Ulli Lust, la dibujante que desmonta la “imagen deprimente que tenemos de las mujeres del pasado”
Desde que hace décadas comenzara a interesarse por el cómic documental y los reportajes dibujados, Ulli Lust (Viena, 1967) es una de las autoras de cómic más preemientes de la escena alemana. Profesora en la Escuela de Arte de Berlín-Weissensee, es también autora de dos novelas gráficas que se cuentan entre lo mejor del género autobiográfico en Europa: Hoy es el último día del resto de tu vida (2011) y Cómo traté de ser una buena persona (2019).
Su más reciente proyecto es un libro sorprendente, que abandona el terreno de la autobiografía, pero no el de la no ficción. La mujer como lo humano. Al principio de la historia (Garbuix Books, traducción de Marta Armengol) es un ensayo, un estudio académico fruto de 25 años de lecturas y documentación que se sumerge en la prehistoria para descubrir el papel de las mujeres en las sociedades cazadoras recolectoras, así como la función de las abundantes muestras de arte mueble con forma de figuras femeninas. Con un enfoque abiertamente feminista, como es habitual en sus trabajos, Lust expone las teorías más recientes, reflexionando sobre ellas y aportando una impecable narración visual que, lejos de simplificar la información, permite abordarla con mayor profundidad y riqueza.
“Me dirijo a la gente a la que esta temática le interesa —afirma Lust, en conversación con elDiario.es—, y quiero que el lector piense también, que se esfuerce”. Frente al didactismo de muchas obras en las que prima la accesibilidad, la dibujante escoge otro camino. “Hay un montón de cómics educativos que tratan a los lectores como alumnado, y esto es algo que he intentado evitar. Aunque la voz narradora es la mía y soy yo quien aparece a veces introduciendo los temas, nunca he querido adoptar el rol de profesora explicándote las cosas. Me parece que eso sería muy aburrido”, indica.

Habitualmente, la imagen que se ofrece de las mujeres del Paleolítico en la cultura de masas —pero también en material educativo y científico— está mediatizada por los estereotipos configurados en el siglo XIX, como apunta Ulli Lust. “Hasta hace poco, las representaciones científicas de la prehistoria mostraban a las mujeres únicamente cuidando a los bebés y cosiendo, pero eso responde a los prejuicios de nuestra propia sociedad: el hombre es el proveedor y la mujer es la ama de casa. Pero las sociedades cazadoras recolectoras no funcionan así. Las mujeres recogían frutos porque necesitaban alimentar constantemente a su prole, y no podían esperar a la caza. Pero no todas las mujeres tenían hijos, y muchas cazaban”, desarrolla la autora.
En efecto, las investigaciones más recientes han roto muchas ideas preconcebidas en torno a los roles de las mujeres en el contexto de las sociedades nómadas, apoyadas en estudios genéticos. Tal y como explica Lust, “se han encontrado muchos esqueletos robustos con armas en sus tumbas, que se pensaban que eran de hombres, pero que los estudios genéticos han revelado que corresponden a mujeres”.
En cualquier caso, La mujer como lo humano intenta desmontar la jerarquía de ocupaciones y se centra en otras claves: si las sociedades cazadoras recolectoras del Paleolítico sobrevivieron a circunstancias tan adversas fue gracias a los cuidados y al apoyo mutuo. Lejos del tópico de la violencia prehistórica, se nos muesta ternura, cooperación y capacidad para la imaginación. Para Lust, por tanto, la clave no está tanto en demostrar que las mujeres también cazaban como estrategia para reivindicar su papel, sino en desmontar esa jerarquía. “Otras funciones eran importantes para la supervivencia, no todo giraba en torno a conseguir carne de los animales. Pero parece que si las mujeres no hubieran cazado no habrían sido tan importantes como los hombres”, advierte.
Imágenes de mujeres
El arte juega un papel muy importante en el libro, ya que la manera de representar el cuerpo femenino es clave para entender el papel social de las mujeres. Se ha debatido mucho en torno a las funciones de las estatuillas femeninas —magníficamente dibujadas por Ulli Lust—, como la Venus de Willendorf. “Hace como veinte años descubrí todo el simbolismo de las figuras femeninas de la prehistoria, las cuevas que podrían simbolizar úteros… estas ideas poéticas, metáforas en las que pensaban nuestros ancentros”, cuenta Lust. “Debido a nuestra herencia cultural, la idea que tenemos del pasado cuando nos fijamos en las mujeres es deprimente, siempre luchando con las mismas opresiones”, critica la autora. “Pero estas figuras líticas nos hablan de otra visión, de mujeres que eran respetadas; esas figuras eran importante para ellos. Eran mujeres desnudas, pero no creo que fueran para propósitos sexuales; el desnudo no era erotizado como en nuestra época, ya que en aquellos momentos no era un tabú”, dice.
Ulli Lust, quien también cree que esas figurillas eran hechas por las propias mujeres, dedicó mucho tiempo a documentarse y pensar sobre qué aspecto darles en sus páginas, ya que no existe mucha información al respecto más allá de especulaciones. “Intenté reconstruir los rostros a partir de unos pocos esqueletos que se han encontrado. Lo que se conoce como gente cromañón, los primeros homo sapiens, eran muy grandes, pero hay problemas para determinar el color de la piel, por ejemplo. Yo creo que eran más oscuros. Y el pelo fue un problema, porque no sabemos si lo tenían liso o rizado, o si se parecía más al pelo de las mujeres africanas, igual que no sabemos si los hombres tenían mucha barba, si se la afeitaban…”, desarrolla la dibujante.
En general, la documentación académica fue fundamental para la autora, que siempre intentó ser “fiel a la ciencia”. “Si podía encontrar evidencias, hechos, representaba esos hechos, porque para mí es importante que la representación del pasado sea lo más científica posible”, explica. Sin embargo, como sabe cualquier persona que investiga la época prehistórica, llega un punto en el que no puede evitarse especular. “Muchas veces simplemente no tenemos ni idea de cómo era algo, y entonces tuve que hipotetizar sobre los restos arqueológicos. En ese sentido, mi intención a veces es plantear preguntas acerca de lo que sabemos, y que sean los lectores quienes continúen leyendo sobre el tema para encontrar las respuestas”, reflexiona Lust.
Otro de los desafíos que se afrontan al estudiar la historia de las primeras comunidades humanas es la velocidad a la que los hallazgos pueden quedar desfasados o cambian las cronologías, algo que obligó a Ulli Lust a modificar algunas cosas sobre la marcha. “La cronología es siempre complicada, porque hasta hace 20 años se pensaba que los métodos de datación eran más precisos, y ahora se asume que puede haber una cierta divergencia, de 5.000 años, así que es complicado datar artefactos o establecer qué fue primero”, explica la autora, que también expone un caso concreto muy revelador: “La Venus de Willendorf estaba datada en una fecha que no correspondía al estrato en el que apareció, mientras que otra supuestamente más moderna, la Venus de Checoslovaquia, aparece en un estrato más antiguo”.
Para intentar resolver esa cuestión, Lust escribió al arqueólogo encargado de Willendorf preguntándole. “Su respuesta fue: ‘Hey, chica, ¿por qué quieres saber eso?’. Aparentemente, los viejos arqueólogos no están capacitados para hablarle a una mujer con normalidad. Le escribo en calidad de profesora universitaria, y su respuesta es: ‘¡Hey, chica!’”, ironiza Lust. Con los responsables del yacimiento de la Venus de Checoslovaquia tuvo más suerte. “Me aclararon que, según su datación, esta figura era definitivamente más antigua que la de Willendorf. Pero la gente de la República Checa no es tan buena en las relaciones públicas”, bromea.
Un proceso mágico
Organizar todo el material y darle una forma de libro no fue fácil, en un proceso creativo que le ha llevado siete años, en los que ha realizado, en realidad, dos libros: la segunda parte aparecerá dentro de poco. “Estaba casi terminada cuando apareció la primera —cuenta Lust—. Querría haber hecho un solo libro, pero necesitaba un formato más grande de lo habitual y no funcionaba bien como objeto con tantas páginas. Solo me falta terminar algunas escenas”. En esa segunda parte, además, habrá mayores dosis de ficción, porque Lust expondrá sus propias ideas acerca de la función que cumplían las figuras femeninas. “Siempre me he interesado por las leyendas y el folklore austriaco, los cuentos de hadas y esas cosas, y todo esto va a estar mucho más presente en la segunda parte, mientras que la primera es más científica”, adelanta la dibujante vienesa.
Teniendo en cuenta la envergadura de la obra, Lust intentó ser ordenada desde el comienzo: “Mi método es empezar por el principio. Suena simple, pero sirve para no ser muy caótica. En este proyecto tuve que acabar reorganizando muchas cosas, pero empecé por el principio, investigando sobre el tema, y pensando en qué pueden hacer los cómics dentro de ello. Leía mucho, intentaba buscar la primera escena de cada capítulo. Es un proceso misterioso, pero que funciona si lleno mi cerebro con información. Pero tenía una cantidad monstruosa de material. Iba acumulando notas, frases apuntadas en papeles, storyboards… Y poco a poco se va desarrollando este proceso mágico, algunas frases empiezan a ”brillar“ por sí solas y sabes que las incluirás. Fui capítulo a capítulo, pero cuando empecé no sabía cómo iba a acabar”, detalla Lust.
La mujer como lo humano también ha resultado un reto en lo puramente formal. Muy diferente de sus libros anteriores, surge, en realidad, de la misma idea por parte de su autora. “En el cómic tienes diferentes herramientas que puedes usar o no en cada obra. La comunicación visual es un campo muy amplio… con diferentes estilos de dibujo y todo lo que tiene que ver con el lenguaje en sí: estructura, ritmo”, afirma Ulli Lust. Consciente de que es necesario pensar cada libro como una obra independiente y saber qué es lo que puede funcionar, Lust parte de sus primeras lecturas. “Yo empecé a leer cómics a través de obras periodísticas y documentales, no de fantasía. Siempre me ha interesado más el mundo real. Si fui de lo periodístico a lo autobiográfico fue porque pensé que en mi propia vida había un buen material para contar”, explica. “Es como experimentar en distintas lenguas. Lo que me interesa es encontrar el ritmo, la estructura y el concepto adecuados para cada narración”, continúa.
Cuando Ulli Lust habla del tiempo dedicado al proyecto y a la documentación, siempre puntualiza que es perfectamente consciente de que ella puede hacerlo porque tiene un trabajo fijo en la universidad, pero también porque sus anteriores libros funcionaron muy bien y obtuvieron diversos premios. “No tengo que probarle nada a nadie, así que puedo lanzarme a hacer lo que me gusta. El único riesgo es hacer una mala obra, pero eso siempre está ahí”, reconoce. De hecho, ni siquiera buscó inicialmente editorial: “No quería ninguna presión, porque era un proyecto extraño, y necesitaba mucho tiempo para desarrollarlo”.
Una vez en las librerías, La mujer como lo humano no podría haber empezado mejor: ha obtenido el prestigioso Premio Alemán del Libro de No Ficción en 2025, un galardón que nunca antes había ganado un cómic. “Ni siquiera eran considerados para este premio hasta este año”, afirma Lust. “Los alemanes tienen un largo historial en lo de no tomarse las imágenes muy en serio. Ni siquiera los fotolibros podían optar a este premio. Cuando me nominaron, me emocioné mucho”, confiesa.
Como en el resto de Europa, no hace tanto, el medio era visto como algo infantil, como confirma la creadora: “Si tratabas un tema serio en un cómic, la gente pensaba que lo estabas devaluando. Pero en estas décadas las novelas gráficas han ido alcanzando una audiencia más amplia, y puedes tratar cualquier tema dirigiéndote a personas adultas. El premio demuestra que los cómics han entrado en la esfera cultural alemana y se nos toma en serio. Nadie se sorprendió de que un cómic se haya llevado este premio tan prestigioso; aunque yo sí lo estaba”, comenta mientras ríe. Pronto, la segunda parte de este ensayo visual verá la luz. Pero el proyecto no acaba ahí, ya que Ulli Lust ya está pensando en una tercera parte “que irá más allá de la Edad de Hielo”, y que cree que le llevará “unos cinco años”. Lo estaremos esperando.
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