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¿Qué diferencias hay entre tomar té o café en el desayuno cada mañana?

La cafeína del té y del café es la misma sustancia, pero hay otros compuestos bioactivos en juego

Darío Pescador

31 de marzo de 2026 22:05 h

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¿Tomas café por las mañanas o te has pasado al tan de moda té matcha (u otro tipo de té)? Parece que el té está ganando terreno, y entre otras cosas, ganando una reputación de que es más saludable que el café, y sus efectos más tolerables.

El mundo ama la cafeína. Se calcula que más del 80% de la población mundial toma algún tipo de bebida cafeinada, con una ingesta media de 200 mg, equivalente a tres cafés diarios. Sin embargo, el café no es el más popular a escala global, sino el té, que según la FAO es la segunda bebida más consumida en el mundo después del agua, gracias a países como China, India o Turquía. El café, eso sí, representa el mercado de mayor volumen, y se calcula que se consumen 2.000 millones de tazas de café al día en el planeta. Por detrás están las bebidas cafeinadas de cola y las bebidas energéticas, pero en mucha menor medida. 

Cuando tomamos una taza de té o café pensamos que el efecto que experimentamos, esa sensación de alerta y claridad mental, se debe a la cafeína que contienen. Pero la realidad de estos productos es mucho más compleja. La cafeína es solo uno de muchos compuestos bioactivos que interactúan con nuestro cerebro y nuestro cuerpo de diferentes maneras. Pero, ¿cuál es entonces mejor para despertarse? ¿Té o café?

Misma molécula, diferentes compañías

Durante mucho tiempo se pensó que la sustancia estimulante del café, la cafeína, era distinta de la presente en el té, a la que se denominó teína. Pero hoy sabemos que son exactamente la misma molécula, 1,3,7-trimetilxantina, una sustancia que estimula el sistema nervioso central.

Una vez ingerida, esta molécula viaja por el torrente sanguíneo hasta el cerebro, donde bloquea los receptores de la adenosina. La adenosina es un neurotransmisor que se acumula a lo largo del día desde por la mañana. Cuando alcanza cierto nivel, sentimos somnolencia. La cafeína se interpone e impide que la adenosina ejerza su efecto. Esto quiere decir que, aunque nuestro cuerpo esté cansado y tenga sueño, nuestro cerebro no lo nota. Esto también aumenta la actividad neuronal y la liberación de otros neurotransmisores como la dopamina y la noradrenalina. El resultado es una sensación de mayor energía, estado de alerta y, en ocasiones, una mejora en la concentración y el estado de ánimo.

Durante mucho tiempo se pensó que la sustancia estimulante del café, la cafeína, era distinta de la presente en el té, a la que se denominó teína. Pero hoy sabemos que son exactamente la misma molécula

Sin embargo, la experiencia habitual de la gente es que el café y el té tienen efectos diferentes, y los del té son más suaves. ¿Por qué? Porque la cafeína no viaja sola. “No es lo mismo tomarse una pastilla de cafeína que tomarse un café, porque el vehículo es completamente distinto”, explica la nutricionista y farmacéutica Loreto Pérez, vocal de Alimentación del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Guadalajara. “También depende mucho de la persona. Hay gente que deja el café porque le sube la tensión, y luego toma muchísimo té, y la concentración de cafeína varía según el tipo de té”, añade. 

El té es una infusión de las hojas de la planta Camellia sinensis, y en todas sus variedades (verde, rojo, negro, blanco y otros), tiene unos componentes que modulan los efectos de la cafeína. El principal alcaloide del té es la L-teanina, un aminoácido poco común que tiene la capacidad de atravesar la barrera hematoencefálica, es decir, la barrera que separa el cerebro del torrente sanguíneo, actuando como un filtro. 

La L-teanina ejerce un efecto calmante, promoviendo la relajación sin causar somnolencia. Mientras que la cafeína estimula la actividad neuronal, la L-teanina aumenta las ondas alfa en el cerebro, un estado asociado con la relajación en estado de alerta, como cuando estamos concentrados y enfocados en una tarea. Esta combinación es la responsable de ese estado que muchos experimentan al tomar té: una sensación de concentración y claridad mental libre de la ansiedad o los nervios que a veces puede provocar el café.

Té y café: diferencias que no son tan evidentes

Mucho se ha hablado de los beneficios de la L-teanina en combinación con la cafeína, e incluso sobre la posibilidad de tomarla como suplemento. Aunque los efectos sobre el cerebro han podido comprobarse, y hay datos sobre efectos neuroprotectores y anticonvulsivos en modelos animales, no hay suficientes ensayos con humanos. 

Para el investigador de la Universidad de Padua Francesco Visoli, autor de una amplia revisión de estudios sobre la L-teanina, “en teoría, tomar L-teanina junto con cafeína debería reducir el nerviosismo y prolongar sus efectos, pero aún no se ha podido demostrar”. Para Visoli ,“si hay alguna ventaja es que, al parecer, la cafeína del té se libera más lentamente que la del café. Además, se tarda más en tomarse que el café, por lo que la absorción se produce de forma gradual. Pero no hay estudios que comparen uno con otro”, matiza.

Entonces, ¿hay algún motivo para tomar té en lugar de café? Los hay, pero no necesariamente tienen que ver con la cafeína. Para empezar, hay que decir que el café es una de las principales fuentes de antioxidantes procedentes de la dieta, destacando el ácido clorogénico, trigonelina, cafeico y quercetina, que tienen una poderosa acción antiinflamatoria y que pueden incluso contribuir a la protección contra las enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer. Esto quiere decir que los beneficios van más allá de mantenernos alerta. 

En el caso del té, además de la famosa L-teanina, abundan unos poderosos antioxidantes llamados catequinas. La más estudiada es el galato de epigalocatequina (EGCG), un compuesto que, según una amplia revisión de estudios, tiene efectos neuroprotectores, antiinflamatorios y la capacidad de promover la neurogénesis (la formación de nuevas neuronas). Esto se traduce en un menor riesgo de deterioro cognitivo y mejoras en la memoria, la función ejecutiva y el estado de ánimo.

En teoría, tomar L-teanina junto con cafeína debería reducir el nerviosismo y prolongar sus efectos, pero aún no se ha podido demostrar"

Francesco Visoli investigador de la Universidad de Padua

Los tipos de té y la preparación

Como ocurre con cualquier producto derivado de plantas en su estado natural, el té puede presentar grandes variaciones. “No es lo mismo comprar un té en el supermercado que en un sitio especializado, cambia mucho la calidad de la planta, y la gente no es consciente”, dice Loreto Pérez. “Depende mucho de dónde se cultiva, cómo se cultiva, cómo se recoge, qué parte de la planta se usa. Incluso si compras a granel, compras un montón de plantita triturada y realmente conoces la calidad”, añade la nutricionista.

Atendiendo a sus variedades, el té matcha, por consumirse la hoja entera, y el té negro, al ser el más oxidado, presentan el mayor contenido de cafeína, con aproximadamente 47-63 mg por taza, similar a un café espresso. Siguen por orden el oolong, el té verde y el té blanco, que es el menos procesado.

Al revés ocurre con el contenido en antioxidantes del té. El té verde y el blanco, que no se oxidan o se oxidan mínimamente, conservan altos niveles de catequinas. Los estudios confirman que el té verde presenta el mayor contenido de polifenoles totales y la mayor capacidad antioxidante, seguido muy de cerca por el té negro.

No acaban aquí las diferencias. La preparación también es determinante, ya que hervir el agua hace que las altas temperaturas degraden los compuestos beneficiosos del té. “Al final estás tomando agua caliente con sabor”, advierte Pérez. “Además, ¿cuánto tiempo lo tienes guardado? ¿En qué sitio de la cocina? Si lo tienes encima de la campana desde hace meses, apaga y vámonos”, concluye la especialista.

Elegir té o café es, finalmente, cuestión de gustos. Pero aunque busquemos estas bebidas por su cafeína, cuidar la calidad y la preparación nos puede traer muchos beneficios, tanto en salud como en sabor y disfrute.

Darío Pescador es editor y director de la Revista Quo y autor del libro Tu mejor yo.

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