De tener “miedo” al feminismo, a ser voz de un movimiento por la igualdad

A los 60 años, Rosario Alises se declara como feminista sin dudar en ningún momento. Pero no siempre fue así, declara la doctora que ha sido también parte de las fundadoras de la asociación Feministas de Pueblo. Su trayectoria como feminista empezó “muy tarde” en su vida, asegura, pero no lamenta. “Me ha pasado como a cantidad de mujeres que conozco en el pueblo (Villarrubia de los Ojos), sobre todo. Toda mi vida he tenido la sensación de que había cosas que me molestaban de cómo estaba estructurada la sociedad”, asegura.

En particular, de los “papeles diferenciados” que existía entre chicas y chicos. “Me molestaban los privilegios que tenían mis hermanos, privilegios de los que yo no gozaba”, afirma. En 2011 y gracias a la eclosión del 15M se dio cuenta de que las sensaciones que había tenido toda su vida “podían tener un nombre y podían ser explicadas”: el feminismo. “Conocí a compañeras que me recomendaron lecturas, que me ayudaron a ponerle un nombre a esos malestares”, recuerda.

“Yo, que siempre tuve esa sensación de desigualdad, de privilegios que yo no tenía y no sabía explicar, entonces supe que se podía combatir con el feminismo. Por eso, empecé a formarme”, asegura. Y es que, además, era consciente de que no era la única a la que le pasaba. “Le pasa a muchas mujeres de mi edad. En el fondo somos feministas y comulgamos, estamos de acuerdo con lo que dice el feminismo, pero tenía miedo”, explica.

¿De dónde viene ese miedo? De las “presiones” que se sienten en el pueblo. Presiones que se sienten “muy cercanas y muy fuertes”. “Nos daba vegüenza declararnos como feministas, pero yo he perdido el miedo. He salido de la ignorancia, y por eso trabajo en el movimiento feminista. Ahora que yo he perdido el miedo, tengo el deber de ayudar a las mujeres que estaban como yo hace quince años. Tengo que prestar mi voz”, aclara, muy resuelta.

No es un proceso sencillo, explica. “La palabra feminismo está demonizada, parece muy radical y no cabía dentro de la moderación en la que nos gusta vivir. Sigo comprobando que hay mujeres y también hombres que tienen miedo de delcararse feministas, porque temen que las pueden tachar de radicales o extravagantes”. Pero la situación es que el feminismo existe, aunque no se hable de él. “Cuando nos sentamos en la cafetería, todas tenemos demandas parecidas”, explica.

Y es que a las mujeres se les sigue adjudicando los papeles de cuidadora, explica. “Como si fuera nuestro deber, sólo por nuestra condición de mujer”, critica. Las mujeres a su alrededor también lamentan que sus opiniones no parecen estar “a la altura” de la de los hombres“, y esto lo achaca al sistema educativo. ”La educación sigue siendo diferente. Los adolescentes tienen distintos valores y definiciones de lo que es la igualdad, y todo esto lo vemos cuando hablamos de manera distendida, con complicidad, sin tener miedo de quien nos pueda escuchar“, señala.

Sin miedo

“Yo ya no tengo miedo. Mi obligación es levantar mi voz por aquellas que no las pueden levantar. Es mi obligación como persona, como mujer”. Pero no sólo por eso, sino que su obligación, también la señala desde su profesión, la de médico. “Me doy cuenta de que existen desigualdades en la asistencia sanitaria y estoy empeñada en divulgar que se conozcan. Por eso, intento introducir la perspectiva de género en mi práctica y que se conozcan estos sesgos. No sólo para mis colegas en la medicina, sino también a nuestros pacientes”, recalca.

De este modo, “todos podemos estar vigilantes” para que no se sigan cometiendo. Esto es también parte del trabajo que realiza con la asociación, la de divulgar conceptos como la del “infradiagnóstico” que ocurre en algunos casos. “Sólo porque hay enfermedades que no se manifiestan igual que la de los hombres, como es el caso de los infartos de miocardio. Están infradiagnosticadas”. Pero, por otro lado, hay otros tratamientos “sobredimensionados”, como es el caso de los psicofármacos, explica, “porque todavía hay sanitarios que consideran que determinadas enfermedades tienen más incidencia en las mujeres”. “Cosas de los nervios”, ironiza.

De la misma manera ha comenzado un trabajo de divulgación de los nombres y papeles que han cumplido distintas mujeres en la historia de su pueblo, Villarrubia de los Ojos. “Me he dado cuenta de que la historia está escrita por y para los hombres.  Lo que busco es el nombre de las mujeres que han hecho historia en mi municipio, mujeres que deberían estar homenajeadas pero que han desaparecido de las crónicas y no son nombradas con la misma relevancia que los hombres”, concluye.