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Entrevista

Cristina Rota, la gran maestra del cine español: “La ideología no se negocia”

La actriz, productora y profesora de interpretación Cristina Rota

Laura García Higueras

24 de junio de 2026 22:00 h

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“Fui creciendo en el deseo de que el arte no esté divorciado de la emoción, el pensamiento, el amor y el sexo, de la misma manera que no se puede divorciar el presente del pasado. Este presente nuestro se quedaría colgando llenándose de polillas si el pasado no le alimentara la memoria”. La actriz y profesora Cristina Rota fue nutriendo esta forma de pensar desde que, estando aún en el instituto, marchó de gira por primera vez con una compañía de teatro. En 1978, después de que su pareja desapareciera, emigró junto a sus dos hijos, los actores Juan Diego Botto y María Botto, a España. Estaba embarazada de su tercera hija, la también actriz Nur Levi.

Este es uno de los episodios que relata en Una historia de teatro y resistencia (Grijalbo), la autobiografía que publica a sus 81 años. “Todos tenemos que prepararnos para resistir y no negociar”, defiende tras una vida en la que, más allá de su compromiso social y político, se ha convertido en la gran maestra del cine español, a través de su escuela de interpretación que abrió en 1979 y en la que ha formado a figuras como Penélope Cruz, Antonio de la Torre y Alberto San Juan. “Es inhumano lo que se hace ahora con los exiliados”, critica.

En su libro lleva a cabo un generoso repaso por su vida, con episodios muy luminosos, pero también muy duros, ¿qué le ha aportado revisarlos?

Escribí siempre pensando en las historias de tantos hombres y mujeres que, desde el principio de los tiempos, han sufrido y sufren en la otra punta del mundo. Parece que no nos entra que todos vivimos cercados por un mismo mar y cobijados por un mismo cielo. Siendo tan mayor ya, estoy muy afectada con tanto desamor, tanta impiedad, tanta guerra, tantas ganas de destrozar al otro y hundirnos todos. Desde los romanos es costumbre que, porque no se hunda un sistema, se hunda todo.

Este es un túnel del tiempo que duele mucho, como si te clavaran cuchillos. Si tuviéramos más presente la memoria y no quisieran saquearla ni quemarla, podríamos atajar mejor todos los peligros que siguen acechando y cada vez más nuestro mundo presente. Evitaríamos tanto dolor.

Si tuviéramos más presente la memoria y no quisieran saquearla ni quemarla, podríamos atajar mejor todos los peligros que nos siguen acechando y cada vez más

Cristina Rota Actriz, profesora y productora

El libro es en sí una clara reivindicación de la memoria, ¿cómo ve la actitud de determinados partidos políticos, en especial de la extrema derecha, que la menosprecian o vapulean?

Cómo no van a querer saquearla. Si destruyen la palabra escrita es precisamente porque es eterna. Solo quieren censurar, pero el sistema siempre se ha pasado intentando quemar la memoria. Y ahora más que nunca porque están muy asustados. Y no tendrían por qué, porque nosotros no estamos haciendo nada. Están saqueando la sanidad y la economía, y no hacemos nada. La memoria nos permite amar, entre otras cosas. Es la gran propulsora del amor.

Identifica a los artistas como agentes de resistencia, ¿es algo que los compañeros dan por hecho o existe miedo a pronunciarse por las posibles consecuencias?

La gente vive el teatro como una resistencia desde el principio de los tiempos. A través del movimiento de la expresión oral y gestual, las artes escénicas pueden movilizar a la sociedad, inducirla a reflexionar. Y los actores, al menos es lo que intenté transmitir desde el principio en la escuela, dignifican la tarea transmitiendo un mundo sensual con líbido, ideología y sexo, que recorra al espectador como una serpiente. Can la palabra y el cuerpo relajado, sensual, emotivo. La vivencia en sí ya es memoria.

La memoria es la gran propulsora del amor

Cristina Rota Actriz, profesora y productora

¿Cómo ha cambiado el perfil de alumnos que se acercan a la escuela desde que la abrió en 1979?

Les veo indefensos, desconfían de la autoridad. Han nacido en el desencanto y hay que encantarlos, hay que darles motivos para luchar y hay que apasionarlos porque esta pérdida de pasión es la que mata a una sociedad entera.

Defiende la líbido, el sexo, algo que incluso en pleno siglo XXI llama la atención, ¿le sorprende que haya que seguir reivindicándolo?

La historia avanza así: cinco pasos hacia adelante, cinco para atrás. Pero si no sigues luchando, te comen, no has existido. Hay que seguir luchando. Sin sexo, sin líbido, seríamos una sociedad de laxos, de abandonados físicamente; y creo que inducen a ello. Estamos muy tensos. Lo que más se ve en los últimos quince años sobre todo es crispación, mucha tensión corporal. Hay un rechazo a sentir y rechazar sentir es una pésima educación, porque estás renunciando a tu yo y al placer que da transmitir al otro. Cuando estás rígido, no te comunicas con el otro. Y siempre el 50% nos lo da el que tenemos en frente.

Sin sexo ni líbido seríamos una sociedad de abandonados físicamente

Cristina Rota Actriz, profesora y productora

Vino a España después de que su pareja desapareciera. Existe un relato sobre los desaparecidos, pero ¿se ha puesto suficiente el foco en los supervivientes?

Lo hablaba mucho con mi compañero, porque del mismo modo que él desapareció, podría haber sido yo. Lo más revolucionario es vivir, pero vivir en el profundo sentido de la palabra, que es revolcarse en la vida. Hay que enfangarse hasta el fondo. Mi única obligación era intentar que mis hijos no fueran unos tarados. Que fueran seres pensantes, involucrados y lo más felices posible.

Eso intenté cuando llegué aquí y no es tarea fácil, porque claro que me he preguntado y me sigo preguntando muchas veces ¿por qué yo no? A lo mejor porque no fui una enemiga suficientemente peligrosa. No me involucré, no me comprometí lo suficiente. Siempre ha rondado en mí, junto a la culpa por estar viva.

Cuenta que al llegar a España evitaba decir que era una persona exiliada, un concepto que sigue presente hoy en día por la gente que tiene que huir de sus países, como Ucrania o Palestina, ¿piensa que somos realmente conscientes de lo que significa tener que irte de tu país?

Cuando llegué a España no decía que era exiliada porque aquí no se conocía la historia de Argentina. No se tenía en cuenta la propia historia de tanto exiliado y de tanta gente que sufrió tantísimo. Este país estaba acostumbrado a ser invadido, con lo cual rechazaba al que venía de fuera y, sobre todo, las cantidades terroríficas en que llegamos desde Argentina. Sentía que la palabra me quedaba grande. Me sentía culpable de arrogarme ese casi estatus de exiliado. No lo dije y aun sabiendo que los demás sabían, lo negaba o no lo dije hasta muchísimo tiempo después.

Lo que se hace ahora con los exiliados es inhumano. Y hablo no solo de Palestina o Ucrania, viene gente de Irak, de Irán, mucha gente desesperada, que cruzan el Océano y es un escándalo cómo nos peleamos porque nos van a quitar el trabajo. Me parece una indecencia que digamos eso. No tenemos vergüenza. Es una vergüenza que no se les reciba.

Teniendo en cuenta que parece que el próximo Gobierno en España será de derecha o extrema derecha, ¿es importante que el mundo de la Cultura haya una conciencia férrea de la misión de resistencia?

Yo me preparé siempre, tanto en Argentina como aquí. Dos años antes de que cayera el Gobierno del PSOE [con Felipe González], reuní al elenco de la Sala Mirador y les dije: “Señores, yo me voy a posicionar porque cuando llegue la peor de las derechas más radical, corremos el riesgo de, por miedo, ir negociando por una subvención”. Vas poniendo excusas para negociar. Y eso es la ideología, que no se negocia. Ya estamos bastante atravesados por el sistema. Voy a hacer una obra que sea rotunda, Juan Botto era jovencito, y dijo: “¿Y por qué Esperando al zurdo?”. Fue un éxito rotundo. Eso sí, vino la policía, nos acusaron de etarras porque había consignas de “no pasarán” o de los obreros. Venían los sindicatos. Fue impresionante. Eso es movilizar y eso es posicionarse. Todo el mundo tiene que prepararse para resistir y no negociar.

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