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El cómic que propone un viaje al más allá en el que los muertos temen sus sombras

David B. foto autor

Gerardo Vilches

17 de marzo de 2026 22:08 h

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El veterano dibujante David Beauchard (Nimes, 1959), conocido bajo el nombre artístico de David B., es uno de los dibujantes europeos más influyentes de su generación, que revolucionó el cómic francés, su obra magna, La ascensión del Gran Mal (1996-2003). Ahora publicado como Epiléptico, el libro se ha convertido en un longseller que trasciende generaciones. En aquella obra, David B. abordaba su historia familiar, marcada por la epilepsia de su hermano mayor, pero también dejaba constancia de su pasión por la mitología y la narración de historias que marcarían su obra posterior. De producción prolífica, David B. ha construido un universo propio, entre el folletín, el sueño y el mito, en el que destacan títulos como El jardín armado y otras historias (2006), Los sucesos de la noche (2015) o Diario de Italia (2019), sin olvidar su particular visión de Las mil y una noches, Hâsib y la reina de las serpientes (2017).

En su último cómic, David B. ofrece una historia que sintetiza todas sus virtudes como narrador. El señor Búho y el País de los Muertos (2026), publicado recientemente por Salamandra Graphic con traducción de Julia C. Gómez Sáez, propone un sorprendente viaje al más allá, al mundo en el que moran los muertos, en el que seguimos los pasos de Marie, una mujer a la que da miedo su propia sombra con forma de tigre, y que contará con la ayuda de un particular psicopompo, el señor Búho, en su búsqueda de una solución en el País de los Muertos.

En su visita a España para promocionar el cómic, hemos podido conversar con el autor, que explica que el origen de este se encuentra en un primer relato corto que adaptada un poema de René Daumal, escritor francés cercano al Surrealismo, que mostró una obsesión por la muerte en el transcurso de su corta vida, marcada por su interés en la espiritualidad y el misticismo. “En aquel poema de Daumal ya había elementos como lo de quitarse los ojos y sustituirlos por granos de sal para dormir cuando un vivo visita el País de los Muertos”, explica el dibujante. “Después de haber hecho este relato corto, que era la trasposición del poema a cómic, seguí trabajando en el concepto y desarrollé más a los personajes del Señor Búho y de Marie, y quise ampliar ese universo añadiendo algo personal, que fuera mi visión del más allá y del encuentro con la muerte”, continua el autor de Epiléptico.

En ese personaje de Marie, precisamente, se encuentra uno de los elementos más novedosos de la obra, ya que, de forma habitual, sus protagonistas son masculinos, trasuntos, muchas veces, del propio David B. En esta ocasión, el motivo se encuentra en su propia vida. “Cuando decidí hacer una novela gráfica sobre este universo, mi pareja de entonces, Marine, me dijo que se sentía totalmente identificada con Marie. Me dijo que esa chica que tenía miedo de su propia sombra era ella”, revela el autor. “Inconscientemente, la había convertido en el personaje. La realidad ha sobrepasado a la ficción, porque ella sufrió un cáncer y falleció antes de ver el libro terminado”. Así, de algún modo, el cómic se ha convertido en un homenaje a Marine.

“Conviví con mi pareja casi diez años, eso me permitía conocerla bien —afirma—. La quise mucho. Era una persona con mucha vitalidad, con mucha energía, con mucho sentido del humor. En el libro he querido transmitir eso. No es un personaje desesperado ni fatalista, sino que lucha. Tiene momentos de bajón, claro, pero, al igual que la persona real que yo conocí, siempre consigue reaccionar. Recuerdo que cuando estaba enferma tomaba mucha distancia al respecto, nunca se lamentaba. Se reía de su enfermedad”, recuerda David B.

Una mitología personal

En sus obras anteriores, David B. ha cultivado un gusto por la mitología y las viejas historias que evidencia sus eclécticas influencias, que van desde las religiones del Próximo Oriente antiguo hasta los mitos clásicos, pasando por las historias tradicionales chinas y japonesas. “Tengo influencias diversas, pero procuro desarrollarlas de forma coherente dentro de mi universo”, explica el autor, para quien, en El señor Búho y el País de los Muertos, la clave está en que se trata de “un mundo de la acumulación”. “Muchas veces parto de lo gráfico, de las cosas que me gusta dibujar —reconoce—. En el País de los Muertos, cada día llegan nuevos muertos, nuevos objetos y edificios abandonados. Todo lo que muere en la víspera desembarca allí. Quería transmitir esa sensación caótica, de que no tienes nada a lo que agarrarte, mientras que los que moran en ese mundo siguen anclados en el pasado, repitiendo lo que hacían en vida”, desarrolla David B.

Varias viñetas de 'El señor Búho y el País de los Muertos'

La disrupción llega cuando es una persona viva como Marie la que visita ese mundo, en el que tiene que disfrazarse con un vestido especial, hecho de su sombra, para pasar desapercibida y que Cerbero, una criatura que es tres al mismo tiempo, no la pueda oler. “Es un falso mundo de vivos, es apariencia”, dice el autor. “Si estás vivo en ese mundo puedes disimularlo con ciertos trucos, que ya estaban en el poema de Daumal, como ponerte una palabra en la frente, taparte la boca con tu propia sombra mientras comes…”. En el proceso de elaboración de la obra el mundo en el que transcurre la historia se ha ido construyendo poco a poco, como nos explica David B.: “Tardé mucho en escribir el libro. Me quedaba atascado en algunas etapas, no sabía por dónde avanzar. Quería que Marie encontrara algo, pero no sabía qué… todo eso me lo he ido inventando sobre la marcha”.

Dibujar sueños

En el proceso de trabajo de David B. la intuición y la improvisación juegan un papel importante, ya que muchas veces sus historias se desarrollan con la lógica onírica, algo que ha tenido una gran importancia en su carrera, hasta el punto de dedicar obras enteras a dibujar sus propios sueños. Pero, según nos explica, resulta difícil trasladar los sueños al papel mediante el dibujo. “Cuando intento dibujar los sueños, tengo un recuerdo muy preciso, pero cuando intento concretar, todo se diluye y se borra”, comenta. “Te das cuenta de que son mucho más impresiones que cosas. Hay detalles de los que te acuerdas, pero todo lo demás es sumamente difuso. El dibujo es preciso, por lo que más bien tienes que hacer una trasposición del sueño. Es muy difícil transcribir un sueño con precisión, y no hay que intentar hacerlo. Los sueños son impresiones, sentimientos”, concluye.

Lo mitológico, muy presente en la obra de David B.

Pese a las dificultades, David B. no podría renunciar a esta estrategia narrativa. “Es un ejercicio de dibujo y de adaptación. Me gusta hacerlo porque me aporta cosas distintas. Lo que veo en sueños son cosas que no podría imaginarme despierto”, reconoce.

El dibujo puro, el acto en sí de dibujar, resulta de vital importancia para este autor francés. En un momento en el que gran parte de la profesión recurre a herramientas digitales de diverso tipo, David B. se aferra al lápiz y a la tinta, que, nos dice, le provocan una alegría especial. “Lo único que sé hacer es dibujar a mano. Intenté dibujar con el ordenador pero no es lo mío. Me gusta sentir cómo la pluma rasca el papel”, confiesa.

De hecho, en sus historias casi siempre parte del dibujo, según nos relata. “En este libro, mi intención era hacer cosas que fueran peripecias que pudieran integrarse en la historia, pero que, al mismo tiempo, fueran cosas bonitas de dibujar. Hay una cohesión entre ambos”, afirma. Y esto es especialmente evidente en el propio escenario, una ciudad bulliciosa, llena de figuras y objetos que cambian de una viñeta a otra, y que recuerdan al París de los años de entreguerras.

Varias viñetas del cómic 'El Señor Búho y el País de los Muertos' de David B.

“Me encanta París, he vivido allí muchos años”, explica David B. “Me gusta la estética de las películas de los años 20 y 30 que transcurrían allí —continúa—. Hay referencias a eso en el libro, los restaurantes, los pequeños cafés. Los policías que ayudan a Cerbero llevan uniformes de esa época. Me interesaba también trabajar con la clandestinidad de esos momentos, con cómo un personaje puede sobrevivir en un mundo como ese”, afirma el autor.

L’Association

El señor Búho y el País de los Muertos supone el regreso de David B. a L’Association, una editorial independiente de la que es miembro fundador desde 1990, y que ha sido referencia para cualquiera que haya querido dibujar cómics en Francia al margen de la gran industria. “Cuando empezamos con la editorial, llegamos en un momento favorable para una renovación de la novela gráfica”, explica el autor. “Por eso la editorial creció mucho. Tuvimos un gran éxito con Persépolis (2000-2003) de Marjane Satrapi. Luego ha habido una explosión de la edición independiente en Francia. Han aparecido muchas editoriales pequeñas y eso ha multiplicado las posibilidades de publicar para los jóvenes autores, y hemos dejado de ser la editorial vanguardista que éramos. Nos hemos hecho mayores, como todo el mundo”, reconoce David B.

La situación económica en el sector no es buena, tal y como confirma el dibujante: “la verdad es que tenemos muchos aprietos económicos, como todas las editoriales en Francia, porque ha disminuido el número de lectores, el precio del papel ha subido mucho después de la pandemia. Las cosas están bastante difíciles, pero intentamos seguir en la brecha”. Con 67 años y dos obras en proceso —una de ellas, la segunda parte de Epiléptico—, David B. no parece pensar en la retirada. “Para mucha gente el libro en papel tiene las horas contadas, pero es lo único que yo sé hacer”, concluye, con una sonrisa serena en la cara.

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