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Cultura

Concha Velasco, irrepetible

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El no va más, incombustible e inclasificable, Concha Velasco ha anunciado hoy que se retira de las tablas cuando concluya la gira de "El funeral", que estrena mañana en el Teatro Calderón de Valladolid, la ciudad donde nació hace 78 años.

Su desmedida vocación, la pasión y gran verdad en todos sus empeños, artísticos y profesionales, han adornado una trayectoria polifacética como bailarina, actriz de cine, teatro y televisión, cantante y presentadora, uno de los rostros más queridos, populares y prolíficos de la escena española durante los últimos 64 años.

Concepción Velasco Varona (Valladolid, 1939) ha anunciado esta mañana que se "corta la coleta", utilizando una expresión taurina y castiza, pero no despeja del todo las dudas, como los diestros que después de prescindir del postizo han regresado a los ruedos ávidos de sensaciones y del calor de los públicos.

Manuel Marsó, director de cine, de teatro e hijo de la veterana actriz, será el encargado de desprender el añadido a su progenitora, un día antes de que el alcalde de Valladolid, Óscar Puente, le entregue la medalla de la ciudad donde nació, un 29 de noviembre de 1939 en el número 2 de la calle Recondo, hija de una maestra depurada por el franquismo y de un militar del arma de Caballería.

No se llegó a acostumbrar al frío de la meseta porque hasta los diez años vivió en el Sahara, destino militar de su padre, y de regreso a la Península se estableció en Madrid, donde estudió danza clásica y española.

Debutó como bailarina en el Cuerpo de Baile de la Ópera de A Coruña y en la compañía de Manolo Caracol como bailaora flamenca antes de estrenarse como vicetiple en la de Celia Gámez, dentro de unos comienzos que delatan su premeditada formación y exigencia personales.

Ello explica también la gran versatilidad y recorrido de quien atesora dos premios nacionales de teatro (1972 y 2016) y guarda un Goya de Honor para distinguir un itinerario que abrió en el cine con "La reina mora" (1954) y en las tablas con la revista "Ven y ven al Eslava" (1959).

Inquieta e inconformista, Concha Velasco no se ha anclado en prototipos ni clichés, ni encallado en cuantos proyectos ha afrontado y que los públicos cuentan y recuerdan por los personajes que representó: una muchachita de Valladolid, la fierecilla domada, la chulapa madrileña o una chica ye-ye.

Desde una prostituta ("La colmena") hasta una santa y mística ("Teresa de Jesús"), la vida de Concha Velasco ha estado cuajada de sobresaltos como empresaria y productora, que ha añadido a los nervios de los estrenos, fatigas de los viajes y achaques de la salud, propios de un oficio que ha brindado hasta a tres generaciones de espectadores.

Su gran variedad de registros prácticamente la hacen única, desde la ópera al flamenco, desde la revista al musical, del teatro clásico y el drama a la comedia, hasta resumir e identificar determinadas épocas, como la que le unió al actor Tony Leblanc y al director Pedro Lazaga en numerosos filmes, más de ochenta a los que al menos añadirá uno más.

"He cumplido 78 años y cada vez me siento más de Valladolid. No me importaría vivir aquí los últimos años de mi vida", ha reflexionado esta mañana en una emotiva intervención, a veces soliloquio, donde ha evocado episodios de infancia como sus tías sombrereras en la plaza Mayor de la capital del Pisuerga.

Ha invocado también a su madre, maestra depurada por el franquismo por sus ideas socialistas, quien después de ser restaurada tras la victoria socialista en las elecciones generales de 1982, dedicó el primer sueldo recobrado a la compra de una cámara de proyección que regaló a su nieto Manuel Marsó.

Este es el hijo primogénito de la actriz y del productor Paco Marsó, fallecido en 2010, y que dirigirá a su madre en la obra postrera de su carrera, quien a su vez le entregará el relevo en una doble ceremonia de corte de coleta y toma de alternativa con dos únicos protagonistas.

Concha Velasco tiene la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo (2009), un Goya de Honor (2012) y la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio (2016).

Roberto Jiménez.

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