Los ojos del Open Arms no se despegan del horizonte: “No nos podemos relajar”
La tripulación del Open Arms permanece con los ojos clavados en el horizonte. Cualquier figura avistada a lo lejos les empuja a ponerse alerta. Hace unas horas, han identificado una forma blanca alargada en alta mar. Parecía un toldo. Su experiencia les decía que todo apuntaba a que se tratase de un pequeño pesquero, pero, por si acaso, el capitán ha ordenado bajar el ritmo y aproximarse a la zona para confirmarlo.
Nada puede dejarse a la suposición, podría tratarse de una vida en riesgo. Pero su instinto acertaba: era un pequeño pesquero. El Open Arms continúa patrullando las aguas de rescate. “No nos podemos relajar porque todo esté tan tranquilo”, insiste el capitán a su tripulación. “Acordaos de lo que ocurrió el año pasado en plenas elecciones libias. Había muchísimo control y no podían salir las barcas. Pero de repente encontramos a Sami. Él se escapó”, recuerda Marco.
La tripulación del Open Arms aprende de las experiencias pasadas. Entre tarea y tarea las recuerdan y comparten con aquellos compañeros que no estaban. “Siempre tiene que haber una persona con los prismáticos fuera. Si nos hubiésemos despistado nunca habríamos localizado a Sami”, concluye el capitán del Open Arms.