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Insultos, silbidos y amenazas: así vive un representante público la procesión cívica del 9 d'Octubre en Valencia

Calificativos como "sinvergüenzas", "ladrones", "traidores" o "hijos de puta" intercalados con algún aplauso acompañaron a los representantes públicos durante la marcha

La fuerte presencia policial evita agresiones a políticos y militantes de izquierda por parte de grupúsculos de extrema derecha que no esconden las banderas anticonstitucionales 

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Insultos como "sinvergüenzas", "ladrones", "traidores" o "hijos de puta", silbidos y amenazas se intercalan con algún aplauso. Así vive desde dentro un cargo público la Procesión Cívica que cada 9 d'Octubre, día de la Comunitat Valenciana, se celebra en la ciudad de Valencia para pasear la Real Senyera. Unas actuaciones de grupos de extrema derecha que se disparan y cuya virulencia aumenta cuando los gobiernos de izquierdas están asentados en el Ayuntamiento de Valencia y la Generalitat.

La Procesión Cívica es el acto institucional organizado por el Ayuntamiento de Valencia pero desde que se recuperó la democracia se ha utilizado por parte de la derecha como campo de batalla identitaria. Y ha campado a sus anchas durante años.

Ataques verbales dirigidos sobre todo a los representantes de los partidos de izquierdas -también a los de derechas, aunque en mucha menor medida- y con dedicatoria especial al alcalde, el valencianista Joan Ribó, a quien insultan ("cabrón"), le echan en cara que sea catalán -nacido en Manresa-, y a quien le cantaban el clásico "¡fuera, fuera, fuera...!" o el no menos habitual "¡vete a Catalunya!". También acompañaron la procesión cívica cánticos como: "som valencians, no catalans".

Aunque no se produjeron escenas violentas por el gran dispositivo policial,  durante la procesión algunos grupúsculos vinculados a la extrema derecha exhibieron banderas franquistas y muñecos con esteladas, iguales que en la mañana del pasado lunes aparecieron ahorcados en los postes de la luz a la entrada de Valencia. La importante presencia policial posibilitó que la marcha -insultos y amenazas aparte- transcurriera con normalidad, a pesar de que colectivos ultras habían intentado caldear el ambiente en la víspera.

Los representantes públicos tienen que ir escoltados durante toda la marcha y los militantes de los partidos políticos de izquierdas acompañados por la policía. Es el caso de Compromís o Podemos que, pese a ser los grupos más numerosos realizan todo el recorrido con presencia de antidisturbios y reciben insultos aunque también aplausos. Un comportamiento social que no por habitual deja de ser menos lamentable en una sociedad democrática.

Por la tarde se celebraba la manifestación organizada por la izquierda valenciana, que  logró reunir a unas 15.000 personas y en la que, al contrario de lo sucedido hace un año -cuando la extrema derecha agredió a algunos participantes en esa marcha-, la fuerte presencia policial evitó que se produjeran enfrentamientos y actos violentos, excepto un ataque con gas pimienta a periodistas y antidisturbios perpetrado por miembros de la extrema derecha. A pesar de todo, la policía realizó a lo largo de toda la jornada unas 150 identificaciones y detuvo a una persona que estaba en busca y captura.

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