Arquitectura de vanguardia en la España Vaciada para frenar la despoblación: Castromonte y su piscina 'multifunción'

Piscinas de Castromonte (Valladolid)

Los Montes Torozos vallisoletanos guardan una curiosa 'joya' de la arquitectura contemporánea. En el municipio de Castromonte tienen piscina, como en otros tantos, pero la suya no es una cualquiera. Los vecinos tienen en esta instalación además un ágora -una plaza de pueblo de las de toda la vida-, porque lo cierto es que, desde su inauguración en 2021, no solo sirve para darse un refrescante baño en el seco calor de la meseta.

Es un proyecto del pueblo para el pueblo. Es decir, se ha construido gracias a los remanentes que producen los aerogeneradores instalados en el municipio, con un proyecto de 425.000 euros, que busca crear un punto de encuentro para los castromontinos y, que, además, ha empleado, en su inmensa mayoría, materiales sacados del propio pueblo. Todo lo que es un ejemplo de economía circular, aunque, como ha indicado el arquitecto de estas singulares piscinas, Óscar Miguel Ares : “ya es algo que se lleva haciendo en los pueblos toda la vida”.

Precisamente, este aspecto llama la atención al pasar por sus muros; da la sensación de que lleva allí desde hace mucho tiempo. Las piedras son de derribos de tapias cercanas y el único elemento que hace pensar que aquello tiene trampa es su singular cubierta.

Este edificio ecléctico combina el tipo de construcción local con los principios arquitectónicos más universales. Es por eso que le ha valido halagos en certámenes importantes como la Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo, el premio internacional de Arquitecture Masterpize 2021, en Los Ángeles; o el primer premio en la categoría de obra nueva en los Premios de Arquitectura de Castilla y León de este año.

Todo estos reconocimientos son gracias a la combinación de evocar los recuerdos y sentimientos con una arquitectura vanguardista en unas piscinas comunitarias en un pueblo con poco más de 300 habitantes censados, recalca el arquitecto responsable del proyecto.

¿Qué por qué este tipo de obras en medio de la España rural? Ares tiene una respuesta: “Llega un momento en el que hay que pensar en la población que vive en estas zonas y solo quieren servicios. En este caso ha sido una piscina, pero que por su concepción podría haberse llamado de múltiples formas”.

Lo cierto es que el trabajo de Ares y su estudio está plantado en su mayoría en esa España rural, en concreto en un entorno de “unos 44 kilómetros” en la provincia de Valladolid, comenta el arquitecto. Esto supone para él, no solo orgullo, su seña de identidad y forma de apuntalar a la España Vacía -término que prefiere a Vaciada al entender que “siempre ha sido así-”. “Nos hemos acostumbrados a pensar que el campo es el patio trasero de la ciudad, que parece que es a lo que está destinado. Que hay que colocar aerogeneradores, nadie protesta. Que queremos colocar placas fotovoltaicas, las colocamos allí donde nadie protesta. ¿Macrogranjas? También ¡Basta ya!”, ha reclamado.

Es por eso que, apelando a sus colegas de profesión, ha apuntado a fijarse en estos lugares escondidos y sus proyectos como forma de mejorar la vida de estas comarcas. “En España se hace muy buena arquitectura, pero debemos volver los ojos a estas zonas menos densas de población que permite hacer posible otro tipo de arquitectura. Solo reclamo que se nos haga un poco más de caso”.

Luchar contra la despoblación

Con este centro de reunión se busca luchar contra la despoblación y dar alicientes a propios, familiares y foráneos a visitar la comarca de los Montes Torozos. La obra es solo una más de las que se han realizado en Castromonte, ya que desde hace más de una década la llegada de los molinos dejó en las arcas municipales un dinero que ha permitido ir acometiendo inversiones, siendo las piscinas las últimas instalaciones en abrir.

Al frente de estos proyectos para dar una lavado de cara al pueblo está su alcalde, Heliodoro de la Iglesia, quien más que regidor prefiere que se le considere “gestor”, puesto que considera que en un municipio tan pequeño la política pierde el sentido y busca lo mejor para sus vecinos.

De la Iglesia comenta que con ese dinero que la tesorería del Ayuntamiento -que antes de su llegada hace años se encontraba “a tipo fijo” en una cuenta bancaria- se han hecho cosas importantes: sacar el tráfico del pueblo con una circunvalación, arreglar la iglesia, crear un centro para la tercera edad con todo tipo de servicios, las piscinas-centro social y, en construcción, una casa de comidas destinada a aquellos habitantes que necesitan, por su situación, que se les haga la comida. Es decir, en Castromonte se mima a sus vecinos con medidas destinadas al bienestar de su población.

Y aquí surge la parte crítica del alcalde. Debido a su situación ‘privilegiada’, que permite que el dinero de los aerogeneradores se pueda invertir, además de saberse al dedillo la legislación actual de la regla de fasto -que como ha apuntado De la Iglesia, al ya no estar tan “coartados”-, se pueden permitir este tipo de inversiones ya que no cuentan apenas con ayudas de otras administraciones. 

Pero no solo se ve la falta de apoyo en nivel de servicios o infraestructuras, también en actividades culturales. Según el regidor, “más allá de mercados medievales, belenes o Semana Santa” cuesta conseguir la implicación de otras instituciones. En el caso de Castromonte han sacado adelante el festival de cine Lazos, cuyo apartado competitivo recibió 410 cintas, de las cuales se seleccionaron nueve,  con el objetivo de reivindicar la cultura desde la llamada ‘España vaciada’, que se aleja de los circuitos convencionales para llevar la creatividad y el arte a poblaciones de pequeño tamaño y el entorno rural. Y como no podía ser de otra forma, las piscinas se convirtieron en el gran cine de esta muestra.

Proceso de construcción

Las piscinas en los pueblos suelen ser claramente identificables pero esto se complica en una primera instancia porque no es como otro tipo de instalaciones. Su concepción es lo que hace que sea así, ya que más que refrescar, “se entiende que es un punto de reunión social para que tenga más vidas”, ha aclarado Ares. Es decir, como ha asegurado el alcalde, la idea es poder compaginar actividades propias del pueblo, como el festival de cine, grandes comidas y que se permita la socialización. “Las piscinas no son como otras, que llegan las 20.00 horas y te tienes que ir a casa, aquí te puedes quedar más allá porque hay actividades”.

Un proyecto como este ha colocado en el mapa de la arquitectura a Castromonte gracias a su concepto: “El edificio tiene dos realidades constructivas -el muro de piedra y la cubierta por otro lado- todo está hecho con materiales locales y próximos. Da la sensación que lleva toda la vida”, ha explicado su creador.

Nada más lejos de la realidad, ya que en el solar, antes de esta construcción, se encontraba un cerramiento de piedra el cual ha sido reutilizado en la nueva edificación. Y en caso de necesitar material, como ha relatado Ares, “había más a unos 200 metros de allí como mucho”.

En la fórmula de las piscinas de Castromonte también se ha añadido la voz de la experiencia ya que, además de piedra de derribos, se han aplicado técnicas tradicionales y se han recuperado oficios en desuso gracias a la implicación de vecinos que han trabajado en la construcción.

En este formato, como ha comentado Ares, se ha escuchado a los más veteranos y “se han dejado guiar” en cuestiones tan particulares como en la correcta colocación de las piedras, así como la selección de las mismas y también la integración de otros elementos, como los soportes y vigas, para acabar “confundiendo el color” y evocar ese sentimiento de añejo que da la edificación en sí.

La reutilización ha sido la clave pero también se ha dotado de un carácter evocador al edificio. La cubierta, único elemento de fabricación traído de más lejos -es decir, desde Aranda de Duero, a unos 135 kilómetros- es ese otro punto al que se van las miradas. Es un techo pero no está unido de forma uniforme, dejando que entre la luz y se proyecten sombras. Todo ello, en palabras del arquitecto, para “crear un juego de sombras que permita devolvernos a los veranos de la infancia”.

El caso de esta piscina -que “se podría haber llamado de cualquier otra forma”, según Ares-, cuenta con la aceptación de todo el pueblo, como ha expresado tanto el alcalde como el creador de las instalaciones. Como anécdota que resume este sentir, -y “por lo que te sientes contento con el trabajo”-, el arquitecto ha comentado la reacción de los vecinos en un grupo de Facebook ante las críticas de un usuario por “ser un gasto inútil de dinero”. Ellos defendieron el edificio “todos a una”. “Esto nos ha supuesto la vida”, decía uno. “Tenemos un sitio donde reunirnos”, apostillaba otro. Y quizás el más importante: “Hemos conseguido que vuelvan nuestro nietos y la gente se vuelva a interesar por Castromonte”.

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