BOTÓN DE ANCLA
VPOs para HDP
Cómo estará de mal el tema que hasta el pobre Pérez Llorca se ha tenido que subir el sueldo para llegar a fin de mes. No es mucho, unos 4.000 euros al año, y tampoco es el primero que lo hace: Puig entró cobrando 68.292 euros en 2016 y, poco antes de iniciar su Erasmus en París, ya mojaba 78.222 euros. El problema no es que los políticos se suban el sueldo, sino si está justificado. En el caso del actual president, no hay duda. Sobre todo ahora que se ha visto cómo en Alicante el Partido Popular ha encontrado la solución al problema de la vivienda: quedárselas. A Barcala, el alcalde de Alicante, no sé si le han subido la paga. Una pena, porque sería justicia poética que tuviera que dimitir y le llegara antes el finiquito que el próximo sueldo.
Pero que la estafa de las VPOs para VIPs de lo más HDP de Alicante no nos impida ver el bosque. Es solo un botón, y no de ancla precisamente, sino de muestra. Es un modus operandi de un problema mucho más profundo: que el actual sistema económico está en vías de colapsar. Para los pobres no, que vienen colapsados de casa. Para lo muy ricos tampoco, porque para ellos todo va bien en el mejor de los mundos posibles, como decía Pangloss en Candido. Los de la mitad hacia abajo, luchando como siempre. Pero el problema lo tienen los aspirantes a ricos, los que eran de familia bien pero ya van tirando a regular. Esos sí están jodidos. Por suerte, ahí están los suyos, trabajando a tope para que no les falte de nada. Honor entre ladrones.
Del plan no se puede decir que sea nuevo, es el de siempre: utilizar el DOGV (o el BOE) para beneficiar a los amigos. Lo llevan tan en la sangre que ni la dana pudo impedir que se modificara la ley de suelo para poder construir en zonas inundables y más cerca del litoral. A los empresarios hay que cuidarlos a costa de los demás. Así, la crisis de la vivienda tampoco ha hecho mella en sus ansias de rapiña. Lo de ahora se viene fraguando desde 2024, cuando Mazón suprimió la necesidad de que los aspirantes a una VPO —cuando fuera una promoción privada—, tuvieran que demostrar que constaban como demandantes. Un cambio legislativo muy meditado: cuando construyes pisos de esos con piscina, cancha de pádel y bien cerquita de la playa, lo último que quieres es que se llene de pobres.
De momento, el escándalo ha saltado en San Juan, pero la mancha ya ha llegado hasta el Consell. El último en dimitir ha sido el jefe de gabinete de la consellera de Turismo, un jeta de nombre Miguel Ángel Sánchez, que no sabía que a la madre de sus dos hijas le había tocado un pisito en la costa en plan Un, dos, tres. Por eso, o este no es mi PP que me lo han cambiado, o me temo que en los próximos días se van a ir conociendo nombres de agraciados en VPOs de toda la Comunitat Valenciana. Seguro que el gordo ha caído muy repartido. Ni es un caso aislado ni es el patriarcado, es que los han dibujado así. Recordemos que en València, cosas de la casualidad, fue a Javier Timoner, marido de la diputada del PP, Alma Alfonso, al que le tocó el chollo de construir 221 viviendas de protección pública. Al final, tuvo que renunciar (ahora aspira a construir 320 en territorio dana), pero ahora la operación cobra nuevo sentido.
Antes, con ser el espermatozoide más rápido, te garantizabas una vida sin estrecheces. Ahora está más complicado. El abuelo hizo fortuna y tuvo cuatro o cinco hijos, y cada uno de ellos le dio cuatro o cinco nietos. Donde comen dos, comen tres, pero no veinte ni veinticinco (sin rima), y mucho menos en una economía cada vez menos productiva y más de servicios. Este drama lo viven los de clase media aspiracional cada verano: tienen que repartirse la casa de los abuelos o el chalet de los padres con el resto de hermanos. Son tantos que ya no caben, y tampoco les llega para una nueva. Al final, tendrán que vender, así que a ver qué les dejan a sus descendientes. Hasta hace poco, los hijos vivían mejor que los padres, pero la ley natural está fallando entre los más pudientes, que no dan para una tercera generación de gorrones viviendo de privilegios heredados. Así que, una solución que alivie sus pesares es el latrocinio, un sistema injusto que permite, a los que se resisten a perder estatus, sobrevivir una generación más y no extinguirse como casta parasitaria.
A ese procedimiento se añade el de hipnotizar a los que se van a quedar con una mano delante y otra detrás usando el cebo de los okupas, el infierno fiscal o los mena. Y mientras los votantes están a por uvas (no descubro nada) se deterioran los servicios públicos y se beneficia a las empresas. Y luego se habla de colaboración público-privada. Y lo es, pero en la misma medida que robar una joyería puede definirse como una inversión. Se bautizó así para no ofender a la clase parasitaria, porque no les gusta que se diga que es una subvención. A veces las palabras hacen mucho daño y el aspirante a rico es sensible por naturaleza.
En Francia, el nivel de acumulación por parte de los que más tienen supera ya al de Revolución Francesa
Los de las VPO es un ejemplo, pero no el único. La educación lo ilustra mucho mejor. Y no se trata solo de los colegios subvencionados, sino de la enseñanza universitaria: cada vez hay más universidades privadas, donde es más fácil acceder (desde el punto de vista académico, no económico) y públicas no se construyen más, para asegurarse que las otras se llena. La siguiente pieza ha sido la Formación Profesional. Y la iniciativa privada se centra en los ciclos con más salidas laborales, mientras evita que la red pública se desarrolle. El ascensor social cada vez para en menos plantas. Y qué decir de la sanidad o de la vivienda. Heredar un piso se va a convertir en lo que marque el futuro de la próxima generación.
En definitiva, lo de las VPOs no es más que el enésimo ejemplo de una sociedad que hemos creado y que quiere hacernos creer que se puede crecer de manera indefinida con recursos finitos. Y como eso no es posible, lo mejor es poner en marcha la aspiradora y succionar hacia arriba lo poco que les va quedando a los de abajo. En Francia, el nivel de acumulación por parte de los que más tienen supera ya al de Revolución Francesa. Y eso no es una excepción, es un ejemplo de hasta dónde hemos llegado.