y prescriben. En ese perfil destacan los visitantes culturales asiáticos: pude intercalar conversación con un grupo de viajeras vietnamitas que estaban haciendo un recorrido de Ciudades Patrimonio de la Humanidad. No vienen a consumir postal: vienen a leer una ciudad, y cuando vuelven a Hanói o a Ho Chi Minh, Cuenca ya es una experiencia contada por ellas.
Esa es la palanca infrautilizada. No somos solo nosotros, aunque debamos seguir haciéndolo, quienes tenemos que hablar de nosotros mismos. Son quienes llegan —la novelista, la peregrina, la viajera asiática— los que ponen en valor el territorio, sus productos y la disponibilidad que ofrecemos. El trabajo por hacer ya se viene desarrollando: preparar la mesa. Camino señalizado, cama donde pernoctar, mosaico visible, queso, vino, libro y hospitalidad.
Ahí encaja el Camino de la Lana, que sube desde Levante, cruza Cuenca hacia Burgos y engancha con el Camino Francés hasta Compostela. Noheda está en una de sus etapas.
Que en un mismo pueblo coincidan yacimiento, novela, jornadas y ruta jacobea no es casualidad: es infraestructura cultural funcionando. El peregrino tiene necesidades muy similares a las del propio vecino, por lo que invertir en el Camino es invertir en los dos.
Contrastando con los datos del INE, que insisten en que los pueblos pequeños siguen encogiendo, Cultura y Caminos son de las pocas herramientas que generan a la vez ingresos, servicios y relato. Y cuando funcionan, el relato no lo firmamos nosotros: lo firman quienes llegan al territorio. España Disponible crece así: dejando de explicarnos y empezando a ser contados por quienes nos están buscando.