¿Cómo puedo combatir la ansiedad de mi perro o gato por la comida?

Un perro comiendo.

Inés Aguerri Alonso

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Según un estudio publicado en Scientific Reports, un 72,5%% de las 13.715 respuestas de dueños de perros de diversas razas mostraron resultados de problemas de comportamiento y ansiedad.

En concreto, la ansiedad por la comida puede llegar a ellos por varias causas: enfermedades como la diabetes, problemas digestivos, hipertiroidismo… Incluso pueden verse afectados por nuestra propia ansiedad.

Pero sin duda, uno de los principales agentes que propicia en ellos esta ansia por la comida es el estrés. Este, cómo explica Elena Fernández Sánchez, veterinaria especialista en nutrición animal en Dibaq Petcare puede deberse a diversos factores: “exceso de actividad física o paseos insatisfactorios, estar solos por largos períodos de tiempo, poca interacción social, ambientes tensos, comer siempre lo mismo, exceso de castigos, etc.”.

En el caso específico de los gatos, la ansiedad por la comida es una herramienta útil para calmarse, sobre todo cuando padecen estrés al no tener las suficientes sensaciones positivas en el interior del hogar.

Las consecuencias de esta ansiedad afectan directamente a la calidad de vida de nuestras mascotas. Como apunta la veterinaria, “pueden presentar acumulación de miedo, malas relaciones con otras mascotas y con los dueños, aparición de enfermedades al bajar las defensas, obesidad…”

Cuando nuestro perro o gato padece ansiedad por la comida, además de requerir la ayuda de un veterinario, existen diferentes trucos que podemos llevar a cabo en casa para combatirla.

Atento a las señales

Lo primero que debemos hacer es observar a nuestras mascotas. Como explica Isaac Tapia, veterinario de Alfa Veterinaria, “los síntomas más comunes son la ingesta compulsiva y rápida de todo el alimento del comedero y conducta de pica, es decir, ingesta de objetos no alimentarios con el consiguiente riesgo para su salud”.

Si su ansiedad tiene que ver con el estrés también pueden mostrar “hiperactividad y nerviosismo, gruñidos o ladridos sin motivo, acicalamiento excesivo, movimientos repetitivos y constantes, caída del pelo, alergias, etc.”, explica Fernández.

Los gatos somatizan mucho el estrés a través de la comida, de hecho, a veces manifiestan una voracidad tremenda y en otras ocasiones una abstinencia total y preocupante. Por ejemplo, “un síntoma de que comen demasiado rápido por la ansiedad es que muchas veces vomitan lo que ingieren, se vuelven agresivos o eliminan en cualquier lugar”, continúa la veterinaria.

La importancia de las rutinas

Establecer horarios y rutinas es imprescindible, ya que esto les otorgará mayor seguridad y tranquilidad al tener controlado cuándo va a ser la siguiente toma.

Por eso los expertos recomiendan, siempre que sea posible, alimentarlos cada día a la misma hora, hacer ejercicio cada día en horarios similares, darles el tiempo necesario para hacer sus necesidades de manera tranquila…

Además, Tapia recalca que “en hogares con varios perros o gatos, conviene alimentarlos por separado para evitar la competencia entre ellos”.

Establecer varias tomas

Según un estudio sobre el comportamiento alimentario de perros y gatos publicado en The Journal of Nutrition, los gatos en libertad comen de poco en poco a lo largo de las 24 horas del día. Es por este motivo por el que Fernández recomienda “un mínimo de dos dosis diarias, aunque depende de cada individuo”.

Por su parte, Tapia es partidario de “no racionar su comida, sino dejar su ración diaria de pienso siempre a libre disposición y suplementarlo con comida húmeda una o dos veces al día”.

El caso de los perros es diferente, ya que si llenamos a demanda el comedero de un perro con ansiedad es bastante probable que no sepa racionarla él mismo y lo ingiera bruscamente. Por ello, el veterinario recomienda que sean alimentados “de forma racionada cada 8 o 12 horas (nunca cada 24h para evitar digestiones pesadas y que lleguen con mucha hambre a la siguiente comida)”.

Equilibrio perfecto entre tranquilidad y ejercicio

Por un lado, “la falta de actividad física y/o mental puede llevar a tu perro a quemar ese estrés engullendo comida como si no hubiera un mañana, pero a la vez, el exceso de ejercicio también puede provocar esta ansiedad”, explica Fernández.

Por ello debemos encontrar un punto intermedio para calmar su ansiedad, con “paseos sencillos y actividad física adaptada a sus necesidades, juguetes (mordedores, pelotas, etc.), juegos de destreza mental, cepillado en el caso de los gatos, etc.”, recalca.

También debemos tener en cuenta que si nuestra mascota llega excitado a la hora de comer, ingerirá la comida con mucha más ansia de lo debido. Por eso, “es recomendable acariciarlo y relajarlo antes de alimentarlo y ubicar su comedero en una zona tranquila y libre de ruidos”, explica Fernández.

En el caso de los gatos, todavía es más conveniente escoger un espacio tranquilo y libre de factores estresantes para situar su comedero. Por ejemplo, “a los gatos les gusta controlar su alrededor mientras comen, por eso es buena idea no situar el comedero tocando la pared para evitar que se sientan inseguros y coman muy rápido potenciando la ansiedad”, explica Tapia.

El comedero y la comida sí importan

A la hora de elegir el comedero perfecto para nuestra mascota con ansiedad por la comida podemos optar por escoger uno interactivo o antivoracidad, ya que “su uso implica que conseguir la comida se convierta en un juego, que coman más despacio y por lo tanto digieran mejor la comida”, explica Fernández.

Escoger el pienso adecuado para nuestros perros y gatos es fundamental, ya que en ocasiones la ansiedad por la comida está relacionada con una dieta carente de los suficientes nutrientes esenciales, por eso debemos comprobar la calidad de su alimentación.

Cuando ya es tarde y la ansiedad, no solo por la comida sino en general, ha llegado a la vida de nuestras mascotas, Tapia explica que “para tratarla podemos apoyarnos en piensos suplementados con sustancias ansiolíticas naturales”.

A su vez, darles premios y golosinas en exceso no solo fomentará su sobrepeso, sino también una asociación de estas tomas con una recompensa positiva que, en palabras de Fernández, “debe limitarse a estrictamente momentos puntuales”.

Esto se debe, como apunta la veterinaria, a que “si el perro sabe que puede tener comida en cualquier momento, pero no sabe exactamente cuándo, desarrollará una conducta ansiosa debido al estrés que le supone no saber cuándo podrá comer de nuevo”.

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