Fotos efímeras y extorsiones a tus contactos: cómo funcionan las nuevas estafas de WhatsApp y cómo evitarlas

Las fotos efímeras pueden servir de gancho para iniciar una estafa en WhatsApp.

Edu Molina

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Las estafas que circulan a través de WhatsApp siguen adaptándose a funciones habituales de la aplicación para intentar engañar a los usuarios. En algunos casos, los delincuentes aprovechan herramientas que forman parte del uso cotidiano de la plataforma y las convierten en el punto de partida de una situación que busca presionar a su víctima. Según la Policía Nacional, una de las últimas estafas utiliza fotografías de visualización única para iniciar el contacto con la víctima.

Este tipo de imágenes 'efímeras' desaparece después de abrirse y, precisamente por eso, puede despertar más curiosidad cuando llega desde un número desconocido. El contenido no es el objetivo final del fraude, sino un recurso para provocar una reacción y conseguir que el destinatario continúe pendiente de la conversación. A partir de ahí, los responsables intentan generar una sensación de culpa y urgencia que facilite la extorsión posterior.

La clave está en no actuar por impulso ante archivos o mensajes que llegan sin contexto. La recomendación pasa por desconfiar de fotografías, vídeos, enlaces o documentos enviados desde números que no se reconocen y evitar responder a conversaciones sospechosas. Si el contacto ya ha sido iniciado y aparecen amenazas o peticiones de dinero, lo aconsejable es cortar la comunicación, no pagar y utilizar las herramientas de bloqueo y reporte disponibles en WhatsApp.

El engaño empieza con una foto que solo puede verse una vez

El fraude comienza cuando una persona recibe una fotografía de visualización única desde un número que no figura entre sus contactos. Normalmente, no hay una explicación previa que permita saber qué contiene el archivo, y esa falta de contexto forma parte del propio engaño. La intención es provocar el impulso de abrir la imagen antes de pensar si tiene sentido hacerlo o quién puede estar detrás del envío.

Una vez visualizada, la fotografía suele mostrar contenido sensible, comprometido o íntimo. Ese material no tiene por qué pertenecer a quien ha enviado el mensaje y sirve únicamente para preparar la siguiente fase. Cuando el remitente comprueba que la imagen se ha abierto, vuelve a escribir y asegura que la mandó por error. A partir de ese momento, el tono cambia y la conversación deja de parecer un simple envío equivocado.

El siguiente paso consiste en responsabilizar al destinatario por haber visto el contenido. La acusación parte de una idea falsa: presentar como una conducta indebida el hecho de abrir una fotografía que el propio desconocido ha enviado de forma voluntaria. Con ello se intenta generar inseguridad y hacer creer a la víctima que ha cometido algo reprochable, aunque la situación haya sido provocada desde el principio por quien está detrás del fraude.

Después aparece la extorsión. El delincuente suele amenazar con presentar una denuncia, tomar represalias o provocar algún tipo de consecuencia si no recibe un dinero a cambio. La presión busca aprovechar el desconcierto y conseguir que la persona actúe antes de analizar lo ocurrido. El contenido inesperado, la acusación y la exigencia económica se utilizan así de forma encadenada para aumentar el miedo y reducir el margen de reacción.

El funcionamiento de esta modalidad se apoya principalmente en la manipulación psicológica. Primero se utiliza la curiosidad para lograr que la imagen se abra y, después, la culpa y el miedo para mantener la conversación activa. El estafador necesita que la víctima responda, se justifique o acepte la idea de que ha hecho algo incorrecto. Por eso, entrar en explicaciones o intentar razonar con quien envía las amenazas solo prolonga una situación creada para ejercer presión.

Cuando la extorsión es a tus contactos

En los últimos días, la Policía Nacional también ha alertado de otra modalidad de estafa que aprovecha las vulnerabilidades de los dispositivos móviles para acceder a una cuenta de usuario en WhatsApp. En concreto, el atacante explota los fallos de seguridad del móvil por carecer de la versión más actualizada del sistema operativo y logra utilizar la aplicación al mismo tiempo que su víctima sin que ella se dé cuenta.

Una vez obtenido el acceso a WhatsApp, los ciberdelincuentes pueden enviar mensajes a los contactos de familiares solicitándoles dinero para hacer un pago en concreto o a través de una transferencia bancaria. Al manipular la aplicación, los atacantes logran interactuar con los familiares sin que la víctima vea reflejada esas mismas conversaciones en su dispositivo.

Qué conviene hacer si te llega uno de estos mensajes

La principal medida preventiva es no abrir imágenes, vídeos, archivos ni enlaces que lleguen desde contactos desconocidos. En el caso de las fotografías de visualización única, su carácter efímero puede aumentar la curiosidad porque solo existe una oportunidad para verlas. Precisamente por eso, conviene no dejarse llevar por ese impulso y desconfiar de cualquier contenido inesperado que aparezca sin una explicación clara.

También es recomendable no responder a mensajes sospechosos aunque, en un primer momento, parezcan inofensivos. Contestar confirma al remitente que el número está activo y puede facilitar que el contacto continúe. Si la fotografía ya se ha abierto y comienzan las amenazas, no conviene discutir, explicar por qué se vio el archivo ni intentar convencer a la otra persona de nada. Mantener el intercambio solo da más oportunidades para seguir presionando.

Si aparece una petición de dinero, la recomendación es no realizar ningún pago ni aceptar las condiciones planteadas. La estrategia del fraude consiste precisamente en generar urgencia para conseguir una reacción rápida. Salir de esa dinámica implica detener la conversación, bloquear el número y reportarlo dentro de WhatsApp, evitando cualquier nueva interacción con la cuenta desde la que se están enviando los mensajes.

La actuación recomendada cambia poco aunque el engaño ya haya avanzado. Si la imagen se abrió, eso no obliga a seguir participando en la conversación ni a responder ante las amenazas. Cortar el contacto evita que el estafador siga utilizando la culpa como herramienta de presión, mientras que el bloqueo impide que continúe escribiendo desde ese número y el reporte permite señalar la cuenta dentro de la propia plataforma.

La advertencia principal consiste, por tanto, en no reaccionar de manera inmediata ante contenidos inesperados enviados por desconocidos. Si la fotografía no se abre, el fraude pierde el recurso que utiliza para iniciar la acusación. Y si ya se ha visualizado, la mejor respuesta sigue siendo no pagar, no negociar y no mantener el contacto. El engaño depende en buena medida de que la víctima continúe participando en una conversación diseñada para generar miedo y conseguir dinero.

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