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De Simenon a Maigret, el gusto por “la buena cocina”

De Simenon a Maigret, el gusto por "la buena cocina"
Barcelona —

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Barcelona, 4 oct (EFE).- El gusto por “la buena cocina” está presente en Simenon y Maigret, y las páginas de sus novelas se llenan de comidas abundantes, recetas de cocina tradicional y buenos vinos y licores, recopilados en un libro del gran crítico gastronómico de Le Monde Robert J. Courtine.

Courtine (1910-1998), que a veces firmaba como La Reynière, era un enemigo confeso de la “nouvelle cuisine” y defensor de la cocina tradicional, y en los años 40 conoció y se hizo amigo de Georges Simenon.

En el prólogo de una nueva edición de este libro, que ahora publica Vibop (“Simenon i Maigret s'entaulen”), Xavier Pla recuerda que Simenon es “el maestro de la creación de ambientes, de la evocación de unas atmósferas realistas”, y por eso no puede extrañar al lector que “cuando el comisario Maigret vuelve a casa, al famoso número 130 del Boulevard Richard-Lenoir de París, en la cocina suele esperarle siempre una olla humeante que llena de olor todo el piso”.

Para Maigret, añade Pla, es “un momento de felicidad, de emoción sensorial, de satisfacción estética, lejos de los bocadillos adocenados y la cerveza fresca que a menudo tiene que tomar rápidamente en el bar que hay delante del Quai des Orfèvres, la sede de la policía judicial donde trabaja”.

Por encima de todo, Maigret no quiere estar en París sin su mujer Louise, alsaciana, que combina las antiguas recetas de la infancia de Simenon, en Lieja, como la sopa de cebolla o los mejillones con patatas fritas, con platos de la cocina regional francesa, desde las “andouillettes” hasta la bullabesa, del fricandó a los pasteles de albaricoque o de chocolate, regados con vinos populares alsacianos o de Burdeos.

Xavier Pla establece paralelismos entre Simenon y Josep Pla, que coincidieron en París, aunque no consta que se encontraran, y que tenían algún amigo en común, como el pintor catalán Pere Créixams.

En cambio, sí se sabe que Pla visitó varias veces a Simenon en los años 30 en la isla de Porquerolles -cerca de Marsella-, una de ellas en 1937, cuando el belga escribió en su retiro de la Costa Azul “Monsieur La Souris” y “El hombre que miraba pasar los trenes”.

Para Simenon, como para Josep Pla, “la cocina es un arte empírico, en el que cuentan esencialmente los (buenos) resultados; pero también es un arte normativo, en el que se han de seguir unas reglas tradicionales”, pues “los experimentos y las revoluciones tienden a fracasar”, señala el prologuista.

En el texto, Courtine repasa la cocina que comió Simenon desde su infancia en Bélgica, que mezclaba la cocina alsaciana de los Simenon con la de su madre, a caballo entre Holanda y Alemania; la que comía en Francia en sus múltiples desplazamientos, los restaurantes que más frecuentaba en París.

La editora de Vibop, Montse Serra, destaca que en el libro, Courtine descubre “el Simenon que traslada sus conocimientos y preferencias culinarias al comisario Maigret”, hasta el punto que Courtine apunta: “los exegetas todavía se preguntan en qué proporciones Simenon es Maigret y Maigret es Simenon...En la mesa, en cualquier caso, son uno”.

El propio Courtine fue el impulsor de la colocación de placas identificativas en varios restaurantes parisinos frecuentados por Maigret, como el Fouquet's, primero que visitó cuando llegó a París y que sale 50 veces en su obra; También L'Impasse, Le Petit Tonneau, La Ferme des Mathurins, Chez Benoît, La Côte de Boeuf o la Taverne Henri-IV.

Tras este recorrido gastronómico del autor de la pipa, el libro recoge en la segunda parte el cuaderno de recetas de Madame Maigret, todas aparecidas en las novelas protagonizadas por el inspector.

Madame Maigret no sólo es “el amor ideal” de Simenon, sino también la madre que le habría gustado tener.

En ese recetario tienen cabida una vichyssoise, una sopa de cebolla, las andouillettes, una quiche de Tours, una pizza napolitana, la tortilla de finas hierbas, vieiras 'grand langoustier', bogavante con mayonesa, caracoles a la manera de Alsacia, lenguado a la manera de Dieppe, la caldereta, la liebre a la Royale, la pularda estofada, el hochepot de Gante o la pierna de cordero a la bretona.

En alguien tan “gourmand” como Maigret no pueden faltar unos postres dulces, como el pastel de manzanas del Bajo Rin, el pastel de albaricoques y frangipane, las crêpes suzette o el pastel de arroz de Normandía.

Con este volumen, Vibop inicia la serie “Comisarios y detectives gourmands”.

Jose Oliva

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