Secuestrar un barco para derrocar a Franco y Salazar: José Ignacio Carnero recuerda el fallido intento del Santa María
El secuestro del trasatlántico Santa María en las aguas del Caribe, perpetrado la madrugada del 22 de enero de 1961 por veinticuatro exiliados españoles y portugueses, pertenece a esos episodios de la historia a los que se aplica la manida frase de “la realidad supera a la ficción”.
Con el propósito de desviar el navío hacia las costas de África e iniciar desde Angola una revolución que derrocara los regímenes de Franco y Salazar, los miembros del Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación (DRIL) protagonizaron una gesta que cautivó la atención mediática internacional de la época.
Tras el éxito de su emocionante debut Ama (Caballo de Troya, 2019) y la posterior consolidación de su estilo con Hombres que caminan solos (Random House, 2021), una indagación sobre la depresión y la masculinidad, el escritor y abogado José Ignacio Carnero regresa a las librerías con Los fabuladores (Random House, 2026).
Una nueva obra que supone un firme y ambicioso paso adelante en su trayectoria literaria, dinamitando las fronteras tradicionales del relato decimonónico para adentrarse con absoluta libertad en un territorio sinuoso a caballo entre la crónica, la biografía y la novela de aventuras.
A través de una profunda investigación de cinco años que lo ha llevado por Caracas, São Paulo y el Alentejo, el autor reconstruye la peripecia de tres líderes quijotescos: Henrique Galvão, Pepe Velo y el comandante Sotomayor, atrapados en el incendio de su propia imaginación.
¿Cómo nace su obsesión por esta historia?
Leí la noticia del aniversario del secuestro en algún diario y de inmediato me pregunté: ¿por qué no sé nada de esto? Me parecía increíble que un suceso tan alucinante estuviera del todo olvidado.
Veinticuatro exiliados secuestrando un transatlántico en el Caribe, un asalto en alta mar, un fotógrafo de Paris Match lanzándose en paracaídas sobre el barco… Todo era tan asombroso que tuve que empezar a leer diarios y revistas de la época.
El proceso de investigación no solo es la trastienda del libro, sino también parte de él. ¿Cómo fue ese camino?
Fue un estadio más de esa obsesión. Al principio empecé leyendo, pero llegó un momento en el que necesitaba conocer a los protagonistas de la historia.
Tuve la oportunidad de entrevistar a los dos secuestradores que quedaban vivos mientras escribía la novela: Camilo Mortágua, a quien visité en el Alentejo, y Víctor Velo, con quien tuve la oportunidad de pasar unos días en São Paulo.
También viajé a Venezuela siguiendo el rastro del comandante Sotomayor y allí estuve con familiares y amigos suyos. Fue muy emocionante para mí y supongo que asimismo para ellos. Que un tipo se haga 8.000 kilómetros para preguntarles por algo que sucedió hace más de sesenta años y que ahora a nadie le importa tiene algo de literario. Por eso decidí incluir el proceso de investigación en el relato de la novela. Nunca olvidaré aquellas conversaciones.
¿Cómo se juntan en un apartamento de Caracas tres tipos que no tenían nada en común excepto el odio a Franco y Salazar?
Era una unión improbable. Los tres protagonistas de la novela no tenían nada que ver entre sí: un anticomunista, un marxista y un… no sé lo que era Velo en realidad. Supongo que el éxito de la Revolución cubana incendió sus cabezas y por eso se lanzaron a un plan tan inverosímil.
Además, los tres eran hombres maduros: Galvão tenía sesenta y seis años, Sotomayor cincuenta y siete, y Velo, que era el más joven, cuarenta y cinco. Llevaban muchos años de exilio y creo que vieron el secuestro como su última oportunidad. Y en ese empeño hasta vendieron su patrimonio para financiar el asalto…
Esta historia tiene algo de crepuscular: la de unos viejos derrotados que dejan todo de lado (su patrimonio, sus familias, sus vidas corrientes) para lanzarse a un plan tan descabellado que acaba por llevarlos a una derrota aún mayor. Los tres acabaron muy mal: en la pobreza, alejados de sus familias, perseguidos por la policía… Ahora que lo pienso es una historia sobre el fracaso.
Lo de desviar el barco a África para iniciar una revolución en Angola y derrocar a los dictadores peninsulares parece un plan realmente ambicioso y loco... ¿Se lo creyeron realmente o fue un delirio poético que se les fue de las manos?
Visto desde el presente la respuesta es obvia. Pero jugamos con la ventaja del tiempo. Si hubieran triunfado, los juzgaríamos de otra manera: el éxito da brillo y el fracaso oscurece, ¿no? Salvo en la literatura que sucede al revés. Eso es magnífico: fracasar en la vida y triunfar en las novelas. Así que para algo sirven los libros.
Yo creo que sí, que se lo creyeron realmente; las tesis del foquismo guevarista eran aceptadas en aquel tiempo y creyeron que un puñado de gente convencida podía cambiar las cosas. Aunque, ya digo, visto con la ventaja que da el tiempo, la respuesta tiene que ser otra.
Ni ellos ni el país estaban preparados para sus intenciones. Llevaban muchos años en América, alejados, por tanto, de lo que ocurría en la península. Habían perdido el pulso de lo que sucedía en España y Portugal y, en cambio, actuaron muy influidos por lo que veían en Latinoamérica.
Podían tener razón, pero estaban desajustados con respecto a la realidad. Ese desajuste les llevó al fracaso, pero, al mismo tiempo, les convierte en un material literario tan interesante.
¿Cómo definiría a cada uno de los tres líderes de estos hechos?
Galvão era anticomunista, católico, colonialista, ex diputado del salazarismo y ex gobernador de una provincia de Angola; un cazador de elefantes resentido porque el régimen no le premió como se esperaba y que quizá sólo buscaba una venganza contra el dictador.
Velo era un poeta, un maestro republicano ajeno a la acción directa que acaba confundiendo las reglas de la literatura con las de la vida. A todos —cada uno a su manera— les acabó pasando esto: mezclaron la ficción y la realidad. Eran grandes lectores de El Quijote, ¿sabes? Incluso en el barco lo leían. Esto no me parece casualidad. Son personalidades absolutamente quijotescas, tipos con una imaginación tan desbordante que no parecen reales. Por eso provocan el caos, pero también un esplendor que nos cautiva.
Y el comandante Sotomayor… Es un enigma. Un enigma que tratará de resolverse en la novela.
Exacto. Sotomayor es un personaje increíble y cuya biografía continúa intensamente una vez terminada esta aventura, aunque también se enturbia. ¿Fue el más difícil de rastrear?
Sin duda. Lo que se nos dice de su vida resulta increíble: tras el golpe de estado de Franco, forma una guerrilla en Galicia y realiza sabotajes en la ría de Arousa; después hunde el crucero Baleares y acaba en un campo de refugiados del sur de Francia; más tarde entra a formar parte de la Resistencia francesa, la Gestapo lo captura, lo tortura y lo deporta a Auschwitz; pero sobrevive al horror y, años más tarde, secuestra el Santa María.
Demasiados acontecimientos extraordinarios, ¿no? Parece la vida de un héroe. Y, en cierto modo, esta historia trata de responder a la pregunta de si los héroes realmente existen.
¿Por qué fracasan? ¿Fracasan realmente?
Estaban destinados a no llegar a África y no hacer la revolución, de modo que fracasaron. Aunque lograron un objetivo menor: denunciar las dictaduras ante la opinión pública internacional.
Durante semanas fueron portada en diarios y revistas de todo el mundo. Y hasta Kennedy tuvo que pronunciarse acerca del secuestro en su primera rueda de prensa como presidente de los Estados Unidos. En el relato vencieron, pero la realidad les dio la espalda.
Al llegar a Recife los reciben como héroes. ¿Ellos se sentían héroes o derrotados?
Creo que les resultó imposible abstraerse del ambiente de euforia que les rodeaba. Era pleno carnaval y los exhibieron como a héroes por todo el país. Pero, de forma íntima, sentían una gran frustración por no haber llegado a África.
Camilo y Víctor así me lo dijeron. Dejaron todo atrás para hacer la revolución y no lo lograron. Sesenta años después, todavía llevaban ese fracaso dentro.
Al principio del libro cita un artículo de La Vanguardia sobre el caso. ¿Cómo se recibió el secuestro en España?
La prensa acogió el relato del régimen, esto es, que unos delincuentes comunes portugueses (unos piratas, se repetía) habían secuestrado un barco en el Caribe.
Se incidió mucho en que se trataba de un suceso extranjero, cuando, en realidad, había tantos españoles como portugueses y el único motivo de haber elegido un barco de bandera lusa era que en Portugal no había pena de muerte. Y, en cierto modo, ese relato pervive hasta nuestros días.
¿Qué papel jugaron las mujeres de estos hombres en una conspiración que la historia siempre ha contado en masculino?
Espero que la novela les haya dado el lugar que les corresponde a las mujeres en esta historia. Ellas fueron quienes sostuvieron el mundo mientras los héroes hacían lo que se supone que hacen los héroes. Pero también sufrieron el incendio que sus maridos provocaron, de modo que fueron víctimas.
La imaginación descontrolada de aquellos tres hombres arrasó con todo: provocó el abandono de familias, trajo pobreza, miseria, dolor, persecución y olvido. Y, mientras los héroes eran admirados, ellas tuvieron que lidiar con la tragedia. El fuego de la imaginación devoró todo (también a ellos, es cierto), pero las mujeres fueron las primeras en sufrir la violencia de la historia.
¿Por qué cree que un suceso que tuvo en vilo a la marina de Estados Unidos y a la prensa internacional se borró tan rápido de la memoria colectiva?
Porque su narración no encaja en ningún relato mayor. Son un cabo suelto en la historia de nuestro país. Estos tres hombres vienen de ninguna parte y van a ningún lado. Los hechos históricos sólo trascienden su época cuando se ajustan al relato que se nos entrega. Los hechos históricos, para trascender, tienen que ser útiles, es decir, sonar afinados con el tiempo que les toca vivir.
Y está claro que en el relato de nuestro siglo XX y el camino hacia la democracia estos tres personajes están completamente desacompasados y por eso son irrelevantes. Y, bueno, he de decir que esto es una suerte para un novelista, porque los personajes te llegan entonces vírgenes, sin tocar y así puede uno entrar más profundo en sus vidas.
0