Los vecinos del Putxet siguen sin sus casas un mes después del socavón del metro de Barcelona: “Está siendo una pesadilla”
Teresa Pons, 80 años, lo echa todo de menos. Cocinar, regar y cuidar sus plantas, salir a comprar al mercado... “Me lo han quitado todo”, explica desde la habitación de un hotel a pocos metros de lo que era su domicilio. “Está siendo una pesadilla”.
Pons es una de los cientos de vecinos afectados por el socavón producido, el pasado 7 de julio, por las obras de la línea 9 del metro en el barrio del Putxet de Barcelona. Cuando se cumple un mes del incidente, ni ella ni buena parte de los desalojados saben cuándo van a poder regresar a su hogar.
Hasta la fecha, los vecinos de tres edificios han podido regresar a su domicilio. Según el Govern, la semana que viene lo harán los de un cuarto bloque. La previsión del Ejecutivo catalán es que, a mediados de agosto, el 60% de los afectados haya vuelto a su casa. “El resto lo hará cuando los técnicos lo avalen”, apuntan desde la Generalitat.
El paso de las semanas, sin embargo, ha ido acompañado de la pérdida de la fe en buena parte de los afectados. Lo que parecía que iba a ser un desalojo de unos pocos días se alargará, cómo mínimo, hasta septiembre para casi la mitad de los 300 vecinos afectados, después de que la semana pasada se localizaran nuevas grietas y otra cavidad en uno de los edificios.
Muchos vecinos creen que la vida en el hotel se alargará mucho más allá de septiembre. “Yo si puedo volver a casa por Navidad ya firmo”, abunda Pons, que asegura que tener su traslado a un hotel le ha sumado diez años encima. “Esto está siendo mi final”, añade.
El hotel en el que está alojado, además, tiene la cocina cerrada en agosto. “Cada mediodía salgo a comer a algún sitio, y por la noche me compro cualquier cosa y me la como en la habitación”, señala. “Está siendo muy depresivo”.
Domingo Finez, administrador del restaurante Verona en el que se produjo el socavón, explica que este mes ha sido una montaña rusa emocional. “A veces tengo la sensación de que estoy en un sueño”, sostiene. “Otras no logro dormir más tarde de las cinco de la mañana”.
Entre la media docena de vecinos consultados (algunos prefieren no ser citados) abunda la sensación de que el Govern no les informa debidamente sobre lo ocurrido. A pesar de que el Ejecutivo catalán está haciendo un esfuerzo para actualizar cada viernes a los afectados en una reunión, la desconfianza va en aumento.
“En las reuniones se nota que los vecinos estamos cada vez más tensos e irritados”, sostiene Sandra Rayo, de 51 años. “Creo que el principal problema es que ni ellos saben lo que ha pasado ni cuándo los vecinos podrán volver, la información está siendo bastante difusa”.
Rayo es una de las vecinas que pudo volver a su domicilio a los pocos días del socavón, pero asegura que, además del ruido de las hormigoneras que le acompaña de lunes a domingo, vive con miedo.
“Llevan un mes inyectando hormigón en el agujero y siguen haciéndolo a diario”, apunta en conversación telefónica. “Cada día que pasa me siento más insegura porque pienso en el tamaño del socavón que debe haber debajo de mi casa”.
Una de las principales reclamaciones de los vecinos es que, para determinar si pueden volver a su casa, la Generalitat acceda a pagar a técnicos independientes que puedan valorar el estado de los edificios.
“No se puede ser juez y parte”, apunta la abogada Carmen Pérez, que representa a aproximadamente dos tercios de los afectados: “Los mismos [técnicos] con los que ha ocurrido el socavón no pueden ser los que determinen que la zona es segura”.
Desde el Govern insisten en que se está haciendo todo lo posible para ayudar a los vecinos: ayudas económicas que ya han tramitado 50 familias, suspensión de pago de una cuarentena de alquileres, una línea de crédito a la que se han acogido 11 comercios.
“Estamos al lado de cada familia afectada y entendemos su inquietud”, apunta Pilar Díaz, Delegada de la Generalitat en Barcelona. “Estaremos hasta que la última familia pueda volver a su casa”, añade.
El fantasma del Carmel
Entre los entrevistados, no obstante, cunde la sensación de que el desastre se podía haber evitado. Porque ya era conocido que en la zona hay cauces de agua subterráneos y porque en 1962 ya hubo un socavón en esa calle que dejó un muerto.
Es inevitable, a medida que pasan los días, que el fantasma del Carmel no sobrevuele las vidas de estos vecinos. En enero de 2005, un socavón por las obras de otra línea del metro en ese barrio barcelonés obligó a desalojar a 1.200 vecinos. Algunos tardaron dos años en volver a su casa, otros fueron realojados y no regresaron jamás.
“Todo recuerda mucho al Carmel”, prosigue Pérez, que defendió entonces a una parte relevante de los vecinos de esa zona. “Desde la causa, que es un mal análisis geotécnico del subsuelo, hasta el hecho de que los vecinos avisaron los días antes de vibraciones y grietas en sus domicilios”.
Según Pérez, el hecho de que los vecinos avisaran previamente es relevante de cara a plantear la responsabilidad de la Administración. “La Generalitat tiene la responsabilidad de vigilar que la constructora que contrata está haciendo bien el trabajo”, apunta. “Especialmente si los vecinos han avisado de temblores y grietas”.
Pérez apunta a que, sin descartar la vía judicial, su prioridad será lograr un acuerdo con la Generalitat para indemnizar a estas familias sin tener que ir a los tribunales. “La sentencia puede llevarnos muchos años”, concluye. “Creo que el Govern está por la labor, pero antes quieren saber las causas del accidente”.
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