Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
La guerra de Irán amenaza la recuperación de poder adquisitivo
¿Qué esconden las cuentas de Vox?
'La izquierda haciendo política fiscal de derechas', por Antonio Maestre
Entrevista

Oriol Mitjà, epidemiólogo: “Se puede estar al lado de alguien con depresión sin juzgar”

La figura de Mitjà se popularizó durante la pandemia

Juanjo Villalba

Barcelona —
21 de marzo de 2026 21:47 h

2

El investigador médico Oriol Mitjà lleva años dedicado a combatir enfermedades infecciosas en algunos de los contextos más vulnerables del mundo. Su trayectoria le ha situado en primera línea científica a nivel global y también en el foco mediático, especialmente durante las semanas más complejas de la pandemia. Ahora ha decidido dar un paso distinto y mucho más personal.

En su nuevo libro Donde nace la luz (Temas de hoy), en catalán On neix la llum (Columna), el infectólogo abandona el lenguaje científico para narrar en primera persona su experiencia con la depresión. En el libro relata su propia historia y pone palabras a algunos de los momentos más difíciles de su vida, al tiempo que abre un espacio a la esperanza y comparte los mecanismos que le han ayudado a atravesarlos.

Lejos de plantearse como un manual o un libro de autoayuda, el texto se acerca a la enfermedad desde la honestidad y la vulnerabilidad. Mitjà describe episodios depresivos, comportamientos destructivos, recaídas y aprendizajes con la intención de acompañar a quienes puedan sentirse identificados y de contribuir a desmontar el estigma que todavía rodea a la depresión.

Su libro me parece especialmente admirable porque no resulta muy habitual que las personas conocidas decidan abrirse sobre sus problemas de salud mental.

En general, siempre ha habido un poco de incomprensión y estigma en torno a la salud mental. Tanto entre las personas conocidas como entre las desconocidas. Nadie se atrevía mucho a hablar de este tema. Ahora cada vez hay más personas que lo explican, pero en lo más profundo de la sociedad todavía existe el concepto de que las personas con depresión son personas frágiles y en las que no se puede confiar.

A mí me ha tocado vivirlo. ¡Ojalá no hubiera sido así! La depresión es muy solitaria, cuando la estás sufriendo sientes que los demás no pueden llegar a entender qué es lo que estás sintiendo. Quise poner palabras que describieran con detalle todas estas emociones con el único objetivo de ayudar y acompañar a las personas que puedan sentir lo mismo.

¿Qué parte del libro le ha costado más escribir?

Varias y hay alguna que todavía no he podido digerir y que, por vergüenza, no he podido incluir. Quizá lo que más nos avergüenza son los comportamientos que no son bien vistos socialmente. En mi caso, cuando cuento que utilicé el alcohol para calmar la ansiedad o el vómito para calmar la culpa por haber comido, o cuando explico abiertamente que buscaba el prestigio y la fama. Contar que uno está triste se puede llegar a entender. Otras conductas no tanto.

¿Le preocupa que este libro cambie la forma en la que otros profesionales de su campo le perciben?

Sí, bastante. Si en el futuro me quiero presentar a una oposición, puede haber tribunales que prioricen perfiles con un liderazgo más fuerte o autoritario. Mi personalidad es más empática, a veces más frágil.

Esta mañana me he encontrado que un par de personas en redes sociales cuestionaban si estuvo bien que yo estuviera tomando decisiones acerca de la salud de la población durante el COVID. Decían que quizá una persona enferma no tendría que ser la encargada de estar en posiciones de responsabilidad. Y eso resulta doloroso.

Creo que parten de un prejuicio y que alguna cosa de mí no les gustó, alguna de mis recomendaciones, como por ejemplo la vacunación, llevar la mascarilla o quedarnos en casa aislados. Pero eran recomendaciones que provenían de los organismos internacionales y que cuando yo las recomendaba como profesional mi vida emocional estaba aparte. Y mi bagaje profesional me acreditaba para poder hacerlo.

Hoy en día, con las redes sociales, tendemos a pensar que la vida de los demás es perfecta.

Cuando estás sufriendo depresión te sientes tan triste que tienes la sensación de que tu vida va a ser siempre penosa y que nunca volverás a ser feliz. Sientes envidia de quien está alegre.

Las redes sociales son otro mecanismo de presión. Perseguimos pequeños logros que nos dan alegrías transitorias pero que pronto se disipan y tenemos que buscar otra fuente de ilusión. En mi caso podía ser un premio o un reconocimiento. En las redes sociales se trata de subir una foto de un fin de semana increíble o conseguir muchos “me gusta”.

El estigma de la depresión nace de la incomprensión

¿Por qué cree que, a pesar de ser tan común, la depresión sigue siendo un tema tabú?

Lo primero es que muchas personas no comprenden aún qué es la depresión. No es una tristeza pasajera, es algo mucho más profundo. Hay desgaste físico, un vacío motivacional absoluto. No quieres hacer nada, la vida deja de tener sentido.

Para quien no la ha sufrido es prácticamente incomprensible. Muchas veces se confunde con pereza o falta de voluntad. Desde esa incomprensión es natural que haya estigma. El estigma de la depresión nace de la incomprensión.

En su opinión, ¿cómo se puede ayudar a una persona que sufre depresión?

Lo que más ayuda es que te legitimen, que te digan que tienes derecho a sentirte así, que lo que estás sintiendo es real. No hace falta comprender todo lo que pasa por tu cabeza porque muchas veces ni tú mismo lo entiendes. Se puede estar al lado sin juzgar, sin presionar, para acompañar, para sostenerte cuando tú tienes tan pocas fuerzas que no puedes hacerlo.

También es importante entender que el cuidador necesita ser cuidado. Puede sentir rabia, frustración, desgaste. Le ha tocado vivir eso y es muy duro. Y puede también necesitar un descanso. Todo eso también es muy importante reconocerlo.

Las recaídas ocupan un lugar importante en el libro y parecen especialmente terribles.

Hay personas que solo tienen un episodio de depresión y otras, yo diría que la mayoría, tienen recaídas. Y lo más complicado es que no sabes cuándo vas a volver a caer.

Vives con el miedo de que cualquier factor pueda desencadenar de nuevo un episodio depresivo. Eso cambia mucho tu forma de vivir. Intentas cuidar a toda costa tus horas de sueño, no bebes, no comes comidas que te puedan sentar mal… Imagínate qué detalles más tontos, pero intentar controlarlo todo para evitar la recaída. No obstante, si la recaída llega, es dolorosísima y a veces ni te das cuenta de que estás cayendo de nuevo.

El perfeccionismo ha sido un motivo de tormento en su vida. ¿Diría que su autoexigencia le ha dado más de lo que le ha quitado… o al revés?

Me ha traído cosas buenas, pero no me ha llegado a compensar. Tal vez el haber sufrido rechazo durante la infancia y cierta falta de protección provocó que mi forma de buscar el aprecio de los demás fuera siendo muy perfecto para demostrar que sí que tenía algún valor, que podía hacer algo.

A base de esfuerzo lo logré, soy un médico investigador reconocido, con muchas publicaciones a nivel internacional, presente en muchos comités, pero de repente te das cuenta de que eso realmente te llena de forma muy transitoria y que ya no merece la pena y que igual los momentos de felicidad los has encontrado cuando no eras tan perfecto, cuando simplemente podías ser quien tú eras, sin necesidad de estar demostrando nada a los demás.

En el libro relata cómo a lo largo de los años ha ido recurriendo a diferentes tipos de terapia y técnicas para ayudarle a salir de la depresión. ¿En qué diría que le ha aportado cada una de ellas?

El psicoanálisis mira hacia atrás, a cuáles son tus cicatrices, y te permite entender por qué hoy estás interpretando las cosas basándote en lo que ya viviste en el pasado. La terapia cognitivo-conductual, que es la más aceptada en nuestra sociedad, mira hacia adelante. El mindfulness y la meditación miran al momento presente, a ese milisegundo que está entre el pasado y el futuro.

Estas dos técnicas te hacen parar por un momento y preguntarte: ¿qué es lo que está ocurriendo ahora mismo? ¿Qué pensamientos y emociones se están generando? ¿Por qué estás interpretando la situación de esta manera?

Lo que haces con la meditación o el mindfulness es decirle al yo más primitivo, que es la respuesta límbica o de la amígdala, 'espera un momento, que hay una corteza consciente que sabe qué es lo que más me conviene para estar bien conmigo mismo a la larga, no ahora con una respuesta inmediata'.

Estar bien es no tener que demostrar que soy más o mejor

Dedica mucho espacio en el libro a hablar de la importancia de la familia y también de su pareja para sobrellevar la depresión, pero también hay espacio para los animales, en especial para los perros. ¿De qué forma le han ayudado a estar mejor?

Con los perros siento una conexión muy grande. De niño siempre estaba con nuestro perro. Siento que no me juzgan, que me aceptan tal como soy y que su mirada es limpia. Con ellos tengo una relación de cuidado mutuo, yo entiendo su vulnerabilidad y ellos la mía. No sé si puede sonarle tonto a algunas personas, pero para mí es así.

Habla de la aceptación como una fuente de tranquilidad en su proceso.

Estoy convencido de que en la vida no siempre tienes que estar luchando. Hay cosas que no puedes cambiar, aunque muchas otras sí. Pero la vida es imperfecta e indómita y no necesitas controlarla constantemente.

En el libro, cuento una experiencia preciosa que tuve en Tailandia. Allí son budistas y tienen un nivel de aceptación enorme. Saben que la vida viene como viene y lo asumen. El recepcionista de un hotel tailandés en el que estuve, ate cualquier contratiempo siempre decía “todo está bien, todo está bien”. Su actitud me ha inspirado mucho. La aceptación se basa en apagar los “deberías”: debería ser mejor o debería sentirme feliz. Hay que aceptar la imperfección. Luchar contra la vida es imposible.

¿Qué significa hoy para usted estar bien?

Para mí estar bien significa no tenerme que preocupar por demostrar que soy más o mejor, dejar de perseguir el éxito y estar tranquilo en un sitio apacible en un lugar seguro, en la naturaleza y con alguien que no me juzgue, ya sea un animal o una persona.

Poder reconocer que algo bueno me está pasando, una buena conversación, una presentación, encontrarme con un perro, la gratitud por un favor, un cariño que me ha hecho alguien, la belleza de algo fugaz… Darte cuenta, en definitiva, de que solo hay una vida y de que puedes aprovechar al máximo ese momento, porque aunque a veces sea doloroso y otras veces alegre, es la única oportunidad que tienes de vivir.

Etiquetas
stats