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Tango, billar y política, entre los secretos del nonagenario del Palacio Salvo

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Tango, billar y política, entre los secretos del nonagenario del Palacio Salvo

Tango, billar y política, entre los secretos del nonagenario del Palacio Salvo

El tango, el billar y la política son algunos de los muchos secretos y anécdotas que esconde en sus 95 metros el Palacio Salvo, un edificio montevideano que llegó a ser el rascacielos más alto de Sudamérica y que cumple hoy 90 años.

A finales del 2016, en la planta baja de este edificio de 27 pisos, se abrió el Museo del Tango, espacio en el que con dos estrellas en el suelo se marcó el lugar específico donde se sentaba la orquesta de la antigua confitería La Giralda, donde el 19 de abril de 1917 se estrenó el himno del tango, "La Cumparsita".

"Quién la interpretó fue Roberto Firpo, que era un director de orquesta argentino muy conocido en la región, y lo tocó aquí mismo hace 101 años ", explicó a Efe el guía de la pinacoteca, Germán Bareiro, quién, además, señaló que este tema lo compuso Gerardo Matos Rodríguez bajo los efectos de la fiebre, cuando era un adolescente.

El lugar está ambientado como un bar de finales del siglo XIX y de sus paredes cuelgan diversas fotos de época y documentos como la copia original de la venta del derecho de autor por 50 pesos uruguayos, cantidad que hoy en día equivaldría a unos mil pesos (cerca de 30 dólares).

En las primeras plantas del edificio, diseñado por el arquitecto italiano Mario Palanti (1885-1978), aún se pueden ver las escaleras de mármol y las vidrieras de vivos colores, que fueron traídas desde Europa para su confección.

Llama la atención que en medio de ese panorama esté "La Casa del Billar", un club que según relató a Efe su gerente, Omar Ruben Suárez, es un santuario en que solo tiene lugar la pasión por el billar y no hay cabida para los gritos y las rocolas.

El empresario uruguayo también resaltó que en la decena de mesas del billar han jugado desde políticos hasta músicos o deportistas.

"Se juntaba un senador con un trabajador, los niveles no importaban, se fundían todos por el amor al billar", recalcó Suárez, que cuanta que hoy en día gracias a la internet también recibe la visita de muchos turistas.

Pero no solo negocios acoge este alto edificio de hormigón armado, ya que son muchas las personas que deciden vivir en esta curiosa edificación, algunos de ellos hasta famosos, como es el caso del que fue ministro de Transporte y Obras Públicas de Uruguay durante la Presidencia de José Mujica, Enrique Pintado (2010-2015).

Sin embargo, su inquilino más antiguo es Abelardo García Viera, quien desde las vistas a la plaza Independencia de la torre este del piso decimonoveno contó a Efe que se mudó al Palacio Salvo hace medio siglo porque desde que era niño le fascinaba su arquitectura y majestuosidad.

"El palacio está lleno de molduras y de viva, y yo diría que es un revival del gótico y del renacentista", apuntó el historiador octogenario.

En este sentido, dijo que le gusta el verso: "El rascacielos es una jirafa de cemento armado con la piel manchada de ventanas", que escribió el poeta montevideano Alfredo Mario Ferreiro (1899-1959).

"Todas las definiciones vienen bien y hay que crear mitos, porque los mitos acrecientan la imaginación y dan prestigio a los edificios y a las personas", comentó.

No obstante, no le gusta la comparación del arquitecto suizo-francés Le Corbusier (1887-1965), quien dijo que el edificio era como "un enano con galera".

"A Le Corbusier no le gustaba este estilo, que es un estilo recargado", apostilló el también coleccionista de libros, que añadió que en su opinión los diseños del arquitecto europeo son "aburridos por sus fachadas lisas" y que sus casas, por lo general, son "inhabitables".

Otra característica que García Viera destacó es que este icono de la capital más austral del mundo tiene un gemelo, el bonaerense Palacio Barolo, que unos años antes (entre 1919 y 1923) diseñó Palanti.

La idea del arquitecto italiano era conectar las dos capitales suramericanas con una línea de luz entre las dos cúpulas de las altas construcciones.

Aunque el residente del Palacio Salvo considera esta idea muy romántica, explicó que llevarla a la práctica es imposible pues "son muchos los kilómetros" que dividen a Buenos Aires de Montevideo.

Sarah Yáñez-Richards

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