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Música, aire libre y deporte: las recetas de los expertos para combatir el consumo de antidepresivos en Asturias

El consumo de antidepresivos se ha disparado en Asturias.

Bárbara Bécares

Les Arriondes /Uviéu —

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Llegar al médico y salir con una receta que no se compra en la farmacia, sino que viene acompañada de consejos y sugerencias sobre lugares para frecuentar: vete a un centro social, pasa más tiempo con los vecinos y vecinas en un bar, sal al parque. Una consulta que acabe con una prescripción que no venga en cápsulas: vete a bailar, pasa tiempo en comunidad.

No es descabellado. En Asturias ya hay psiquiatras que ponen estas ideas sobre la mesa, como Luis Bastida Ribas, Director del Área de Gestión Clínica de Salud Mental de Arriondas, que relata, con entusiasmo, que esta es “una vieja batalla que mantenemos unos cuantos: la de no medicalizar la vida cotidiana y no tratar todo como si fueran enfermedades”. Son otras recetas para combatir las altas tasas de consumo de antidepresivos que se dan en Asturias, que encabeza las tasas de consumo a nivel nacional.

Bastida Ribas es partidario de evitar, en la medida de lo posible, la receta de antidepresivos y benzodiacepinas… porque afirma que no hay que “apagar el sistema nervioso”. En una conversación de más una hora destinada a comprender qué hay detrás de estas cifras, el doctor acaba dando una clase magistral sobre cómo el cerebro funciona y reacciona ante la vida y los sucesos que afectan a nuestro cuerpo.

Soluciones más allá de la medicación: comunidad

Hablar de ansiedad, de depresión, de qué ansiolítico nos ayuda mejor a dormir… es parte ya de cualquier conversación, mientras en las redes sociales se encuentran publicaciones y vídeos que chorrean consejos. A veces de psicólogos y psicólogas, a veces de quienes se dicen expertos pero solo buscan ‘me gusta’ o potenciales clientes que quieran soluciones milagrosas.

Mientras Asturias destaca por ser la región donde más antidepresivos se consumen, y ElDiario.es Asturias ha recopilado testimonios de mujeres asturianas relatando cómo estos fármacos llegaron a sus manos en una consulta con el médico de cabecera sin ninguna alerta sobre el riesgo adictivo, la aseguradora Ageon mostró en un estudio de otoño de 2025 que Asturias es la tercera Comunidad Autónoma donde más personas se muestran negativas con su salud emocional, hay profesionales sanitarios abogando por buscar el origen de esta “pandemia de tristeza” y soluciones que no vengan en blisters.

“El malestar que sentimos como personas es simplemente una reacción normal del organismo. No hay que dar tratamiento siempre. Si aparece la ansiedad en momentos de estrés grave es que el organismo funciona correctamente. Cuando nos pasan cosas negativas, lo normal es estar de bajón. Es natural. Quiere decir que los sistemas de alarma funcionan”, explica Bastida Ribas.

Por su parte, Estefanía del Barrio-Herguedas, psicóloga sanitaria y creadora de la clínica Psicología en Armonía, añade otro punto esencial: “No podemos seguir responsabilizando de forma individual a un malestar que es colectivo”, y subraya la importancia de equilibrar las respuestas al malestar emocional dentro de la comunidad. Una medicación puede ir acompañada de acceso a atención psicológica pública y, sobre todo, de intervenciones tempranas, preventivas y grupales, porque la vida en comunidad es clave para aliviar este malestar común.

“Es fundamental trabajar sobre los factores contextuales que sostienen el malestar, como la soledad, la sobrecarga en el trabajo o en los cuidados, y la falta de redes de apoyo, y ofrecer acompañamiento profesional a quienes desean retirar la medicación de forma segura”, explica tajante del Barrio-Herguedas.

Comprendiendo la ansiedad

Luis Bastida Ribas explica que la ansiedad es un mecanismo de alarma del cuerpo. “Los vertebrados tenemos sistemas de alarma que producen efectos desagradables. Este malestar se convierte en un ruido molesto que queremos apagar rápidamente. Sin embargo, son mecanismos que indican que algo no va bien. Muchas veces los pacientes quieren ansiolíticos que apagan esa alarma, pero lo que se logra es esconder los problemas y dejar de buscar soluciones alternativas”.

El psiquiatra sabe que a veces es necesario medicarse, “sobre todo si ese ruido es muy ensordecedor, pero no hay que desconectarlo por sistema”. Para entender mejor cómo funcionan los ansiolíticos, Bastida Ribas explica que “son como un analgésico de las emociones. Funcionan como un freno del cerebro: inhiben el sistema nervioso, afectando al receptor GABA, un neurotransmisor utilizado por las neuronas para comunicarse entre sí”.

El psiquiatra Luis Bastida.

Si eso sucede, el cuerpo genera un contrapeso. De este modo, se activa el sistema nervioso central para tender al equilibrio. Y añade: “Si quitas el tratamiento de golpe, ese acelerador tampoco se va de golpe y aparece el síndrome de abstinencia. Es importante no prolongar los tratamientos y retirarlos de forma gradual”.

Una receta que sale del médico de cabecera

En otro reportaje publicado en ElDiario.Asturias, diferentes personas relataron cómo comenzaron a consumir benzodiacepinas y antidepresivos gracias a una receta del médico de cabecera, sin recibir información sobre su potencial adictivo. Esto no es común en muchos otros lugares de España.

Bastida Ribas recuerda que el día a día del personal médico es complicado: en muchos casos se alargan los tratamientos porque los médicos de cabecera tienen solo seis o siete minutos por paciente. Si no se revisa cada caso, es imposible detener los tratamientos fácilmente mientras pasan los meses.

“Nuestro sector necesita más personal, que los médicos se apoyen en enfermería y puedan dedicar más tiempo en la primera consulta para explicar cómo funcionan estos tratamientos. No podemos demonizar a los médicos. Ahora mismo tengo a cinco compañeros de baja. Los pacientes llegan con malestar y piden soluciones, y acabamos claudicando”, señala el experto.

El psiquiatra reconoce que muchas veces los pacientes no reciben alertas sobre la adicción que generan los ansiolíticos. “En países como Alemania, se ha llegado a encarcelar a médicos por prescribir fármacos adictivos sin avisar. Conocemos muchísimos casos en los que las personas no fueron informadas sobre los riesgos o el síndrome de abstinencia”.

Además, Bastida Ribas señala que la toma crónica de antidepresivos o benzodiacepinas tiene otros problemas: afecta cognitivamente, reduce la atención y, en la vejez, aumenta el riesgo de caídas y problemas de cadera, afectando la calidad de vida.

Las causas de tanto malestar

“Hay más malestar en la sociedad porque hemos cambiado mucho la forma de vivir. Más personas necesitan ansiolíticos, pero no es un problema individual, sino global. Estar mal es natural”, explica Bastida Ribas.

Estefanía del Barrio-Herguedas recuerda que “Asturias presenta altas tasas de depresión y suicidio, y los principales factores incluyen una población envejecida, altos niveles de soledad, duelos acumulados y malestares emocionales sostenidos en el tiempo. También influye la crisis socioeconómica heredada de décadas: la reconversión minera e industrial dejó desempleo, inseguridad laboral y pérdida de identidad laboral, provocando vacío y desesperanza”.

Añade que la cultura del aguante y la autosuficiencia hace que muchas personas pidan ayuda psicológica cuando el malestar ya está muy cronificado, y que la ingesta elevada de alcohol y drogas, junto con la sobrecarga de la atención primaria, agrava la situación.

El psiquiatra recuerda que tradicionalmente en Asturias existían las plañideras en los entierros, un espacio natural para compartir tristeza. “En la vida actual nos cuesta aceptar el malestar, propio y ajeno”.

No demonizar los fármacos, pero no son solución única

“No es cuestión de demonizar los fármacos, sino de cómo se usan. Como médicos, es nuestra obligación explicar los efectos secundarios graves y frecuentes. La adicción a ansiolíticos puede generarse en solo tres meses. Si estos fármacos fueran tan efectivos, no habría suicidios, urgencias ni otros problemas psicológicos”, explica Bastida Ribas.

Hace años, la publicidad del Prozac decía que era “eficaz, rápido y bien tolerado”, pero en la práctica puede generar problemas hormonales, adicciones, aumento de peso y embotamiento emocional, incluso ideas suicidas o trastornos bipolares.

La psicóloga Estefanía del Barrio-Herguedas.

Estefanía del Barrio-Herguedas recuerda que los psicofármacos por sí solos solo silencian los síntomas sin trabajar sobre las causas. “Si el contexto de la persona sigue igual, necesitará dosis más altas. Esto es un fracaso como sociedad: se individualiza el malestar psicológico y se medicaliza en lugar de revisar qué falla en la comunidad”.

Socializar y deporte, menos cajas de pastillas

“Muchos estudios han demostrado que el ejercicio físico y la vida social son grandes aliados. Pero convencer a alguien en consulta de ir a la piscina, al gimnasio o al monte requiere esfuerzo. Muchos buscan soluciones rápidas en lugar de replantearse hábitos cotidianos”, explica Bastida Ribas.

Por ejemplo, usar el móvil antes de dormir empeora el sueño, porque la glándula pineal recibe luz y no induce correctamente la melatonina. Además, aunque el deporte y la actividad social ayudan, la falta de tiempo y espacios adecuados limita el bienestar: “Hace falta desconectar, hablar, compartir emociones”.

Bastida Ribas y la psicóloga coinciden: “Las sociedades individualistas van contra el bienestar natural. El baile, por ejemplo, es social y exige concentración: cuando bailamos y nos divertimos, es difícil pensar en los problemas del día a día”.

La inversión de Asturias en sanidad

Asturias invierte más por persona en sanidad, pero, según Bastida Ribas, “falta prevención y refuerzo de la atención primaria. Los médicos tienen demasiados pacientes y poco tiempo por consulta, con bajas y jubilaciones sin cubrir”.

Faltan cambios estructurales: el proceso médico está ritualizado y acaba en prescripción. Culturalmente, las pastillas están muy integradas como solución, pero la prevención y la vida en comunidad son esenciales para un bienestar real.

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