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Los enigmas de 'El Lazarillo de Tormes'

"El Lazarillo de Tormes", edición de Medina del Campo

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La autoría de 'El Lazarillo de Tormes', la obra “príncipe y cabeza de la novela picaresca” cual en su día la calificara Marcelino Menéndez Pelayo, ha sido siempre un enigma, uno de tantos en realidad cual en su gestación e historia se dan. Y en busca de su solución se ha barajado candidato tras candidato. Entre las apuestas más contemporáneas al respecto está la que, a principios de la presente década de los 2000, ponía sobre el tablero la catedrática de Literatura española de la Edad de Oro de la Universidad de BarcelonaRosa Navarro Durán argumentando, primero parcialmente en la revista Ínsula y luego más al completo en volumen publicado por la editorial Gredos (2004),su convicción de que -cual ya afirmara Joseph V. Ricapito en 1976- el libro habría sido fruto fecundo de la imaginación y la pluma del humanista conquense Alfonso de Valdés, secretario de cartas latinas del Emperador y autor de los Diálogos “de las cosas ocurridas en Roma” y “de Mercurio y Carón”.

Más recientementesin embargo, el escritor y periodista toledano Mariano Calvo ha venido a afirmar, en el estudio preliminar de la edición de la obra que -bajo el título de “Lazarillo de Tormes. Una novela en busca de autor"- ha publicado la editorial castellano-manchega Almud, su convencimiento de que esa autoría correspondería en realidad no a Alfonso sino a otro Valdés, a su hermano, Juan, firmante, por su parte, del bien conocido “Diálogo de la lengua”.

Un libro “todo problemas”

En las noventa y ocho páginas de ese estudio preliminar Mariano Calvo apoya su personal contribución al debate sobre la autoría de la obra en dos principales líneas de prueba -“el hallazgo en el título de la novela de un elaborado acróstico con el nombre del autor, y la vinculación de Juan de Valdés con los editores Miguel de Eguía, Juan de Brocar y Atanasio Salcedo, a través de los cuales puede reconstruirse muy razonablemente el proceso de edición del Lazarillo”-, desarrollando una argumentación que junto a esa afirmación principal de Juan de Valdés como autor oculto del librose extiende también a razonadas consideraciones sobre otras de las muchas incógnitas que asimismo planean sobre sus páginas -por ejemplo cuando se escribió o dónde o en qué año vio la luz la primera de sus ediciones- incógnitas nunca del todo definitivamente desveladas que le harían hablar del “Lazarillo” a Víctor García de la Concha (como recuerda en su texto el propio Calvo) como de “un libro todo problemas”.

A lo largo de un total de siete apartados o capítulos tras la introducción inicial Calvo va a ir analizando sucesivamente:la condición del protagonista de la novela contrastando su figura, con sus similitudes pero también con sus sensibles diferencias con cuantos “picaros” iban a sucederle en las letras hispanas; el origen del propio género picaresco -que él califica como subgénero- subrayando como la aparición del “Lazarillo” marcaría el inicio de un tipo de novela donde “los desheredados del mundo alcanzan por primera vez un papel de estrellato literario”; el repaso a las principales incógnitasde la obra y los subsiguientes debates sobre ellos; el relativo toledanismo de sus páginas; las propias características urbanas de la ciudad donde mayoritariamente se enmarcan las andanzas de su protagonista, la Toledo de comienzos del siglo XVI; esos escenarios toledanos de la acción de la novela y, finalmente, su personal pesquisa de la identidad de su autor.

Candidato a candidato

Calvo inicia esa pesquisa revisando de entre tantas hipótesis propuestas a lo largo del tiempo a la autoría de la novela -más de una veintena, alguna, por cierto, asaz pintoresca- las a su juicio más fundamentadas, las de Fray Juan de Ortega, Diego Hurtado de Mendoza, Lope de Rueda, Sebastián de Orozco y Alfonso de Valdés, a las que añade la por el sustentada, la de Juan de Valdés, revisando con detenimientos las razones aducidas por sus proponentes y analizando sus pros y sus contras mediante precisiones tanto documentales como cronológicas, lingüísticas y estilísticas en un proceso que le lleva, cual a la profesora Navarro Durán,  hasta los hermanos Valdés, Alfonso y Juan, para sin embargo, tras cuidarse de precisar cómo “más allá del debate filológico, es un hecho que los hermanos Valdés cumplen a la perfección con los requisitos de tiempo y de lugar para constituirse en serios aspirantes a la titularidad del Lazarillo”, inclinarse, en contra de la antes aludida postura de esa investigadora, a considerar que a quien habría que atribuir esa autoría sería al segundo de ellos, a Juan, al autor del “Diálogo de la lengua”. 

Una identidad que ya quedó dicho que Mariano Calvo indica que habría que atribuir a Juan de Valdés en opinión que apoya mediante argumentos que van desde la consideración de que el propio título de la obra escondería un elaborado acróstico escondido en los dos escandidos endecasílabos que lo conforman como un dístico en cuyos extremos se leen dos ternas de letras: “LAV” / “DES” = “VALDÉS” -un acróstico también analizado en su día por Navarro- hasta el análisis de lo que denomina “el sentido profundo de la obra”, pasando por el repaso a la propia biografía de Juan de Valdés y dentro de ella a su relación con el duque de Escalona yal posible momento temporal de la redacción de la novela durante la estancia de ambos hermanos en Toledo, en un detenido estudio que incluye asimismo la condición inicial epistolar del texto lazarillescoaunque para su publicación sus editores lo fragmentaran para adaptarlo, con sus siete tratados, a un formato de novela convencional, y, un punto también esencial en su argumentación en favor de Juan de Valdés, el repaso -cual anteriormente quedó indicado- a los editores de los que se ha hablado al respecto de su aparición: Miguel de Eguía, del que afirma que nunca llegó a emprender su publicación, Juan de Brocar, que sería el responsable de los expurgos que luego darían lugar a lo que se conoce como “interpolaciones de Alcalá” y Atanasio Salcedo que acometió la segunda edición aumentándola con los textos expurgados por su antecesor. También entra en el debate tanto sobre la fecha probable de su redacción como la de la primera aparición de la obra.

Una interesante aportación

Todo ello lleva a Calvo, en una más que interesante y documentada aportación al plural debate de la autoría de la novela, a defender su propuesta de Juan de Valdés como su autor único “tomando en consideración no sólo los aspectos filológicos sino especialmente el marco contextual y los datos de su biografía, ajustados, como los de ningún otro candidato con el perfil del autor anónimo”. Eso sí, antes de dar ya paso, concluida su argumentación, a la propia obra para la que ha escogido un texto que toma como referencia las cuatro primeras ediciones conocidas -las de Burgos, Alcalá, Amberes y Medida del Campo- y que, como norma general, actualiza la puntuación y la ortografía en aras a una mejor comprensión por el lector moderno, se cuida, prudente, de puntualizar: “Aun declarando nuestra opinión favorable a la autoría de Juan de Valdés, hemos de admitir que sigue faltando esa prueba concluyente que proporcione certidumbre por encima de toda discusión”,quedando no obstante en la confianza de que “la perseverante labor de los investigadores, sumada a la contribución de las nuevas tecnologías, auguran resultados positivos en un futuro más bien cercano”. Una afirmación que, entrando a su vez en el juego literario, le hace dejar también negro sobre blanco que sin embargo, en tanto que su autoría siga siendo un misterio, ello tampoco le viene nada mal al libro ya que “ya se sabe que el misterio en el arte es con frecuencia un factor que suma más que resta”. El volumen, publicado, cual se ya se señaló, por Almud, cuenta con la aportación de Mari Luz González Canales en la documentación y la bibliografía y como prólogo icónico a la propia obrareproduce diversas portadasde sus distintas ediciones, a la par que incluye, al hilo ya del propio texto,encabezando cada uno de los Tratados que lo conforman, una serie de ilustraciones del acuarelista, dibujante, grabador, escritor y coleccionista francés Maurice Leloir.

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9 de marzo de 2021 - 10:33 h

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