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“A pesar de tener una Palma de oro en Cannes cada vez que quiero poner en marcha algún proyecto me toca dar explicaciones”

“No veo series ni que sean las de Sorrentino”, dice el director de 'Love me not', su última película inspirada en el mito de Salomé

“Babel no fue ninguna maldición y lo que este planeta pide es diversidad”

“La cultura no está presente realmente en ningún programa electoral”

El cineasta barcelones Lluís Miñarro.

El cineasta barcelones Lluís Miñarro.

Llega por fin a las pantallas valencianas Love me not/No m’estimis (2019), la última película de Lluís Miñarro (Barcelona, 1949). Una proyección, este miércoles, para disfrute del público valenciano y cuando algunos creíamos ya imposible desde su estreno comercial el pasado 31 de octubre. Ahora La Filmoteca-IVC, siempre atenta a intentar alimentar cinematográficamente la vida de la ciudad y el país, repara la injusticia. La cinta de Miñarro viene precedida de un itinerario exitoso por festivales internacionales y supone su segundo largometraje de ficción como director, después de la melancólica Stella cadente (2014).

Pero Miñarro no es un cineasta en absoluto bisoño. Son más de 40 títulos producidos por este artista que ha propiciado que nos lleguen los trabajos de realizadores que hoy son una realidad incontestable. Y es que, producir también puede ser “crear”. El film abre con unos créditos que bien nos pueden recordar la frescura, los colores, la luz, de los autores de la modernidad francesa de los 60. No en vano, el propio Miñarro no esconde el paralelismo de un momento compartido por Love me not y El pequeño salvaje (L’enfant sauvage, François Truffaut, 1970). De la película se dice que es la adaptación -muy libre si nos permiten- de un mito bíblico, pero es mucho más. Es una cinta preñada de simbolismo -no se preocupen, Herodías (Lola Dueñas) tiene leche para todas nosotras-, con cierto aroma a western, digna hija bastarda de Oscar Wilde, surrealista por momentos, warholiana en otros -no debe ser azaroso que Yokanaan-San Juan Bautista (Oliver Laxe) se alimente de una lata de tomate diseñada por el artista pop neoyorquino-, en un contexto bélico y geográfico imaginario que también permite a su director hacer una crítica política nada soterrada, no en balde los prisioneros visten monos de color naranja a la moda de Abu Ghraib.

Algunos prefieren no saber demasiado de una película cuando ya se tienen un par de pistas interesantes sobre ella, pero eso se lo dejamos a su elección Lluís. ¿De qué habla Love me not?

Love me not habla de muchas cosas, tiene muchas referencias, pero básicamente es una revisación del mito de Salomé. Para quien se quede con esto, ya está bien por la película, pero quien quiera profundizar en otras capas, también podrá hacerlo. ¿Por qué el mito de Salomé?, porque me interesó ver cómo estaba el territorio de la Biblia dos mil años más tarde, y la verdad es que está hecho una mierda, ¿no? Palestina, Siria, Irak, Irán… en fin, es caótico. Un territorio totalmente sometido al imperialismo, esta vez no romano, es otro imperialismo, pero la situación es parecida… Ese era uno de los motivos de arranque; es cierto que la película llega mejor si se conoce quién era Salomé, su mito bíblico, el rey Herodes y el momento ese tan breve que está en la Biblia… De alguna forma, esos mitos han “contaminado” a mi generación y a nuestra relación con la religión, relación que se iniciaba ya en el colegio. Pues bien, los mitos, la religión está presente en el film, si bien, subvertida. Me apetecía preguntarme sobre todo esto.

El guión, lo firma junto a Carlos Belbel, y las encomiables decisiones de puesta en escena y planificación son merito suyo, pero los créditos confirman otras participaciones que también suman en la película. Podemos nombrar un acertado casting (del que luego hablaremos), la fotografía a cargo de Santiago Racaj (director de fotografía de los Javier Rebollo, Carlos Vermut, Jonás Trueba o la novísima Carla Simón y su Estiu de 1993 (2017)) o la dirección artística de Claudio Ramírez Castelli y Sebastián Vogler. ¿Qué podría decirnos de la dirección y del guion -en la parte que a usted le toca-? ¿Y respecto a los otros nombres del equipo técnico?

El guion lo quise revisitar con Belbel, no solo porque sea un gran dramaturgo y pueda añadir ciertos aspectos, sino porque me interesaba también algunos refinamientos, por decirlo así, en los diálogos, en los que él me podía ayudar. Respetamos la obra de Oscar Wilde, presente por ejemplo en esos versos que aparecen en el film y casi son marcianos ya que hablan de “tu blanca piel”, dirigidos a Yonakaan, que viste un mono naranja y no se le ve la piel, “tus labios rojos como las rosas de Arabia” y tampoco se le ven los labios, etc. Forma parte del juego que establece la película en esa especie de trampantojo que es toda ella. Sergio Berbel me ayudó a acabar de darle ese corpus a esta historia tan conocida.

En cuanto a la planificación, obedece a varios contextos de la película. La primera parte, la de los dos soldados, Hiroshima y Nagasaki, es una composición mucho más naturalista, de plano secuencia, con un plano de steadycam de seis minutos, con imágenes aéreas rodadas con un dron, etc., recordando de alguna manera un wéstern, pero en el este. Estos dos personajes, próximos a la homofilia, son dos caras de la misma moneda: el buen y el mal ladrón. El segundo acto, un melodrama descangallado, es en el que surge el conflicto familiar -parte esencial de toda tragedia y que conecta con los autores griegos- y que luego se extrapola a la sociedad. El epílogo, en ese cabaret, entonces, sí, más cercano a Sirk y, según me han dicho, también a Fassbinder, un final redentor en el que se puede encontrar también una crítica a los festivales, a los premios… Hay que tener en cuenta que el primer plano de la película, un plano en una ducha, es un ojo mirando al espectador, implicándole como voyeur en lo que va a venir después y lo que va a ver.

Respecto a los otros colaboradores, pienso que la cultura y el arte en general, son aspectos básicos que creo que dan el oxígeno a la vida. Para mí los referentes de la pintura clásica, los musicales, los de la literatura, etc. son muy importantes… forman parte de mí mismo, de los viajes que he hecho, de los lugares que he podido ver, de los museos que he visitado… Por tanto, hay referentes en la película, como Camus («gobernar es robar»), algunos otros próximos a Dostoyevski, también de la pintura, con una dominante en albero, el color de la tierra, y el azul turquesa que son los colores básicos en la pintura de la civilización egipcia, por aquello de que la historia se ambienta en el territorio de la Biblia, etc.

La película esta llena de pequeños detalles, por ejemplo hay una alegoría personificada en Lola Dueñas de la Loba capitalina, la loba que amamantó a Rómulo y Remo, es decir, a la creación de un imperio, aquel latino, hoy estadounidense. Hoy en día estamos en unas condiciones parecidas: el ser humano necesita de guerras para mostrar su poder, tenemos necesidad de controlar al que no es igual, al que no piensa igual, que lo configuramos como el enemigo. Esto no ha cambiado en dos mil años. También se habla de Hiroshima y Nagasaki, porque estas dos ciudades significan el punto de partida de la actual situación de la política internacional; de alguna forma nos estaban diciendo: si no te portas bien ya sabes lo que te puede pasar... Hay otro pensamiento interesante presente en la película: el de la banalidad del mal, es decir, por qué un individuo sometido a determinadas circunstancias es capaz de hacer lo que sea, lo peor, extrayendo lo más negativo de sí mismo. Pero tampoco nos tomemos tan en serio la película, también es un juego, un divertimento, para establecer una relación cáustica, irónica, con los elementos que aparecen. Creo que no hay nada gratuito en este film.

¿Por qué cree que no debemos olvidar a Douglas Sirk como nos recomienda su película?

Sirk para mí es otro referente. Consiguió a través del melodrama sublimarlo, llevarlo más allá, darle una característica mística, por eso al final de mi película hay una interrelación con los elementos, como decía Douglas Sirk, una nieve redentora -nunca nieva en Ciudad de México- que, de alguna forma, limpia a todos los individuos, porque lo más importante en definitiva es el amor. Lo que nos salva siempre es el amor y eso, nunca hay que olvidarlo.

No es una sorpresa ver su nombre ligado a realizadores interesantes, porque la película se presenta como una producción de Lluís Miñarro, pero ya no encontramos a su alter ego: Eddie Saeta. Conviene recordar que esta productora propició rodajes de nombres como: Isabel Coixet, Albert Serra, José Luis Guerín, Manoel de Oliveira, José María Orbe o Apichatpong Weerasethakul. ¿Disfrutaba, aprendía, enseñaba, compartía produciendo? ¿Volverá a producir o es una faceta por el momento hibernada?

Continúo produciendo, en otra medida más pequeña porque la situación ha cambiado. Desde 2011, curiosamente con la entrada de Mariano Rajoy en el gobierno del Estado, la cultura en general fue bastante vapuleada. En concreto, mi productora tuvo una difícil subsistencia, por determinadas razones. Esta, mi película, decidí producirla yo mismo, con ayuda de un productor mejicano, Julio Chávez Montes, de Piano, porque aquí no encontré los recursos suficientes para poderla llevar a cabo: ni tuve ayudas del ministerio de cultura, ni la implicación de la televisión española, no quedó otro remedio…

Pero volveremos a ver a Lluís Miñarro productor. De hecho, ahora estoy trabajando en dos proyectos. Uno con Javier Tolentino para poner en marcha una película sobre Irán, un docuficción, que cuenta con una parte de la producción valenciana y con la entrada de Àpunt. El otro proyecto es la nueva película de Javier Rebollo. Y el tiempo que me quede lo dedicaré a mi nuevo proyecto como director, aunque ya se que me va a llevar tres o cuatro años.

¿Cree que desde las instituciones se apoya con suficiente rigor la producción cinematográfica? Y el creador, ¿está suficientemente protegido o para estarlo debe tener su propia productora?

Hasta ahora no ha habido políticas decidas de apoyo al cine, todo lo contrario. Recordemos el IVA del cine que, aunque es cultura, no lo querían bajar y este era un hecho muy lesivo. Recordemos también ciertos comentarios de algún ministro que decía que el cine español no era bueno, que prefería el estadounidense. También hubo actuaciones extrañas, como la revisión de subvenciones ya otorgadas, en época del presidente Zapatero, que fueron reestudiadas antes de que caducaran y algunas se tuvieron que devolver. Es decir, no había unas ganas de facilitar el camino de la cultura, sino de impedir un buen discurrir; los recursos bajaron significativamente: más de un 70% del fondo para la producción cinematográfica. La cultura no está presente realmente en ningún programa electoral de unas elecciones generales, se llenan la boca cuando les interesa, es un poco como el barniz para todo lo demás y sin embargo, yo creo honestamente, que la cultura es casi tan importante como la sanidad, también debe formar parte del bienestar de las personas.

Respecto al creador, depende de si el perfil es artístico, radical, de cine de autor, entonces, te tienes que apañar por ti mismo. Lo están haciendo muchos directores; lo hacen en coproducción con empresas de aquí o de fuera, pero ya no la entregan, como antes, al 100% a un productor tradicional para que se ocupe de ella. Hay que tener en cuenta que el resultado económico que van a dar estas películas es muy relativo; en el mejor de los casos acabas financiándola a tres años vista, pero no produciendo ingresos. Es cierto que cada vez más, los propios autores, se involucran, ya no solo en el guion y en la dirección, sino también en la coproducción de sus propias películas. En España es la única manera de que estos formatos puedan seguir existiendo y más teniendo en cuenta que la dotación anual para el cine son unos 60 millones de euros que incluye filmotecas, festivales, producción cinematográfica, etc. En Francia son 800 millones con 220 películas al año y en España unas 150, es decir, la nuestra, es una industria muy desprotegida. Ya sé que para la gente de la calle que no conoce el tema, pueden parecer que se trata de dinero para unos caprichosos subvencionados, pero no es cierto; la Unión Europea funciona con subvenciones para la agricultura, el automóvil, las eléctricas, ¡las han tenido los bancos y no las han devuelto! El cine es la Cenicienta, y lo es también dentro de la cultura, lo es frente a la edición editorial, el teatro, los museos… En este país no se siente la cultura como algo básico y por otra parte se generan grandes individualidades que para poner en pie cada proyecto nuevo, lo tienen que hacer empezando desde cero. A mí mismo me pasa; a pesar de tener una Palma de oro en el festival de Cannes con Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas (Loong Boonmee raleuk chat, Apichatpong Weerasethakul, 2010), a pesar de haber estado en seis ocasiones más en este mismo festival, cada vez que quiero poner en marcha algún proyecto me toca dar explicaciones de quién soy y de cuál es mi trabajo.

Pequeño Salvaje-Love me not

Como decíamos no nos sorprende su preocupación por el elenco del film, se nota la minuciosidad de productor Miñarro. En la película encontramos, tal vez, a la musa del director catalán: Lola Dueñas -un lujo-, una radiante Ingrid García-Jonsson y a Oliver Laxe, nominado en los premios Goya como mejor director por Lo que arde (O que arde, 2019). Háblenos de cómo fue el trabajo con los actores. ¿Le ha llamado la madre de García-Jonsson por la intersexualidad explicita con lo que la caracteriza en una escena?

No (ríe), ni su madre, ni su agente me han dicho nada… Estaba en el guion original y su novio lo aceptó también, que quizá podría ser quien debería estar más preocupado, pero yo creo que hasta le dio un poco de morbo, pero no vamos a desvelar detalles (vuelve a reír). Los actores los escojo por cómo se adecúan físicamente al personaje. En el caso de Salomé-Ingrid me interesaba un poco ese aspecto andrógino del personaje que ella representaba muy bien. En el caso de Herodías, la madre desatada, teniendo en cuenta que todos los conflictos se generan en el seno de la familia, Lola Dueñas me daba muy bien para ese papel. Aquí también encontramos una referencia cinematográfica ya que, junto a su marido, el comandante Antipas (Francesc Orella), forman una pareja que tiene ecos de ese matrimonio formado por Martha (Elizabeth Taylor) y George (Richard Burton) en ¿Quién teme a Virgnia Woolf? (Who’s afraid of Wirgina Woolf?, Mike Nichols, 1966), por eso esa interpretación un tanto exacerbada en ese pasaje del film es más melodramática porque lo requerían los personajes y a quién representan. Respecto a Oliver Laxe, creo que es su segundo papel en una película, pues porque físicamente él es así, como se le presenta: ¿profeta o terrorista?, y porque por su bagaje personal conocía muy bien el mito, además se ha interesado por el sufismo, ha vivido en Marruecos, etc.; y su aspecto físico es casi profético (ríe).

Confirme o refute nuestras sospechas. Los actores que interpretan a los personajes Hiroshima (¿un homenaje a otro director de la Nouvelle vague, Alain Resnais?) y Nagasaki, Luis Alberti y Fausto Alzati respectivamente, son mejicanos. ¿Para su elección además de sus innegables cualidades interpretativas también sumó el hecho de que fueran del país que sufre al norte al despiadado e incapaz Trump? ¿Pretende poner el dedo en la llaga de que los soldados de los ejércitos occidentales se nutren de las capas sociales más bajas, cuando no directamente de inmigrantes, esta vez sí y para estos propósitos, “con papeles para todos”?

Bueno, en Méjico hay un aforismo popular que dice «Méjico, Méjico, tan lejos de Dios y tan cerca del diablo» (ríe). Escogí a estos actores porque en todos los ejércitos hay múltiples nacionalidades y en este caso me los propuso el productor mejicano; debo ser agradecido y mencionar que fue Carlos Reygadas quien me puso en contacto con Julio Chavezmontes. No descubro nada, estas gentes, como los mercenarios, son y han sido utilizados tradicionalmente como carne de cañón y eso también lo quiere apuntar la película.

Más allá del castellano de América, en la película otros personajes hablan en francés, en castellano de Madrid, en catalán, en árabe… ¿Esta polifonía lingüística debería ser más habitual en el cine como lo es en la vida misma? ¿Qué le parece que en TVE no se proyecte cine en cualquier lengua del estado para normalizar la pluriculturalidad española?

Me parece mal que no se divulgue la riqueza cultural que tenemos en el Estado español, en el que hay varias lenguas y hay que apoyarlas, porque al final se trata de diversidad. Yo estoy a favor de la diversidad. La película está a favor de la diversidad también. Y en la diversidad entra la parte lingüística; no es que todo el mundo tenga que hacer films hablados en cuatro idiomas, aunque sea la realidad de la calle, porque depende de que la película lo necesite o no, pero Love me not lo requería. Requería este puzle de personajes, esta diversidad idiomática. Una de las primeras frases que pronuncia un personaje en el film es «Babel no fue ninguna maldición», porque también nos han vendido esta cosa monolingüística como lo que tiene que ser, cuando es lo contrario. Lo que este planeta pide es diversidad en todos sus aspectos: los insectos, las plantas, los idiomas y la sexualidad, todo es diversidad, entonces, ¿por qué no aceptar esa diversidad y enfatizarla?

Algo parecido pasa con los premios oficiales -también con los oficiosos- del cine español. Recientemente se han entregado los premios Forqué y hemos conocido las nominaciones a los premios Goya, y da la impresión que desde siempre se han concebido como los premios al cine que se hace en Madrid, con la presencia exótica de alguna cinta de cinematografías periféricas. Así, este año parece que les toca a La trinchera infinita (Aitor Arregi, Jon Garaño & José Mari Goenaga, 2019), procedente del País vasco y de temática compartida con toda la realidad española, y a Lo que arde (O que arde, Oliver Laxe, 2019), una producción gallega, y antes fue Verano de 1993 (Estiu de 1993, Carla Simón, 2017), etc. De este paradigma podríamos excluir las producciones andaluzas -fundamentalmente sevillanas- porque en muchos casos son extensiones del cine de Madrid. ¿Tiene usted la sensación de no ser invitado a la-fiesta-del-cine-español a pesar de que sus propuestas fílmicas, como la de otros cineastas, obtienen un buen reconocimiento en festivales internacionales?

Yo creo que los premios del cine español están muy relacionados con la industria para que la propia industria continúe funcionando. Puede se que haya una polarización hacia las producciones de Madrid, entre otras razones porque son más robustas económicamente, y si analizamos quiénes votan en los Goya, son los académicos, muchos de ellos los técnicos de las películas: directores de fotografía, vestuaristas, cámaras, técnicos de sonido, atrecistas, etc. A mayor robustez, a mayor estructura industrial, más personas trabajando en estas películas y, por tanto, más personas votando por ellas. Este año ha conseguido colarse la cinta de Laxe, me parece genial, pero puede ser anecdótico, como pasó con La soledad (Jaime Rosales, 2007), con una producción nuestra El muerto y ser feliz (Javier Rebollo, 2012) que contaba con José Sacristán, ocurrió con Magical girl (Carlos Vermut, 2014), o sea, aun siendo películas ajenas a ese formato más industrial del cine español. En cualquier caso, a estos premios hay que darles la importancia que tienen, a mí me satisface que el cine que hago, tenga mejor acogida fuera de España, aunque aquí no lo reconozcan, ya sabemos lo cainita que es la sociedad española; a pesar de todo, de alguna manera y sin yo buscarlo, estoy haciendo de embajador cultural por el cine. Uno ha de hacer lo que siente que ha de hacer en la medida de lo que puede.

Como hemos dicho el film se ambienta en un país imaginario de Oriente Medio con un paisaje yermo, desolado, quasi desértico, ¿la localización natural (se rodó en Méjico), sumado al acento de los actores mejicanos y al surrealismo latente en el film, emparenta su película con el creador de Un perro andaluz (Un chien andalou, 1929)?

(Ríe) Méjico es un país que no se acaba nunca, ahí está todo; es realismo, es surrealismo, es realismo mágico y todos los realismos que uno quiera. Al rodar ahí, de alguna forma quedó influenciada la película por el fantasma de Buñuel. En 2014, durante la promoción de Stella cadente en Méjico, dormí en la casa del genio de Calanda y tal vez se me pegó algo… el tequila también ayudó (ríe). En el fondo, esta es una película mejicana, aunque hable de la Biblia y de Salomé, es un film canalla, mejicano y sicodélico, sicodélico mejicano, pero sicodélico.

Tal vez debiéramos pedirle disculpas, la sociedad valenciana digo, por no haber sido capaz de convencer a ningún empresario de la exhibición cinematográfica local para que apostara por ella. Tampoco hemos sido los únicos culpables/perjudicados, la cinta se estrenó con muy pocas copias en salas españolas ¿Quién le parece que tiene más responsabilidad en este hecho, la oferta o la demanda?

Para programar este tipo de cine los empresarios de la exhibición, pero también de la distribución, hay que tener una cierta cultura cinematográfica, la realidad es esta. Una película de este tipo está mejor cuidada en Francia, siempre hablamos de Francia, aunque el país galo hoy en día ya no sea un ejemplo casi de nada. Una película mía que haya coproducido que se haya estrenado en Francia, siempre ha hecho diez veces más espectadores de los que haya podido hacer en salas españolas, entre otras razones, porque los exhibidores tienen una mayor sensibilidad. Allí, por ejemplo, no hacen coincidir en un mismo cine una película de autor con la de Tarantino para evitar comparaciones de recaudación, y defienden más su propio cine. Aquí, a parte del inmenso volumen de películas que se estrenan cada semana, que pueden llegar hasta doce, es una cosa como de consumo inmediato, es decir, si el primer fin de semana va bien, se queda un poco más, en caso contrario, se va fuera; incluso en ocasiones, aun yendo bien, después de la primera semana en sala, te la quitan porque ya tienen un compromiso con otra cinta. ¿Qué le puede haber pasado a Love me not?, pues que como poco antes se estreno Lo que arde, esta película puede haber ocupado ese cupo de cine de autor; además de que Numax escogió muy bien las fechas para su estreno. Poco después se estrenaron Liberté (2019) de Albert Serra y Longa noite (2019) de Eloy Enciso y sus números de recaudación son similares a mi película, no han tenido un recorrido razonable en salas porque, como digo, ese espacio ya lo ocupó otro film. ¡Pero es que mi película se estreno en la semana de la última campaña electoral!

El cineasta barcelones Lluís Miñarro.

El cineasta barcelones Lluís Miñarro en un rodaje.

¿Le parece a usted, como dice uno de los personajes de Love me not que Cataluña «es un país donde la gente, cuando se cruza por la calle, en lugar de decir hola, dice adiós»?

Bueno, esto es una realidad que a mí mismo me pasa. Sí, es una de las características de los catalanes, pero también hay otras muy positivas, aunque en la película no se diga. Es un chiste para consumo interno de los catalanes, por eso no les ha gustado mucho a la Academia del cine catalán (ríe).

Por dejar el pasado un poco atrás, ¿confía en que los actuales políticos actuales van a estar a la altura de lo que exige la ciudadanía para resolver el problema catalán?

Son muchos años intentando cambiar cosas y que nada cambie, al contrario, demonizándolas todas, hablo de los últimos ocho o nueve años. Bueno, ahora hay una oportunidad, no de poner las cosas en su sitio porque esto es muy difícil, es un problema que revienta cada cuarenta o cincuenta años, pero se tendría que abordar el problema y decir: esto es un estado federal en el que hay varias nacionalidades que lo componen. Como esto nadie lo quiere hacer, ni se ha querido hacer en el pasado, este problema aparecerá cíclicamente hasta que alguien decida resolverlo. Creo que hay unas mejores condiciones para que al menos, no te metan en la cárcel por determinadas cosas, o no te juzguen o te destituyan por colgar unos lazos o por defender la libertad de expresión. Me parece que se ha llegado a unos extremos inabordables. El problema solo se puede solucionar si a Europa le interesara crear un nuevo estado y lo defendiera, pero es todo lo contrario, a nadie interesa esto. Es como una utopía que está muy bien defenderla, por una cuestión simple, por el derecho a la autodeterminación y la libertad de los pueblos, o sea, todo el mundo tiene derecho a opinar y a pensar en otra realidad, es más, el s. XIX fue así: todos los países se rehicieron, no es nada nuevo que cambien fronteras.

Si no nos equivocamos, con Manuel Castells, es la primera vez que un gobierno español va a tener un intelectual, un hombre de cultura de prestigio internacional. ¿Cree que ahí, en la cultura y su fomento, está buena parte de la solución de nuestros problemas o como dice uno de los personajes de Love me not «la peor violencia es la ignorancia»? ¿Qué espera de Castells?

Espero un comportamiento muchísimo mejor que los precedentes. La cultura no se improvisa. Castells intentará hacer cosas más adecuadas que sus predecesores, pero no va a cambiar las cosas de un día para otro, ni en cuatro años. En cualquier caso, es mejor el apoyo a la cultura desde la cultura que el menosprecio. Hay muchas cosas por hacer… Recordemos que se ha quitado la Filosofía y la Música de la educación española, cosa que me parece catastrófico.

Volviendo a nosotras, las espectadoras valencianas, recientemente hemos recuperado la televisión pública autonómica que hace unos años el PP nos negó -Àpunt-, y entre sus objetivos además de generar un espacio de comunicación entre valencianas, también debe contribuir a potenciar nuestro audiovisual, pero parece que nuestra filmografía no acaba de trascender, ¿se atreve con un análisis? ¿Y con un consejo?

El consejo es paciencia. Las cosas no ocurren de un año para otro y menos en este sector. Tener las mínimas estructuras para hacerlo es positivo, aunque haya errores, aunque se tropiece, claro, es más positivo que no haya nada, como ocurrió.

¿Ha visto ya la nueva serie de Paolo Sorrentino El nuevo Papa (The new pope, Paolo Sorrentino, 2019)? ¿Ve series? ¿Qué opinión le merece el debate sobre las nuevas formas de exhibición cinematográfica?

Sé que las series están muy bien hechas, todo el mundo me lo comenta, pero a mí no me gusta que nadie me atrape, ni sentimentalmente, ni en mi consumo cultural. Entonces esto de ver una cosa para después estar atrapado para poder ver ocho horas más, no me interesa de entrada. No veo series ni que sean las de Sorrentino. No me interesan, la verdad. Pero está bien que se haga, es un consumo que debe existir, cada uno que vea lo que le interesa. Pero mi tiempo prefiero destinarlo a otro tipo de formatos. Prefiero investigar entre filmografías que a mí personalmente me proporcionen visiones más ricas. Ahora veo muy poco cine de industria estadounidense, aun siendo de directores de prestigio, prefiero descubrir una película japonesa o chilena que me cuente algo nuevo o diferente, que no alguien que me coma el coco por muy bien hecho que esté.

Terminamos con una confesión por su parte si es posible: ¿quién disfrutó más con la interpretación y el traje del Vivo cantando, usted o Ingrid?

(carcajada) Yo creo que fue Francesc Orella (ríe)… porque él es de mi generación y sabe que con esa canción se ganó un festival de Eurovisión, sabe que hay una cantante que se llama Salomé, que por cierto ahora vive en Valencia y demás… Es un juego generacional y doméstico, aunque fuera de España nadie sabe nada de esto. Yo creo que a Ingrid, como a mucha gente de su edad, le importaba un poco un bledo el festival de Eurovisión. Pero a Francesc sí (ríe de nuevo).

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