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— A bordo del Open Arms

Día 4. Con la mente en el Lifeline

27 junio 2018 - 20:13 h

Un día más sin rescates en el Mediterráneo central. El turno de guardia del puente, donde es posible conectarse a Internet, busca información sobre la noticia del día. “¿Qué ha pasado al final con el Lifeline? ¿Les han dejado ya entrar?”, pregunta Ibon, un bombero vasco que está viviendo su primera misión en el Open Arms. La noticia de que finalmente atracarán en Malta ha alegrado a la tripulación, preocupada durante varios días por sus compañeros, manteniendo la comunicación con el barco alemán y ofreciendo su apoyo en caso de emergencia. “Estamos con vosotros”, les decía hace unos días Marco Martínez, el capitán, a través del teléfono.

La decisión de retener el barco de rescate y abrir una investigación les resulta familiar. Se percibe su rabia cuando algunos de los voluntarios de la ONG comentan lo que desde hace días daban por hecho que ocurriría. Su mayor preocupación, la de siempre: que dejen la zona de rescate sin testigos tras los numerosos obstáculos impuestos.

“Harán que el barco esté meses en puerto, sin poder salir a rescatar”, comentan entre ellos. Una ONG más alejada del Mediterráneo. Menos ojos para observar. Menos gritos de denuncia.

Begoña, la doctora a bordo del Open Arms, participó en la misión de la ONG que finalizó con el buque de salvamento incautado por la justicia italiana y con el capitán y la jefa de misión investigados. Por eso, no le han pillado por sorpresa las trabas de Italia y Malta con las que ha arrancado esta nueva operación de rescate.

La médica nos cuenta algunas de las historias que acumula en su memoria tras haber atendido en el Open Arms a centenares de personas recién rescatadas. Habla de ellas. Recuerda la conversación mantenida con una mujer embarazada, superviviente de la violencia sexual a la que son sometidas durante la ruta. “Creo que me contó solo una parte de lo mucho que sufrió...”, explica la voluntaria mientras pasa el tiempo mirando hacia el inmenso horizonte.

Begoña le realizó su primera ecografía. “Empezó a sonar el latido. No mostró ninguna señal de ilusión”, reflexiona la doctora, recordando a esta mujer, rota de dolor tras las agresiones sufridas durante el viaje migratorio.

A Libia, a ese mismo país del que huyen hombres y mujeres deshechos por los abusos sufridos por el hecho de ser migrantes, es adonde Italia anima a devolver a quienes tratan de escapar.

Y por eso los buques de ONG siguen aquí, a pesar de cada vez es más complicado, para denunciarlo y tratar de evitarlo. Aunque, inevitablemente, cada vez son menos.

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