El Toro de la Vega concluye sin incidentes y sin lanzadas tras el veto de la Justicia: “Esto ya no es lo que era”

El toro "Manjar" persigue a un participante durante la celebración de la festividad del Toro de la Vega en Tordesillas, este martes. EFE/ R. García

“Otros años esta zona estaba que no podías pasar desde las cuatro de la mañana”. Así se expresa Carlos, uno de los jóvenes de Tordesillas que guardaba desde primera hora de la mañana de este martes el comienzo de una de las fiestas más polémicas de toda España, el Toro de la Vega. La localidad vive una nueva edición del evento sin muerte y sin lanzas, tras la decisión judicial de suspender cautelarmente la autorización del Gobierno autonómico, como resultado de una denuncia interpuesta por el partido animalista PACMA. Esa autorización autonómica, vetada por los jueces, consistía en un encierro “mixto”, en el que se permitía clavarle al toro unas divisas mediante arpones, pero sin provocarle la muerte. Finalmente el encierro se ha celebrado sin herir de ningún modo al toro.

Algunos en Tordesillas viven con desazón los cambios de formato. La expectación de años atrás se ha tornado en una espera tranquila, sin excesivas multitudes ni algarabías como este martes. “Esto ya no es lo que era”, se queja otro joven del pueblo, “antes estaba todo lleno, esta no es nuestra tradición”.

La prohibición cautelar de la Justicia del nuevo tipo de festejo no es uno de los temas más comentados por las calles de la villa al comenzar el encierro. “Hay cura nuevo”, señalan varios veteranos mientras esperan a que empiece. Aunque sin las afluencias pasadas, poco a poco se ha ido llenando el recorrido.

El Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León suspendió el pasado día 9 de septiembre cautelarmente el nuevo reglamento del Toro de la Vega, por considerar que el daño que le ocasionarían los 50 lanceros al toro es “irreparable”. El exvicepresidente de Castilla y León, el popular José Antonio de Santiago Juárez, consideraba que la propuesta aprobada por el Gobierno de PP y Vox no cumplía la normativa establecida en 2019, al igual que el líder del PSOE, Luis Tudanca, que ha pedido respeto a la ley la celebración del encierro sin maltrato al animal.

Hasta hace unas semanas el festejo taurino se había intentado reinventar abandonando el alanceamiento que daba muerte a la res hacia un formato en el que se le clavan divisas (un arpón con una punta similar a las banderillas). En teoría, el Ayuntamiento de Tordesillas se adaptaba a la normativa de la Junta de Castilla y León para no dar muerte en público en este tipo de evento al astado. Pero los tribunales suspendieron esta modalidad y ahora evaluarán si cumple con el concepto de maltrato animal, prohibido en la comunidad en estos festejos.

“Un trato digno y respetuoso al toro”

El Ayuntamiento de Tordesillas, en manos del Partido Popular, ha defendido en todo momento que la ordenanza que aprobó estaba adaptada a la nueva norma del Gobierno autonómico, y que en su propuesta de clavar lanzas con divisas “se da un trato digno y respetuoso al toro y el torneo está exento de crueldad, ya que el alfiler que se le podría colocar al animal no excederá los 3 cm”. Además, argumentaba que la suspensión del Toro de la Vega causaría “un perjuicio irreparable” para los vecinos, aficionados y negocios “que esperan una gran cantidad de afluencia de visitantes” y al propio Ayuntamiento, que ha destinado “una gran cantidad de recursos económicos y humanos” al evento.

El PACMA, redoblando la batalla judicial, ha denunciado este mismo martes el encierro, alegando que la solicitud se presentó tan solo unas horas antes, cuando señalan que debe hacerse con 10 días de antelación, por lo que entienden que su celebración podría haber sido ilegal.

Un cohete, conocido como 'Bomba Real', ha dado el pistoletazo de salida al encierro, que empezó puntual, a las 11 de la mañana. El toro –bautizado como Manjar– ha completado el recorrido tradicional desde la calle San Antolín hasta un pinar, conocido como paraje de Zapardiel. Cientos de personas, la mayoría meros espectadores, han participado en el encierro. Un número inferior, reconocían los habituales, a las multitudes que se concentraban algunos años.

En la primera fase de la carrera, Manjar ha bajado desde la villa hasta el puente del río Duero, pasando al campo abierto, donde ha quedado a merced de los caballos y sus jinetes. Aquí es donde antiguamente se hería al animal hasta su muerte, práctica prohibida ahora por la Justicia.

Algunos vecinos de la localidad insistían en su disconformidad con los cambios: “Tordesillas lo que quiere es que vuelva el Toro de la Vega, el de toda la vida. La gente se piensa que no hay normas, pero no es así. Al toro hay que enfrentarse de frente, no le puede herir entre pinos y tiene que estar en un espacio abierto. Además, hay que correr en el pinar, donde el suelo es de arena y apenas puedes moverte. Es como correr en la playa”.

Muchos tordesillanos entienden que su festejo tradicional solo es otro espectáculo taurino más y se preguntan que “por qué, puestos a prohibir esto, no prohíben también las corridas, porque se supone que sufren igual. Lo que pasa aquí es que hay presiones”. “Prohíben esto nuevo, que es con un gancho, como una banderilla”, zanjan.

Lo cierto que para la fórmula híbrida de este año, suspendida cautelarmente, no se había inscrito ningún participante. “Había uno, pero se desapuntó por presiones. Lo que la gente quiere es que vuelva el formato tradicional, pero me da a mí que no lo vamos a ver”, explica otro espectador.

Con poco más de una hora de duración el encierro del Toro de la Vega de 2022 ha finalizado con la vuelta del animal a los corrales. Un año más sin muerte del astado en la vega del Río Duero, pero con la temperatura por su polémica celebración por todo lo alto y pendiente, una vez más, de lo que decidan los tribunales. En cualquier caso, el final de Manjar pasará por el matadero, donde será sacrificado tal y como dicta la ley de Castilla y León. Con el viejo formato, precisan con sonrisa sarcástica otros participantes en el encierro, cabía la posibilidad de que fuese indultado, siempre que el animal sobreviviese a las lanzadas.

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