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Vincent Lindon denuncia la agonía de la clase media en "La ley del mercado"

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Vincent Lindon denuncia la agonía de la clase media en "La ley del mercado"

Vincent Lindon denuncia la agonía de la clase media en "La ley del mercado"

La "brutalidad" de las normas no escritas que regulan la sociedad occidental o, de otro modo, a qué está uno dispuesto con tal de conservar un empleo son cuestiones que plantea "La ley del mercado", un filme en el que Vincent Lindon deja al descubierto la agonía de la clase media en Europa.

El actor francés se llevó el premio al mejor actor en el pasado Festival de Cannes por este trabajo, dirigido por Stéphane Brizé y que se estrena mañana en España. Casi todo el peso del guion recae sobre él, pero Lindon ha asegurado a Efe que es uno de los papeles que menos le ha costado de su carrera.

"Desgraciadamente el paro es algo tan común que no he tenido que investigar mucho. Además, no ha sido difícil ponerme en la piel de Thierry porque él es como yo, sólo que sin trabajo y de una casta social menos elevada", ha señalado durante una visita a Madrid, acompañado de Brizé.

"El desempleo afecta a todas las clases sociales", ha precisado el actor, que con su apariencia ruda y afable al mismo tiempo se ha especializado en papeles de condición humilde o comprometida en títulos como "Welcome" o "La crisis".

"Por el lado financiero es más difícil para un obrero que depende de ese sueldo para sacar adelante a su familia, pero también está la parte psicológica, sentir que no vales para nada, que tu país no te necesita, no tener nada que hacer en todo el día", ha insistido.

En "La ley del mercado" Lindon interpreta a un obrero de 51 años, con una mujer y un hijo, que lleva encadenados 20 meses de paro, enfrentándose a las más variadas formas de "humillación", sin malas intenciones, pero devastadoras: desde entrevistas impersonales por Skype a cursos que no valen para nada o consejos superficiales.

Cuando por fin encuentra un empleo como supervisor de las cámaras de seguridad en un gran supermercado, Thierry intenta dar lo mejor de sí mismo, pero las miserias morales que le rodean le obligarán a posicionarse.

"Mi personaje debe elegir entre el suicidio social y el suicidio ético", resume Lindon sobre la que supone ya su tercera colaboración con Brizé, después de "Mademoiselle Chambon" y "Quelques Heures de Printemps".

Brizé llevaba tiempo dando vueltas a este guion. "Más que de un instante preciso, esta película nace de la acumulación de información recibida a través de los medios, sobre lo que pasa en Francia, pero también en Grecia o aquí en España", ha explicado el director.

"La constatación de la creciente disparidad entre unos ricos cada vez más ricos, y unos pobres cada vez más pobres, y la desaparición de la clase media era algo que me daba verdadero vértigo", ha admitido.

Brizé considera "trágico" el hecho de que su filme se alimente "del fracaso de nuestra sociedad".

"Hemos llegado a un momento en que tener un trabajo es algo tan complicado, que eso otorga un poder enorme al empresario. Es como si alguien estuviese en un desierto con una botella de agua y se cruza con otro que no ha bebido en una semana, y le ofrece agua a cambio de hacer esto y lo otro", ha señalado.

Para inyectar una mayor dosis de realismo, Brizé ha rodeado a Lindon de un grupo de secundarios no profesionales. Guardias de seguridad, banqueros, cajeros o funcionarios de la oficina de empleo que aparecen en la película son reales.

"Nunca había trabajado con actores no profesionales", ha confirmado Lindon, "pero no es algo importante para mí. No hago ninguna distinción, todo el mundo tiene una primera vez. Conozco muchos supuestos profesionales que son unos 'amateurs' y al contrario, 'amateurs' que lo hacen extraordinariamente".

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