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Queremos conocer, potenciar y explorar las ventajas y contradicciones de toda una red de nuevos proyectos que utilizan Internet para visibilizarse y desarrollarse de manera sostenible y para el bien común. Canal de economía social, por Pau Llop y Goteo.org

No tanto nuevos modelos de financiación como (¿nuevas?) maneras de relacionarnos

Autor: CRA Cuenca del Najerilla

Goteo.org / Goteo.org

En los tiempos de desmantelamiento que nos rodean, los agentes sociales establecidos, que hasta ahora habíamos vivido bajo la precaria pero acomodaticia ala del Estado del Bienestar, correteamos desorientados en busca de nuevos caladeros para la financiación de nuestras actividades. Años y años de subvenciones y mecenazgos han matado nuestra imaginación, nuestro espíritu transformador e innovador y nos han convertido en gran medida, en formales y políticamente correctos gestores de proyectos en aquellas áreas que la Administración no es capaz de (o no tiene interés por) atender. Así, nos mantenemos a la espera de la Ley de Patrocinio y Mecenazgo; queremos tener fe en el nuevo “micromaná” que parece podría ser el crowdfunding; o incorporamos a nuestra agenda conceptos hasta hace bien poco desconocidos como el fundraising.

Al eco de este último término acudimos la semana pasada, en ESADE en Barcelona, al XII Congreso de Fundraising, organizado por la AEFR. Dos días intensos de ponencias y talleres. Desde tratar de establecer e interiorizar una cultura del fundraising en nuestras organizaciones y en la sociedad en general; hasta el loco mundo de las bases y cruces de datos, los CRMs o la apología del mail para conseguir mayor efectividad en que nuestros simpatizantes terminen haciendo click en el botón de 'Donar'; pasando por las estrategias más eficaces para relacionarnos con empresas y grandes fortunas, o la mejor manera de presentar y desarrollar una iniciativa de crowdfunding.

Muchos temas interesantes, pero probablemente no se profundizó en la cuestión de fondo previa a la financiación. Y es que actualmente, no se trata ya (sólo) de buscar dinero, sino principalmente, de (re)pensar el sentido de nuestras organizaciones hoy, a las que queramos o no, les ha llegado el tiempo de la reconversión.

Una cuestión incómoda esa de (re)pensarse, que sobrevoló el congreso (principalmente en las intervenciones de Toni Puig y Arancha Cejudo de Hazloposible) y que probablemente podría ser el quid de la cuestión, si afrontamos la búsqueda de respuestas de manera audaz y arriesgada, sin nostalgia, mirando más allá de la mera perdurabilidad de nuestras propias estructuras.

Un reto que sólo podremos afrontar recuperando el coraje cívico que estuvo en el impulso de nuestra formación; siendo conscientes de que el panorama ha cambiado y que más allá de las organizaciones formales, existe un creciente e ilusionante bullir ciudadano, un poliédrico movimiento social, informal, descentralizado, imposible de aprehender según las lógicas tradicionales.

Las ONGs y asociaciones 'de toda la vida' deben (re)situarse, en medio de la emergencia de la sociedad civil movilizada y del pragmático y eficiente emprendizaje social; buscar nuevas formas (o recuperar formas olvidadas) de articular la incidencia social y política; poner en juego su experiencia, liderar, empoderar, estar al servicio, aprender, participar, situándose delante, dando un paso al frente o diluyéndose en los movimientos según la ocasión. Porque no podemos seguir dirigiéndonos a la gente como agentes pasivos, pidiendo una especie de limosna, apelando a su espíritu bienintencionado, a su responsabilidad moral o su compromiso ideológico. Ni siquiera es un problema de comunicación, fidelización o aumentar la base social.

Es el momento de la co-responsabilidad. Y no se trata tanto de pedir como de implicar, de explorar nuevas formas de relacionarnos con las personas, de potenciar la cooperación entre organizaciones y con otros agentes sociales, de federar intereses, articular redes solidarias y de ayuda mutua. Tomarse el tiempo para el desarrollo de procesos de colaboración, de generación de confianza y reconocimiento para poder trabajar juntas. Pero también, aprender a concretar, aterrizar, tangibilizar proyectos; proponer retos y soluciones desde nuestros valores; medir sus efectos cualitativos; y saber comunicar y explicitar la rentabilidad de la inversión y sus retornos sociales.

En definitiva, se trata de entender y dar el paso para cambiar la forma de relacionarnos, de conceptualizar proyectos, de producirlos, financiarlos y comunicarlos. Porque más allá de los fines sociales (el “para qué”), cada vez es más importante el “cómo”: que nos comportemos de una manera abierta, desde una perspectiva P2P, más horizontal y transparente.

Probablemente así surgirán los necesarios nuevos recursos, coherentes en la forma y en el fondo. Porque no hay crowd sin reciprocidad.

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