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ENTREVISTA | Presidente de la Generalitat valenciana

Ximo Puig: "Hay que tomar medidas inmediatas para garantizar la financiación y la liquidez de las comunidades autónomas"

El presidente de la Generalitat Valenciana afirma que "el sistema autonómico español ha demostrado que funciona adecuadamente" en la gestión del estado de alarma por la pandemia del coronavirus

"Si en una situación de estas características, que nos retrotrae a después de la Guerra Civil o después de la Guerra Mundial, no existe capacidad de conseguir grandes acuerdos, algunos políticos van a demostrar lo que dan de sí", señala Ximo Puig

El presidente valenciano, Ximo Puig, durante la entrevista.

El presidente valenciano, Ximo Puig, durante la entrevista.

Ximo Puig responde desde el Palau de la Generalitat Valenciana, por videoconferencia, a las preguntas de eldiario.es sobre la gestión de la crisis sanitaria y las actuaciones políticas para hacer frente a la grave situación económica que se deriva de ella.

El presidente valenciano defiende la necesidad de unos pactos de Estado, unos pactos de la Moncloa, reclama un Plan Marshall a Europa y asegura que "el sistema autonómico español ha demostrado que funciona adecuadamente", pero desde el gobierno peor financiado con el actual modelo alerta: "Hay que tomar medidas inmediatas para garantizar la financiación y la liquidez de las comunidades autónomas".

"Si en una situación de estas características, que nos retrotrae a después de la Guerra Civil o después de la Guerra Mundial, no existe capacidad de conseguir grandes acuerdos, algunos políticos van a demostrar lo que dan de sí", reflexiona.

¿En estos momentos, con cerca de 700 muertos como consecuencia de la epidemia en la Comunidad Valenciana y la tendencia a reducirse la presión en los hospitales, se siente optimista sobre la salida de la crisis sanitaria?

Son sentimientos contradictorios. Por una parte se ve la luz al final del túnel, pero por otra parte el dolor se intensifica con la acumulación de personas muertas, con la huella terrible que está dejando esta pandemia. Por tanto, por una parte, bien, mirando con esperanza al futuro, con todas las dificultades que aún nos esperan, pero por otra, en un momento de toma de conciencia de lo terrible que ha sido y está siendo la catástrofe.

Se discute si hay una contabilización correcta del número de muertos.

En ningún caso se ha querido ocultar nada. De hecho, estamos actuando con absoluta transparencia desde el principio. En un momento determinado, cuando se nos dio la indicación, se hizo algún análisis post mortem, que en un caso salió positivo. Desde luego, vemos que se está actuando con absoluta transparencia. No hay ningún interés por ocultar realidad. Lo cierto es que la Comunidad Valenciana se mantiene en una zona de contención dentro del contexto de España, bastante por debajo de la media en incidencia. En cualquier caso, no se trata de hacer ningún ránking, sino de que cada uno haga lo que corresponda para intentar mitigar al máximo la pandemia y que tenga el menor efecto posible sobre la población.

Uno de los principales problemas ha sido la falta de material sanitario. En la Comunidad Valenciana hay cerca de 1.300 profesionales sanitarios contagiados. ¿Ha habido improvisación? ¿Es un problema que se podía haber previsto?

Todo siempre se puede haber hecho mejor, sin duda. Que nadie estaba preparado para una vorágine, un tsunami, de estas características, creo que es indiscutible. Quien piense que lo ha hecho todo bien o que estaba perfectamente preparado está fuera de la realidad. Ahora bien, los hospitales tenían, en nuestro caso, el stock correspondiente a una situación de normalidad y cuando fuimos al mercado, como otras comunidades autónomas o el propio Estado, ese mercado estaba muy tensionado. Es la ley de la oferta y la demanda. En un momento determinado, cuando nosotros dejamos ya de producir, probablemente por el precio, algunos productos que ahora tenemos que ir a buscar en un mercado saturado, como es el mercado chino, donde todo el muno va a comprar, se produce una falta de abastecimiento. Eso ha pasado.

Ahora, hemos reaccionado, algunos más rápidamente, otros menos. En cualquier caso, esto tenía dos vías. Una era ir a comprar fiablemente al mercado que existía, que es el mercado chino. Conseguimos buenos canales y hemos tenido la suerte, la confianza, la capacidad, por parte de los equipos que lo han gestionado de que los distintos canales que hemos abierto con China nos han funcionado. Y hemos conseguido que cada vez más tengamos los suministros que necesitamos.

Esa era la vía de la compra. La otra era la de empezar a reconstruir un tejido empresarial, de producción propia, que nos haga, más allá de la coyuntura, tener una capacidad de suministro en todo momento. Eso puede dar salidas de futuro a algunas empresas del textil, por ejemplo, que tenían dificultades. Hay un grupo de empresas que están elaborando mascarillas o batas y que irán mucho más allá de la coyuntura. Hay otras colaborando en la fabricación de respiradores y otro tipo de cuestiones de carácter sanitario, también desde el punto de vista de los medicamentos y la investigación, Creo que, en general, el tejido económico valenciano se ha puesto en marcha hacia una especie de clúster sanitario que sería muy importante que pudiéramos constituir.

Después hablamos de la repercusión económica, pero un tercer asunto clave desde el punto de vista de la crisis sanitaria es el de las residencias de mayores. Estamos aquí en cerca de 200 muertos en residencias. ¿Qué reflexión se puede hacer? ¿Cómo se tiene que afrontar?

Es una de las cuestiones que hay que reflexionar más en profundidad porque es cierto que el impacto, cuando el virus entra en una residencia, es letal. Se debe a distintas razones, de carácter médico, de la carga vírica que se pueda acumular en centro de carácter más comunitario. Pero es también evidente que ha habido situaciones muy lamentables. Tengo que decir que el conjunto del sistema asistencial valenciano, tanto público como privado, en términos generales, tiene una calidad enorme y hay una asistencia de calidad. Ahora, tenemos que hacer un análisis de qué tipo de residencia y qué tipo de controles se deben realizar. Sobre todo porque, con la situación de cierto enclaustramiento, las posibilidades de infección a través de un virus son muy altas. Y tenemos que ser capaces de adaptar nuestro modelo residencial a estos nuevos peligros. En cualquier caso, se está haciendo un esfuerzo enorme por parte de los profesionales en estos centros para hacer frente a esta situación. Ahora se trata de garantizar que aquellos que no se han visto contagiados no lo puedan estar.

En el terreno ya de las repercusiones de la epidemia sobre la economía y la vida productiva, ha habido cierta discrepancia con el cierre de actividades no esenciales. Usted ha llegado a afirmar que estaba más de acuerdo con Íñigo Urkullu, el lehendakari, sobre cómo afrontarlo. ¿Podría explicarnos cuál es la posición exacta de su gobierno?

Nuestra posición es, en general, homogénea con la que tiene que tener cualquier responsable político. Lo primero, la salud. Lo primero, la seguridad de las personas ante la epidemia. En eso no hay ningún tipo de discrepancia. Otra cosa es que, sobre todo en el decreto que hibernó toda la economía, lo que planteábamos desde la perspectiva de algunas comunidades que tienen más peso industrial es que había posibilidades, minimizando al máximo la actividad económica, de no herirla definitivamente. ¿Qué es lo que quiero decir? Que hay empresas que no aprietas un botón y se cierran y vuelves a apretarlo y se abren. Hay situaciones de complejidad en los procesos productivos y, garantizando sobre todo y fundamentalmente la seguridad de los trabajadores, era posible y es posible una transición más razonable.

Ahora bien, de cara al futuro, garantizando la seguridad de los trabajadores y minimizando al máximo la movilidad -porque lo que está claro es que el confinamiento está dando resultados y es la única capacidad que tenemos para hacer frente a la pandemia-, se puede activar en parte la economía, en aquello que no sea contradictorio con el objetivo fundamental de acabar con la epidemia.

Se ha discutido que el ministerio ejerza el mando único del sistema sanitario, que está descentralizado. Ha sido muy evidente el protagonismo de la Generalitat Valenciana en la gestión de la crisis. ¿Ha habido problemas?

El sistema autonómico español ha demostrado que funciona adecuadamente y lo que nadie podía pretender es que, de un día a otro, se cambiara el sistema. La Constitución española no se ha alterado por la declaración de estado de alarma y la dinámica que ha implementado el presidente del Gobierno con las conferencias de presidentes semanales da cuenta de lo importante que es esa vigorización de la estructura autonómica del Estado. Aquellos que digan que en algún momento determinado se les han hurtado las competencias, no es cierto, no ha sido así. Hemos podido trabajar desde la perspectiva de lo que es nuestra competencia. Eso sí, ha habido una unidad de acción que era positiva y necesaria. No creo que haya fracasado el modelo sino todo lo contrario.

La descentralización del Estado es positiva. Desde la cercanía se pueden resolver más problemas y más rápidamente. Lo que no quiere decir que no deban establecerse esos mecanismos de coordinación federal que son fundamentales. La conferencia de presidentes y las conferencias sectoriales del ministro con las consejeras y consejeros de la comunidades autónomas están funcionando. Otra cosa es que estamos ante una pandemia desconocida, de una virulencia terrible, en la que incluso hemos visto que desde el punto de vista de los expertos ha habido cambios de posición, Y no es culpa de los expertos. Es porque realmente es una situación sobrevenida de un impacto terrible, mucho más allá de lo que se conocía. Hay que saber que frente al virus que combatimos no tenemos tanta información. Los científicos están sumando cada vez más información y por eso estamos más cerca de vencerlo.

El valenciano es el gobierno autonómico peor financiado con el actual sistema, lo que agrava los problemas de liquidez ante una emergencia como la que vivimos. El otro día cifraba usted en 300 millones de euros lo que ha gastado la Generalitat Valenciana en esta crisis. ¿La situación es grave?

Como usted dice, la Comunidad Valenciana es la peor financiada y, con este aumento necesario del gasto para hacer frente a la pandemia, nuestra situación empeora y está en una punto crítico respecto a la tesorería. Hemos demandado al Ministerio de Hacienda que haya unos adelantos efectivos de las liquidaciones del 2018 y otras medidas paliativas. Entre otras cosas, porque la Generalitat no puede ser un freno a la normalización económica y, si no tenemos recursos y no podemos pagar a nuestros proveedores, lo que estamos es generando un problema al funcionamiento de la economía.

Sabemos que en estas condiciones no se puede plantear la reforma del modelo de financiación. Ahora bien, hay que tomar medidas inmediatas para garantizar la financiación y la liquidez de las comunidades autónomas. En nuestro caso, porque tenemos más necesidad y estamos en una situación peor. Pero el conjunto de las comunidades autónomas han de tener la suficiente liquidez para poder ir dando respuesta a sus proveedores y al funcionamiento y la viabilidad del autogobierno.

Usted se ha pronunciado a favor de unos pactos de la Moncloa en los que participen las comunidades autónomas, además de los agentes sociales. Pero no todo el mundo está de acuerdo. Hay gente que interpreta que es un señuelo para un cambio de régimen político.

Si en una situación de estas características, que desde luego nos retrotrae a después de la Guerra Civil o después de la Guerra Mundial, no existe capacidad desde la democracia de conseguir grandes acuerdos en una hoja de ruta básica, creo que algunos políticos van a demostrar lo que dan de sí. La democracia, a mi parecer, son dos cosas, la dialéctica gobierno-oposición y la capacidad de unión. Pactar no es traicionar. Acordar es sumar en beneficio del país. Creo que todo el mundo debe ser consciente de la situación de extrema gravedad que estamos viviendo. Generar una hoja de ruta común con los agentes sociales y económicos, con los grupos parlamentarios y, desde luego, con las comunidades autónomas, porque en el momento de los Pactos de La Moncloa no existía esta organización del Estado y no se puede hablar de competencias de la comunidades sin las comunicas autónomas. No creo que se vaya a una uniformización, sin limitar en absoluto la dialéctica gobierno-oposición, que debe permanecer.

Estamos en una situación de extrema gravedad. Se está hablando de que el PIB del estado bajará del 7% al 10%. Hay comunidades autónomas, que tenemos un anclaje en nuestra actividad productiva muy vinculado al turismo, que pueden ir mucho más allá. Por tanto, tiene que haber medidas excepcionales también en lo político. Desde luego, tiene que haberlas desde la perspectiva europea, que es fundamental.

Usted ha enviado una carta al presiente del Comité Europeo de las Regiones en la que pide que se presione para la aprobación de un Plan Marshall. Parece que el asunto está atascado, no hay forma de sacar adelante una postura común. ¿Qué significaría ese plan?

Yo planteaba fundamentalmente que, en el ámbito competencial de las regiones europeas, que es limitado, y en el del Comité de las Regiones, que es limitado, debemos generar un ambiente positivo para la revitalización de Europa. Esa revitalización pasa necesariamente por que haya un proyecto europeo abierto, socialmente comprometido, y un gobierno europeo capaz de tirar de la recuperación. Desde las regiones tenemos que generar un caldo de cultivo en las distintas sociedades europeas para que exista un clamor en esa dirección. Por eso me he dirigido a todos los presidentes y presidentas, a los responsables de las regiones europeas para que entre todos seamos capaces de generar un estado de opinión favorable a un Plan Marshall.

Tiene que haber un plan de incentivos capaz de recuperar la marcha de la economía. ¿Cuál es ventaja? La ventaja, dentro del desastre, es que esta no es una crisis financiera. En este momento es una crisis de actividad porque se ha producido un parón. Y si somos capaces de generar la suficiente fortaleza, la suficiente energía para la recuperación, por la vía de la financiación a las empresas, haremos que no cierren, que aguanten. Si somos capaces de generar todo ese colchón que permita aguantar en este momento a las empresas y a los países en la defensa del Estado social, hay oportunidades de una recuperación más rápida.

Desde luego, sin desdeñar la realidad. El otro día un presidente autonómico decía que esto no lo van a pagar los ciudadanos ni las empresas. Lo vamos a pagar todos. Hemos de ser conscientes de que esta situación va a ser muy difícil. Lo que tenemos que hacer es que todos, comprometidos, unidos, trabajemos en la dirección de que no haya más fractura social, de que no haya segmentos de la población que se queden al margen. Esta situación va a exigir grandes esfuerzos por parte de todos. Si somos capaces de tener esa mirada común y Europa asume el liderazgo, en unos años podremos superar este episodio tan terrible que estamos viviendo.

Recogiendo esta última parte. Hay una preocupación por salvar la economía, pero también por salvar a las personas, a los sectores más vulnerables. Y la experiencia de la crisis económica de 2008 es que todo rescate implicaba recortes, renuncias de derechos y sacrificios. De hecho, ha empobrecido a sectores importantes de la sociedad. ¿Es posible cambiar ese paradigma en esta crisis económica derivada de la pandemia?

Es absolutamente exigible. La respuesta de la crisis de la Gran Recesión por parte de Europa no fue la adecuada hasta que cambió. Cuando el Banco Central Europeo dio un giro empezamos a recuperar la economía y recuperar la sociedad. Antes hubo una fractura enorme de la que aún no nos hemos recuperado. Las heridas de la Gran recesión están ahí, no se han suturado. No se trata ahora de abrirlas más y hacer que se gangrenen. No es razonable. No es lo que exige una sociedad cohesionada, y no lo digo simplemente desde una perspectiva progresista, en la que para mí no existe una sociedad cohesionada si hay exclusión. Incluso desde una perspectiva más neoliberal, si no hay cohesión no habrá progreso económico tampoco. Apelaría, si no a los principios y a los sentimientos, al interés. Por interés, muchos países reticentes a ese impulso público deberían cambiar de opinión porque, al final, para que haya mercado debe haber consumidores. Una sociedad de fractura es la peor señal para una sociedad de mercado, en un sentido que no sea ir a un capitalismo salvaje, que es inadmisible para lo que son los principios europeos.

En el ámbito de la política más concreta, esta crisis ha pillado a un Gobierno central que es el primero de coalición en la reciente historia democrática. Usted lleva más tiempo en un gobierno de coalición. ¿Cómo está funcionando ese gobierno de coalición de los socialistas con Compromís y con Unidas Podemos?

Es cierto que el Gobierno de España ha tenido que afrontar de pronto una crisis enorme, la más importante que hemos conocido en nuestra generación. Creo que están haciendo un esfuerzo loable. Es muy fácil criticar en estos momentos. seguro que hay muchas cosas que se podrían hacer mejor, pero hay una voluntad manifiesta de concertar para salir de esta crisis tan grave, tan enorme.

Nosotros tenemos más camino andado y el gobierno está funcionando adecuadamente, también con nuestras limitaciones, por supuesto. Las primeras, las económicas. No solo estamos dando respuesta a la pandemia que es la gran prioridad. Este Gobierno ahora solo está dedicado a dar respuesta a la pandemia. Pero desde el primer día estamos negociando con los agentes sociales y económicos distintas medidas. Todas las semanas yo planteo una reunión con los líderes parlamentarios y con los sindicatos y empresarios.

Hemos adoptados medidas importantes para el apoyo a los autónomos, espero que en las próximas horas podamos darlo también a los trabajadores afectados por los ERTE. De lo que se trata es de convocar medidas paliativas para que después pasemos a la respuesta más estructural que necesitamos. Y para eso, desde la Generalitat Valenciana también vamos a proponer un gran acuerdo, de mínimos si se quiere, para orientar cómo tiene que ser el renacimiento de Comunidad Valenciana.

¿Por acabar, qué papel juega aquí la oposición? ¿Qué papel están jugando los grupos de oposición y cuál es su relación?

En este momento hay una relación positiva. Quiero agradecer a la oposición el tono general que se ha empleado. En casos determinados puede haber más o menos tensión, pero desde el primer momento hemos generado un espacio de transparencia y de complicidad en cuanto a la información. Ya le digo, todas las semanas mantenemos una reunión con los líderes de los distintos grupos parlamentarios. En algunas ocasiones también vienen la vicepresidenta y el vicepresidente o la consejera de Sanidad. Cada día se les dan los datos antes de ser publicados por los medios de comunicación y se atienden las indicaciones que se nos hacen. Esto no limita el papel que ha de tener la oposición y que en el ámbito parlamentario demos las explicaciones correspondientes cuando sea.

Pero creo que es fundamental generar seguridad de país, que se aleje el fantasma de la crispación permanente. Eso no corresponde a una democracia madura. Las críticas deben ser razonadas y tener todo el espacio. El gobierno que crea que tiene toda la razón está equivocado. Es imposible. Nadie tiene nunca toda la razón. Y no todo se ha hecho bien ni se está haciendo magníficamente bien. Se está haciendo con la mejor voluntad y, desde luego, con planificación y con estrategia. Otra cosa es que en momentos determinados haya cosas que se puedan hacer mal. Valoro la voluntad del conjunto de las fuerzas políticas. Se puede coexistir sin una crispación cronificada y ojalá fuera una de las lecciones de la crisis.

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