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Un superviviente del salto a la valla de Melilla recurre el archivo de su querella contra la Guardia Civil: “Recuerdo el odio en sus ojos”

Mahatma, superviviente del salto a la valla de Melilla en 2022.

Paula Solanas Alfaro

Barcelona —

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La madrugada del 24 de junio de 2022, Mahamat y centenares de personas más –la mayoría, sudaneses como él– se dirigieron desde Marruecos hacia la frontera con Melilla para pedir asilo. Más de cuatro años después, recuerda la contundente respuesta de la policía marroquí y la Guardia Civil para impedir que saltaran la valla y entraran en España. En ese dispositivo murieron 37 personas, 76 desaparecieron y unas 470 fueron devueltas sumariamente al país norteafricano.

Mahamat sobrevivió, llevó su caso a los tribunales y ahora un juzgado de la ciudad autónoma ha archivado provisionalmente su querella por torturas contra la Guardia Civil. El magistrado reconoce que los hechos “son constitutivos de infracción penal”, pero considera que no se pueden atribuir a ninguna persona concreta.

El centro de defensa de los derechos humanos Irídia ha anunciado este jueves, en un acto en Barcelona, que ha recurrido esta decisión judicial para intentar reactivar la causa. La entidad presentó en diciembre pasado una querella en la que acusa a los guardias civiles que participaron en los hechos y al teniente que los comandaba de delitos de torturas, lesiones agravadas, omisión del deber de socorro y prevaricación administrativa, con las agravantes de racismo y abuso de la condición de agentes de la autoridad.

Mahamat ha relatado cómo le golpearon en la cabeza, lo que le provocó un traumatismo craneoencefálico y la pérdida de consciencia. “Me hicieron perder la dignidad. Aun con las manos atadas a la espalda, me seguían golpeando. Me preguntaba cuál es el límite de esa crueldad”, ha explicado desde Barcelona.

Según ha añadido, en un momento dado mostró a uno de los guardias civiles su credencial como refugiado reconocido por ACNUR, pero el agente la rompió tras examinarla y le sustrajo el cargador del móvil. “Recuerdo el odio y la violencia en los ojos de los que deberían estar ahí para garantizar nuestra seguridad”, ha contado.

En el relato de la querella, describe como recibió insultos racistas como “negros de mierda”, “basura”, “iros a vuestro puto país y no volváis”, especialmente por parte de la policía marroquí.

El sudanés también ha asegurado que vio cómo la Guardia Civil impedía el acceso de la Cruz Roja para atender tanto a él como al resto de personas heridas que permanecían retenidas. “Había cientos de personas a mi alrededor. Algunas no se movían y quise pensar que habían sufrido alguna fractura, pero me di cuenta de que estaban muertas”, ha lamentado Mahamat.

Uno de los migrantes que no sobrevivió aquel día era su mejor amigo. Ambos se dirigieron al paso fronterizo juntos, hasta que Mahamat no le volvió a ver más. “Íbamos y soñábamos juntos. Me ha dejado un vacío que me hace preguntarme cuándo conseguiremos justicia”, ha reclamado el sudanés.

Caso archivado sin ordenar diligencias

La abogada de Irídia Laura Medina ha denunciado que el juzgado de Melilla tardara cinco meses a abrir el procedimiento y que ahora haya archivado la causa sin ni siquiera haber tomado declaración a Mahamat. La entidad también reprocha al juez que no haya practicado ninguna de las diligencias solicitadas para identificar a los agentes, como el análisis de las imágenes captadas ese día o el cuadrante del dispositivo. Asimismo, cuestiona que no haya respondido a la petición de acumular esta causa a otra investigación abierta por la misma tragedia.

Irídia suma a estas críticas la actuación de Fiscalía, a la que acusa de “dar la espalda” a la víctima al pedirle pruebas que, según denuncia, los mismos agentes le impidieron obtener.

Pese a ello, Medina –que trabaja en el caso junto al European Center for Constitutional and Human Rights (ECCHR), Pro Asyl y el Digital Freedom Fund– considera que aún hay margen para reactivar la causa. Si el juez mantiene el archivo, la decisión podrá recurrirse ante la Audiencia Provincial de Málaga, que tiene una sección para resolver los recursos de casos ocurridos en Melilla. En el acto celebrado en Barcelona para presentar el caso también han participado representantes del ECCHR y del Sindicato de Vendedores Ambulantes de Barcelona.

Mahamat tenía solo siete años cuando huyó de la guerra en Sudán junto a su familia. Antes de llegar a la frontera de Melilla, pasó por los campos de refugiados de Chad, donde pudo estudiar Economía en la universidad, y volvió a escapar de la violencia de las milicias, hasta recalar en Libia. “Cuando viajamos no lo hacemos por gusto, sino huyendo de la guerra”, recuerda.

En este país norteafricano fue secuestrado por un grupo armado y detenido por participar en protestas contra las políticas migratorias represivas del gobierno. Tras escapar de un centro de detención y atravesar Argelia durante un mes, llegó a Marruecos en 2022 con la intención de cruzar la frontera.

Tras sobrevivir a la tragedia en la valla de Melilla, el joven sudanés consiguió llegar a la isla italiana de Lampedusa en una embarcación y en 2025 obtuvo finalmente un permiso de residencia con protección subsidiaria. Ahora vive en Roma, donde continúa su labor por la defensa de los derechos de las personas migrantes a través de la organización que fundó, Refugees in Lybia.

“No pararemos hasta que haya justicia y una reparación real, para los que llegaron y para los que se quedaron por el camino”, ha sentenciado.

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