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El otoño electoral alemán: no hay motivos para el pesimismo

22 de septiembre de 2026 22:08 h

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Si el resultado de las elecciones celebradas en Sajonia-Anstalt se hubiera repetido en Meckelembourg-Pomerania y en Berlín, los motivos de preocupación serían más que considerables. Pero no ha sido así. Con estos resultados y con un sistema electoral tan proporcional como es el alemán es sumamente improbable que Alternativa para Alemania pueda convertirse en el partido que ocupe la Cancillería en las próximas elecciones federales. 

Es lo que se deduce del resultado electoral conjunto de los tres Länder en los que ha habido elecciones este otoño, que encajan relativamente bien con lo que indican los estudios de opinión para unas próximas elecciones federales. La dificultad para que se constituya Gobierno en Sajonia-Anstalt frente a la relativa facilidad con que se constituirá en los otros dos Länder, supondrá un obstáculo adicional para Alternativa para Alemania en las próximas elecciones federales. 

Con un sistema electoral genuinamente proporcional como el que tiene Alemania, no parece que Alternativa para Alemania pueda llegar a una posición que le permita gobernar la Federación. 

Teniendo en cuenta, además, que los instrumentos que figuraban en la Constitución de Weimar, de los que pudo hacer uso Adolf Hitler para poner fin a la democracia, no figuran en la Constitución vigente, existiendo, por el contrario, controles para impedir una deriva como la que se produjo en los años treinta, se puede anticipar que no es en Alemania donde está el mayor peligro para la democracia. La solidez de la experiencia democrática de los últimos casi ochenta años en Alemania no se pueden perder de vista. 

En Alemania se está produciendo el fin del bipartidismo imperfecto, que ya se ha producido en los demás países europeos. La CDU-CSU y el SPD, que con el Partido Conservador y el Partido Laborista han estado en el centro de la experiencia democrática europea, han dejado de ser lo que eran. El sistema de partidos bipolar que ha dominado después de la Segunda Guerra Mundial en los grandes países europeos, Reino Unido, Alemania, Francia, Italia a su manera hasta Berlusconi y España a partir de 1979, se está viniendo abajo con carácter general. 

Los resultados electorales en los grandes países europeos son más imprevisibles y las dificultades para formar Gobierno son cada vez mayores, pero, si nos mantenemos dentro del continente europeo, no se ve en el horizonte un riesgo existencial para la democracia. 

Otra cosa es la deriva que pueda producirse con los resultados de las elecciones de mitad de mandato del próximo 3 de noviembre en Estados Unidos. Dichas elecciones, aunque formalmente son exclusivamente americanas, materialmente son mucho más. 

Es obvio que, si el Partido Republicano saliera reforzado el 3 de noviembre, la deriva hacia la derecha en el 2027 electoral europeo podría ser notable, pudiendo llegar a impactar a la propia supervivencia de la Unión Europea tal como la conocemos.

Especialmente porque en marzo tendrán lugar las elecciones a la presidencia de la República en Francia, en las que está mucho más en juego de lo que ha estado en las tres elecciones regionales en Alemania. 

No menos obvio resulta que, si los resultados del 3 de noviembre responden a lo que están pronosticando las encuestas, el impacto que la derrota de Donald Trump y del Partido Republicano tendría en el resto del mundo en general y en Europa en particular sería más que notable.

Hay mucho partido todavía y, con el resultado del otoño electoral alemán, no hay motivos para que cunda el pesimismo.