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Sobre este blog

Los traumas y las crisis globales, cada vez más aceleradas, aumentan la brecha percibida entre los ciudadanos respecto a las instituciones y quienes las ocupan. Políticos, gestores de lo público, académicos o expertos son percibidos como parte de una élite que se distancia del mundo real. La polarización se extiende como un clima, pero tiene una parte tangible: la brecha entre quienes pueden permitirse una vida digna y quienes se quedan colgados. En este espacio surgen los populismos, las respuestas radicales o las opciones tecnocráticas, que en aras de la ortodoxia económica y el conocimiento académico se alejan del concepto de bien común. El futuro de las democracias se plantea como un espacio para la investigación, reflexión y difusión de procesos y mecanismos de participación ciudadana hasta el análisis de las causas y consecuencias de la fatiga democrática y la respuesta de lo público.

Una escuela contra la desafección política

Una de las aulas que participan en el programa Polis, de las Naves y la Conselleria de Transparencia.

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La desinformación, tanto por falta como por exceso de fuentes, es uno de los principales factores de la desafección política y de la crisis de confianza en las instituciones. Desde hace dos décadas organizaciones internacionales y administraciones públicas han puesto la transparencia en el foco de las políticas públicas y han confiado en la misma para superar algunas resistencias ciudadanas, desde la desconfianza hasta la pasividad. Pero en el devenir de un siglo convulso la mera posibilidad de acceder a los datos no dota a los gestores de lo público de mayor credibilidad.

Para tratar de reducir la brecha entre gobernantes y gobernados, el laboratorio de análisis y evaluación de políticas públicas de Las Naves, en València, impulsa este curso el programa Polis, un proyecto piloto en tres institutos para que el alumnado conozca qué son y para qué sirven las políticas públicas. El programa, que se lleva a cabo junto con la Conselleria de Transparencia, consta de una unidad didáctica con recursos audiovisuales creados ex profeso para que el alumnado sea capaz de valorar críticamente para qué sirve lo público y si se da una gestión adecuada de los recursos.

Según explica Empar Soriano, coordinadora del programa, la idea es dotar a los jóvenes de herramientas para poder hacer un análisis crítico, mediante el uso de datos abiertos y acorde con sus valores personales. El programa surge como un intento de responder al desinterés de los jóvenes en la participación pública y política, como se observa en algunos estudios que alertan sobre la desafección.

La experiencia se desarrolla en los institutos de secundaria La Garrigosa de Meliana, Jordi de Sant Jordi de València y Matemàtic Vicent Caselles Costa de Gata de Gorgos, con tres o cuatro sesiones en cada uno, adaptadas a la materia que haya escogido el equipo docente. La primera fase consta de una explicación a modo de introducción sobre cómo se gestiona un Estado, los distintos niveles de la Administración, qué son los impuestos o cómo se diseñan las políticas públicas.

A partir de ahí, los alumnos escogen un ejemplo que les afecte -la polémica sobre la tributación de los youtubers en Andorra es uno de ellos- y realizan un trabajo de investigación para argumentar el impacto que tiene una decisión sobre la vida colectiva. La última fase es la defensa y exposición del trabajo, con los datos y los argumentos esgrimidos para cada caso. Así, mediante el uso de herramientas pedagógicas, se trata de hacerles partícipes de lo público, de lo colectivo, como una escuela de ciudadanía.

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Los traumas y las crisis globales, cada vez más aceleradas, aumentan la brecha percibida entre los ciudadanos respecto a las instituciones y quienes las ocupan. Políticos, gestores de lo público, académicos o expertos son percibidos como parte de una élite que se distancia del mundo real. La polarización se extiende como un clima, pero tiene una parte tangible: la brecha entre quienes pueden permitirse una vida digna y quienes se quedan colgados. En este espacio surgen los populismos, las respuestas radicales o las opciones tecnocráticas, que en aras de la ortodoxia económica y el conocimiento académico se alejan del concepto de bien común. El futuro de las democracias se plantea como un espacio para la investigación, reflexión y difusión de procesos y mecanismos de participación ciudadana hasta el análisis de las causas y consecuencias de la fatiga democrática y la respuesta de lo público.

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