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Ecologías en la economía

PDC - módulo I - Sítio São João - Lenir e Jones Pereira. En Flickr bajo licencia Creative Commons by-nc-sa

Según se mire, la economía se nutre constantemente de vocablos nuevos para explicar sus avances, ya sea en su versión solidaria o en su vertiente más devoradora (por desgracia sigue ganando esta última, pero no se vayan todavía). Así, ya es lugar común en diversos ámbitos referirse a “ecosistema productivo”, “modelos sostenibles” o también es un concepto extendido el ”capital semilla”, por citar algunos ejemplos. Pero el post de hoy no va de explicar esos vocablos, ni profundizar teóricamente en alternativas a la visión economicista de la vida, que tanto nos influye (para lo que recomendamos la entrada de Economía del bien común o de Economía ecológica en Wikipedia). Lo que queremos es destacar algunas experiencias recientes que muestran cómo cierta visión ecológica (esto es, dando prioridad a los ecosistemas y a las especies sobre los individuos, sean humanos o de otro tipo) se puede complementar con una manera de entender la producción y el consumo en que impera el respeto por el entorno y no el beneficio per sé. En que la suma de las partes puede ser mayor que el conjunto, donde se busca afianzar modelos sostenibles y a la vez integrados en una relación con la tierra que no sea de explotación sino de convivencia inteligente. Valores asociados estrechamente con lo ecológico, propuestas activistas pero realistas a la vez, que sumadas pueden ofrecer luz en estas encrucijadas socioproductivas que vivimos, donde tanto cuesta ver a menudo a qué gran poder o suma de intereses se está favoreciendo por el simple hecho de vivir (y por tanto comprar, producir, alimentarse, relacionarse, etc).

Como avanzamos en nuestro último post, un ejemplo destacado de proyecto ecológico que creemos merece la pena conocer es Open Source Ecology, que promueve principalmente la regeneración ambiental y la justicia social. Se trata de una comunidad de agricultores, ingenieros y otros voluntarios trabajando en una forja de maquinaria pesada de diseño abierto (y por tanto replicable por cualquier interesado), que se encuentra desde hace algún tiempo en plena producción de una serie de prototipos que permitan la creación o desarrollo de asentamientos humanos autónomos, bajo el concepto de Global Village Construction Set (“set global de construcción de aldeas”). Ese set o conjunto de maquinaria consta de diseños para fabricar desde molinos de viento hasta hornos de pan, pasando por excavadoras, paneles solares, prensas de ladrillos de tierra comprimida, motores hidráulicos o sembradoras (se puede ver la lista completa y estado de desarrollo en su wiki). Tiene como características principales, a parte de ser de código abierto (y por tanto toda su socumentación), la modularidad de sus elementos, que estos sean bajo coste, que se puedan reparar fácilmente por el usuario, un ciclo cerrado de manufactura (reciclando el metal con una de las máquinas) y finalmente que promuevan la economía distribuida (alentando la replicación de empresas que deriven de la plataforma, como una ruta a la empresa verdaderamente libre). En el vídeo a continuación (o este otro que usaron para una de sus campañas de crowdfunding) podéis ver que todo esto son más que declaraciones de principios, pues ya están en ello a pleno rendimiento:

Otra iniciativa relevante a la hora de entender por dónde se están moviendo aplicaciones prácticas de lo económico sumado a lo ecológico, en este caso con el componente de Internet como pieza fundamental, sería LandShare. Se trata de un portal que fomenta compartir trabajo y cosechas entre propietarios de tierras en desuso en el Reino Unido y gente que las quiera trabajar. Para ello basta con darse de alta en el sistema, cuya oferta de terrenos disponibles y demanda de espacios para cultivar encuentra en las lógicas geolocalizadas de la red la mejor herramienta posible, donde hasta la fecha más de 70.000 usuarios registrados le pueden dar uso e ir generando así lógicas de comunidad, de recursos compartidos y, en definitiva, acción directa sobre el tejido productivo a cargo de la sociedad. En España contamos con el ejemplo equivalente en Huertos Compartidos (cuyo vídeo de presentación fue cofinanciado mediante una campaña en Goteo), una red social inspirada en la anterior mediante la cual quienes ofrecen terrenos y buscan huertos para trabajarlos pueden conocerse y llegar igualmente a acuerdos para compartir lo sembrado.

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¿El dinero es un problema? Cómo crear una moneda social

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Billete de 10 Brixton Pounds, una moneda social del distrito londinense de Brixton. Fuente: ComplementaryCurrency.org

¿A quién pertenece el billete de 10 euros que -con suerte- llevas en la cartera? ¿Y los millones que centrifugan día a día las sicav? La respuesta obvia sería que a sus respectivos poseedores (tú y otros, respectivamente). ¿Y la correcta? Para conocerla primero tenemos que responder: ¿huevo o gallina, creador o poseedor? Y la respuesta es un huevo igual de lustroso que el de los derechos de autor y la música, por ejemplo. El dinero no pertenece a quien lo posee, sino a quien lo “crea”.

En el caso del euro, como sabemos, es el Banco Central Europeo quien cumple esa función. Antes de 2002, nuestro Banco de España lo era de la peseta. En EE.UU. lo es la Reserva Federal, que además es una institución directamente privada. Todas ellas, hoy, entidades como mínimo en tela de juicio. En algunos casos por ocultismo, en otros por ser claramente “partisanas” de determinados intereses y en otros por ser directamente chapuceras en la gestión de sus responsabilidades (adivinen).

Más allá de la catarata de motivos para pensar en alternativas a este dinero, digamos, “tradicional”, y a la que cada ciudadano podría añadir su propia gota, la realidad es que las monedas sociales, al margen de estas instituciones, florecen al calor de la hoguera de la crisis.

Las monedas sociales (también llamadas locales, alternativas o complementarias)  son una herramienta que nos permite registrar los intercambios en una determinada zona para crear con ellos un
sistema económico alternativo y permanente que permita, en mayor o en menor medida, prescindir de la moneda “oficial”. No obstante esto último no siempre es un objetivo en los miles de sistemas monetarios comunales que ya existen por todo el mundo.

Y en nuestro país. En el siguiente mapa elaborado por Vivirsinempleo.org para su informe sobre la situación de las monedas sociales en España a abril de este año, vemos como no es precisamente un fenómeno aislado:


Ver Bancos de Tiempo y Monedas Sociales en España en un mapa más grande

Por ejemplo, en una ciudad tan duramente castigada por el paro como la gaditana Jerez de la Frontera existe desde hace ya cinco años el Zoquito, y en zonas como Valencia funciona el Sol, una moneda en forma de cartilla basada en el sistema francés SEL, en funcionamiento desde hace 25 años en varias regiones del país vecino.

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¿Quién se anima a fabricar un coche colaborativamente?

Modular manufacturing (por dgray_xplane en Flickr con licencia CC BY 2.0)

Ésa es la pregunta que en un momento dado lanzó, intrépidamente, el estadounidense Joe Justice, que no es mecánico sino un programador aficionado a tunear coches que empezó a trabajar en el garaje de su casa en un prototipo de vehículo que pudiera producirse a bajo coste, fuera seguro y eficiente y tuviera salida comercial. Su hipótesis de partida: aplicar a algo tan complejo como la fabricación de un vehículo varios principios de desarrollo ágil de software que permitieran un desarrollo abierto, modular y rápido. Y lo está logrando, gracias al apoyo de una comunidad de entusiastas que se han sumado a lo que actualmente es Wikispeed, todo un ejemplo de cómo el diseño y la fabricación abiertos podrían ser una alternativa o mejorar algunos modelos industriales que hasta ahora hemos conocido.

La semana pasada, gracias a la organización de un taller sobre Wikispeed y la fabricación ágil organizado en el FabLab de Barcelona por OuiShare (comunidad en torno a la economía colaborativa a quienes os recomendamos muy mucho seguir) pudimos conocer de primera mano los avances de esta experiencia pionera en el prototipado rápido y la fabricación en comunidad. Allí Joe nos explicó cómo el equipo organiza su trabajo en sesiones intensivas en las que se aprende directamente haciendo (“arremangándose” vamos), normalmente en diferentes mini-equipos de dos personas que montan y solucionan cosas sobre la marcha, compartiendo regularmente con el resto los avances de desarrollo de cualquier módulo del coche (chasis, motor, dirección, chapa, etc).

A medida que la gente se suma o cambia de módulo la transferencia de conocimiento es implícita, basada en un muro de postits y breves puestas en común al inicio de jornada, en que cada participante explica dónde está y hasta dónde se propone llegar. Mediante la fijación de retos regulares en forma de tests de velocidad, consumo, resistencia o seguridad, se coordinan las diferentes partes desarrolladas, en un prototipo que de ese modo va evolucionando en ciclos cortos. Y eso no sucede sólo en el espacio de trabajo en que se dan cita periódicamente los voluntarios del equipo (donde comparten procesos, materiales, herramientas e información), sino también en nuevos focos de desarrollo en otros lugares del mundo, donde más gente está trabajando en partes del coche paralelamente, incluso generando sus propias versiones. Porque uno de los fundamentos del proyecto  -a parte de sacar todo el provecho de las herramientas digitales gratuitas a su alcance-, es abrir tanto el proceso de trabajo (mediante streaming, un canal de vídeo y publicación de metodologías) como los resultados (cuyas licencias son abiertas o directamente bajo dominio público).

¿El resultado? Un desarrollo acelerado de producto basado en principios de orientación al usuario (donde prima el test constante, y por tanto el feedback a medida que se desarrollan módulos), que ha permitido construir ya varios prototipos operativos en pocos meses, en oposición a modelos de diseño y fabricación tradicionales que requieren normalmente de mucho más tiempo. Un proceso de trabajo distribuido que ha interesado a compañías como Boeing e incluso grandes marcas de automoción, quienes han invitado a sus equipos a conocer la experiencia. También un modelo de consumo eficiente que no rivaliza con la velocidad (una sorpresa para el equipo en las primeras pruebas, pues es muy rápido), y que ha permitido que el prototipo participe en competiciones de demostración y se exhiba en salones de automóvil junto a marcas reconocidas. O poder representar un producto de bajo coste cuya aspiración es pasar, de los 20.000 dólares actuales que requiere su fabricación, a una cifra que esté por debajo de los cinco dígitos. Además de ser un proyecto partner de la forja de maquinaria replicable y abierta Open Source Ecology. Pero sobre este último (y no menos fascinante) proyecto ya os hablamos con más detalle otro día :)

Aquí uno de los vídeos de Wikispeed, que prepararon para una campaña de crowdfunding en la plataforma IndieGoGo. A quien le interese unirse a ellos, en Barcelona se está gestando un primer grupo de entusiastas de la idea, se les puede contactar en la dirección de correo wikispeedbarcelona [arroba] gmail.com

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Por qué los medios de comunicación necesitan abrir sus despensas

La despensa de los medios puede ser un buen flotador, si se abre. Imagen (cc) Profound Whatever @Flickr

Los medios de comunicación necesitan desarrollar y abrir sus propias APIs, y no me refiero a un agente de la propiedad inmobiliaria para que les ayude a vender sus redacciones para liquidar quiebras. Una API es la llave que abre la puerta de la despensa. Es la alfombra roja que atrae el talento y posibilita generar valor para el producto, de afuera hacia adentro, sin tener que gastar recursos en crearlo directamente.

En plena crisis estructural, talento, valor y recursos no les sobran precisamente a los medios. Pretender atraerlos manteniéndose cerrados a cal y canto, sin abrirse a la colaboración con sus stakeholders habituales (usuarios, lectores, anunciantes, proveedores...) es un imposible.

Un estudio de dos investigadores (Airtamurto y Lewis) de Standford y la Universidad de Minnesota ha concluido, tras basarse en las experiencias del New York Times, The Guardian, Usa Today y NPR (la radio pública de EE.UU.), que el uso de APIs abiertas es "un acelerador del I+D", crea una "avenida" para nuevas vías de comercialización y posibilita la aparición de nuevas redes de innovación. Una vez más, tres cosas de las que andan muy necesitados los medios españoles.

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No tanto nuevos modelos de financiación como (¿nuevas?) maneras de relacionarnos

Autor: CRA Cuenca del Najerilla

En los tiempos de desmantelamiento que nos rodean, los agentes sociales establecidos, que hasta ahora habíamos vivido bajo la precaria pero acomodaticia ala del Estado del Bienestar, correteamos desorientados en busca de nuevos caladeros para la financiación de nuestras actividades. Años y años de subvenciones y mecenazgos han matado nuestra imaginación, nuestro espíritu transformador e innovador y nos han convertido en gran medida, en formales y políticamente correctos gestores de proyectos en aquellas áreas que la Administración no es capaz de (o no tiene interés por) atender. Así, nos mantenemos a la espera de la Ley de Patrocinio y Mecenazgo; queremos tener fe en el nuevo "micromaná” que parece podría ser el crowdfunding; o incorporamos a nuestra agenda conceptos hasta hace bien poco desconocidos como el fundraising.

Al eco de este último término acudimos la semana pasada, en ESADE en Barcelona, al XII Congreso de Fundraising, organizado por la AEFR. Dos días intensos de ponencias y talleres. Desde tratar de establecer e interiorizar una cultura del fundraising en nuestras organizaciones y en la sociedad en general; hasta el loco mundo de las bases y cruces de datos, los CRMs o la apología del mail para conseguir mayor efectividad en que nuestros simpatizantes terminen haciendo click en el botón de 'Donar'; pasando por las estrategias más eficaces para relacionarnos con empresas y grandes fortunas, o la mejor manera de presentar y desarrollar una iniciativa de crowdfunding.

Muchos temas interesantes, pero probablemente no se profundizó en la cuestión de fondo previa a la financiación. Y es que actualmente, no se trata ya (sólo) de buscar dinero, sino principalmente, de (re)pensar el sentido de nuestras organizaciones hoy, a las que queramos o no, les ha llegado el tiempo de la reconversión.

Una cuestión incómoda esa de (re)pensarse, que sobrevoló el congreso (principalmente en las intervenciones de Toni Puig y Arancha Cejudo de Hazloposible) y que probablemente podría ser el quid de la cuestión, si afrontamos la búsqueda de respuestas de manera audaz y arriesgada, sin nostalgia, mirando más allá de la mera perdurabilidad de nuestras propias estructuras.

Un reto que sólo podremos afrontar recuperando el coraje cívico que estuvo en el impulso de nuestra formación; siendo conscientes de que el panorama ha cambiado y que más allá de las organizaciones formales, existe un creciente e ilusionante bullir ciudadano, un poliédrico movimiento social, informal, descentralizado, imposible de aprehender según las lógicas tradicionales.

Las ONGs y asociaciones 'de toda la vida' deben (re)situarse, en medio de la emergencia de la sociedad civil movilizada y del pragmático y eficiente emprendizaje social; buscar nuevas formas (o recuperar formas olvidadas) de articular la incidencia social y política; poner en juego su experiencia, liderar, empoderar, estar al servicio, aprender, participar, situándose delante, dando un paso al frente o diluyéndose en los movimientos según la ocasión. Porque no podemos seguir dirigiéndonos a la gente como agentes pasivos, pidiendo una especie de limosna, apelando a su espíritu bienintencionado, a su responsabilidad moral o su compromiso ideológico. Ni siquiera es un problema de comunicación, fidelización o aumentar la base social.

Es el momento de la co-responsabilidad. Y no se trata tanto de pedir como de implicar, de explorar nuevas formas de relacionarnos con las personas, de potenciar la cooperación entre organizaciones y con otros agentes sociales, de federar intereses, articular redes solidarias y de ayuda mutua. Tomarse el tiempo para el desarrollo de procesos de colaboración, de generación de confianza y reconocimiento para poder trabajar juntas. Pero también, aprender a concretar, aterrizar, tangibilizar proyectos; proponer retos y soluciones desde nuestros valores; medir sus efectos cualitativos; y saber comunicar y explicitar la rentabilidad de la inversión y sus retornos sociales.

En definitiva, se trata de entender y dar el paso para cambiar la forma de relacionarnos, de conceptualizar proyectos, de producirlos, financiarlos y comunicarlos. Porque más allá de los fines sociales (el “para qué”), cada vez es más importante el “cómo”: que nos comportemos de una manera abierta, desde una perspectiva P2P, más horizontal y transparente.

Probablemente así surgirán los necesarios nuevos recursos, coherentes en la forma y en el fondo. Porque no hay crowd sin reciprocidad.

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Flattr: del “me gusta” al “ahí va un dinerillo”

Flattr Street Artist (por flattrcom en Flickr con licencia CC BY 2.0)

Uno de los primeros ejemplos que queremos compartir en este blog es el de Flattr, un servicio que arrancó hace un par de años, en marzo de 2010, como herramienta de micropagos mediante Internet. Consiste en un sistema de microdonaciones online que permite a sus usuarios disponer de un botón en su página web, blog, vídeo u otros contenidos para que la gente pueda hacerles llegar pequeñas cantidades de dinero con un sólo clic. Para ello, cada microfinanciador dado de alta en Flattr dispone de una cuenta personal a modo de cartera virtual, que recarga con dinero a medida que usa en aquellos proyectos que quiere apoyar con el crédito de que dispone.

Se trata de una iniciativa creada por Peter Sunde, uno de los cofundadores del motor de búsqueda de torrents The Pirate Bay, quien trataba así responder a la misma pregunta que con el conocido portal de acceso a descargas de contenidos, según sus propias palabras: “¿cómo puede ganar dinero la gente creativa cuando la propia Red es quien se queda el dinero?” Esto es, un modo en que a parte de las grandes operadoras y compañías de acceso a servicios, o intermediarios tradicionales como discográficas o editoriales, pueda fluir dinero entre personas de modo totalmente distribuido y descentralizado, con lógica de red.

Uno de los planteamientos interesantes del sistema es que ofrece la posibilidad de que otras herramientas y portales web lo integren, y que cualquiera pueda escribir aplicaciones basándose en su interfaz de programación abierta (o API). Incluso compartiendo con los desarrolladores de las mismas, a partes iguales, el 10% de lo que Flattr obtiene por cada transacción. También que la cantidad de dinero emitido por cada usuario a proyectos funcione mensualmente en relación a su actividad, de modo que si éste hace clic en muchos botones de Flattr el importe mensual se repartirá en proporción, mientras que si sólo hace en uno o en pocos proyectos estos recibirán cada uno mayor cantidad de dinero, siempre equitativamente. Otro aspecto a tener en cuenta es que hayan integrado la posibilidad de pago mediante códigos QR, y por tanto mediante fotos tomadas en el espacio público u otros lugares donde esté teniendo lugar aquello a lo que el usuario quiera apoyar, como por ejemplo música en la calle.

Obviamente, hay que dimensionar esta experiencia en su medida, como una solución que puede ayudar adicionalmente en la obtención de ingresos por ejemplo para bloggers (uno de los ámbitos en que más funciona) o también iniciativas fuera de la red (como sería el caso de un club de aficionados al punto de cruz, que lo usan para elogiar diseños inventivos). Supone por tanto ingresos en cierto modo simbólicos, complementando métricas como la audiencia o actividad en torno a diferente tipo de iniciativas. Pero todavía dista mucho de significar una alternativa con suficiente masa crítica y recorrido para que alguien financie de modo exclusivo y/o sostenido su actividad. Aún así, de ese cruce entre la filosofía de la tarifa plana, el apoyo monetario entre iguales y el decir “me gusta” pero aportando finalmente algo más que bits, creemos que pueden surgir aún desarrollos, experiencias y aprendizajes relevantes, ¿no os parece?

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Siente las pataditas

Colaboratorio, unos días atrás

Vamos a inaugurar este espacio de una forma que a algunos les parecerá “autobombo”, pero que en realidad supone un esfuerzo para presentarnos a través de algo que nos une a quienes estamos al frente de Colaboratorio. Porque este blog va a estar escrito a varias manos, sobre experiencias y ejemplos prácticos de cómo va tomando forma lo que tentativamente llamaremos “economía compartida”. Pateando el diccionario incluso podríamos decir “economía colaborada”. De ahí, en parte, el nombre de este espacio.

Como decíamos, empezaremos por algo que nosotros conocemos bien para que vosotros nos conozcáis un poco mejor. Vamos a dejaros aquí encima esta palabra, que pronto oiréis en más sitios: Fixmedia. Nombra a una plataforma de mejora colectiva de noticias en cualquier medio online (podría ser este mismo) y cuyo fin es permitir al ciudadano ampliar o corregir cualquier información, aunque la fuente no lo ‘facilite’, y favorecer así la construcción de una agenda pública más participativa y contrastada, fiscalizada directamente por la sociedad.

Construir esa ‘llave inglesa’ cuesta mucho trabajo y requiere talento y esfuerzo, algo que en la economía capitalista se remunera y que, por tanto, requiere capital para hacerse realidad. Pero, en lugar de buscar milagros en un banco o vender su independencia a según qué inversores, Fixmedia decide optar por cofinanciarse con el apoyo de potenciales usuarios, consumidores de medios, contactos y un conjunto de 170 personas que durante ochenta días se suman a una “colecta digital” mediante Goteo. Personas que en algunos casos se suman a otras para ofrecer su ayuda directa más allá del vil metal. Una incipiente comunidad que acompaña la presentación pública de una idea para hacerla realidad, sabiendo que además se está generando un código fuente que luego cualquiera, en la India o en Perú, podrá coger y mejorar, o utilizar para inventar a partir de él algo mejor todavía.

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