Migrantes retornados “voluntariamente” a Marruecos, tras su desalojo de las playas ceutíes: “La Policía nos presionó en la frontera”
Caso 1. La idea resonaba en la cabeza de Ayoub desde hacía días: “Y si vuelvo a Marruecos. Y si ya me rindo”, rumiaba el adolescente, de 17 años, en las ya frías madrugadas de sus últimos días en Ceuta. El 19 de septiembre, tras una noche de intensos controles policiales en su asentamiento de las naves del Tarajal, el chico se despertó con la decisión tomada. Pidió a sus compañeros barberos que retocasen su corte de pelo, en especial el mechón que suele caer de forma milimetrada sobre uno de sus ojos. Vestido con la ropa que había logrado lavar el día anterior, caminaba aliviado hacia la frontera. Olía a colonia y sonreía. Volvía a Casablanca, y quería que su madre le viese guapo al llegar a casa. Esto sí es un regreso voluntario.
Caso 2. La Policía Nacional irrumpe en el asentamiento de la playa ceutí de Benítez durante la mañana del 27 de septiembre. Los agentes golpean sus tiendas con las porras para despertar a los migrantes que aún duermen. Malik, uno de ellos, se despierta sobresaltado y, cuando trata de entender qué pasa, ve a la policía golpear en la cabeza a algunos compañeros. El joven es retenido junto a decenas de migrantes y, posteriormente, subido a un autobús que aparca justo en un punto situado entre el paso fronterizo del Tarajal y un gran portón que da acceso a las naves, el lugar donde la Policía realiza las labores de triaje e identificación a los migrantes.
Allí, los policías les hicieron descender en grupos de unas seis personas, donde agentes con chalecos amarillos les hablaban durante unos tres minutos para tratar de convencerles de no ser identificados, como marca la ley y el pacto europeo, sino animarles a que se vayan a Marruecos por la puerta de atrás. “Nos explicaron algunas cosas que hemos visto que no eran del todo verdad. Nos presionaron, dijeron hasta que podríamos llegar a ir a la cárcel. Teníamos que decidir muy rápido, había antidisturbios alrededor, me dio miedo y nos fuimos a la frontera”, dice Malik a elDiario.es ya desde Tánger.
Este retorno, decidido supuestamente de manera voluntaria tras una intervención policial opaca y sin asistencia letrada, no es tan voluntario como el de Ayoub. Desde el Ministerio del Interior reconocen diferencias entre traslados “voluntarios sin intermediación policial” y aquellos en los que sí existe una “intermediación policial” justo antes de la decisión de los migrantes e inmediatamente después de un operativo de desalojo forzado de los últimos asentamientos en las playas ceutíes. ONG como Novact, Coordinadora de Barrios, Elin, No Name Kitchen han mostrado su preocupación ante este tipo de retornos supuestamente “voluntarios” en los que, mientras sí se produce una intervención policial, no entran en juego las garantías establecidas en la normativa, como la asistencia letrada. También Amnistía Internacional tacha de “poco transparentes” estos dispositivos y asegura estar investigándolos.
Esta es la vía impulsada en las últimas semanas por el departamento dirigido por Fernando Grande-Marlaska para trasladar a Marruecos a cientos de personas directamente desde los asentamientos que están siendo desalojados en las playas de la ciudad autónoma, según los datos trasladados por el Ministerio de Política Territorial, que hace las veces de mando único en inmigración. Un operativo similar, pero más numeroso, se repitió los días 29 de septiembre desde Benítez. Ese día, 400 personas regresaron a Marruecos “voluntariamente” en un solo día a través del mismo procedimiento. Lo mismo ha ocurrido el 4 y 5 de octubre desde la playa de Trampolín, aunque el Gobierno aún no ha proporcionado datos oficiales de las salidas registradas.
elDiario.es ha hablado con cinco personas que estuvieron presentes en estos operativos, en los que la Policía Nacional, tras el desalojo de las playas de Benítez y Trampolín, tratan de convencerles, en cuestión de minutos y en la misma frontera, de que vuelvan a su país antes de pasar por el triaje y plasmar sus huellas en comisaría. Mientras uno de ellos sí confirma que su intención era volver a su país y acabó de tomar la decisión tras el desalojo de su choza, independientemente del mensaje trasladado por los agentes; los otros cuatro marroquíes contactados admiten haber recibido presiones o haberlas presenciado por parte de la Policía.
Menos de 24 horas después de su retorno “voluntario”, Malik atiende a este medio desde una habitación donde ha pasado la noche tras su regreso. Está tumbado en la cama junto a otro de los migrantes que ha regresado “voluntariamente”. Están en Tánger, pero no es su ciudad. Allí les dejó el autobús que aguardaba al otro lado de la frontera de Ceuta para enviar a sus ciudadanos retornados a los lugares que la policía alauí considere. “Querían llevarnos al desierto, pero pagamos algo a la policía marroquí y nos dejaron aquí”, dice el hombre. El joven asegura que, después de dos meses aguantando en un asentamiento en Ceuta, no quería irse a Marruecos, pero se sintió “presionado” por la Policía en un momento de gran agotamiento físico y psicológico.
“Al principio pensábamos que iban a llevarnos a un campamento, y de repente me encontré que estábamos en la frontera”, dice el hombre, que fue uno de los primeros a los que la Policía Nacional aplicó este sistema directamente tras un desalojo. Tras aplicar este operativo el pasado 27 de septiembre con el desalojo parcial de la playa Benítez con unas 40 personas, el dispositivo se replicó a gran escala el 29 de septiembre y el 4 de octubre, en el resto de desalojo de Benítez y el Trampolín.
“Teníamos que elegir muy rápido”
Malik acababa de bajar de un furgón y unos agentes le dieron “a elegir” entre dos supuestas posibilidades: “Fue tan deprisa. Nos dieron dos opciones y teníamos que elegir muy rápido. Me dijeron que, si pasábamos a comisaría y nos ponían las huellas, nos darían una expulsión directamente, con una prohibición de entrada a la Unión Europea de cinco años. Nos dijeron que esa era la única opción. Que no había asilo. Nos presionaron”, explica el marroquí. El policía que hablaba árabe, añade, les animaba a irse a Marruecos por su propio pie e “intentar entrar a Ceuta en otro momento” en el que no hubiese tanto control, según su relato.
“Yo estaba bloqueado. Nos acababan de sacar a palos de las chabolas, estaba desconcertado y asustado. Dijeron que, si nos quedábamos, hasta podíamos ir a la cárcel. Me dio miedo y me fui a Marruecos para intentarlo en otro momento”, explica por videollamada. A su lado, Mohamed confirma las palabras de su compañero. “Era todo rápido. El policía que hablaba en árabe nos decía que nos fuésemos porque sino nos iban a expulsar y no podíamos volver a intentarlo en cinco años. Y nos dijo que no había otra opción, solo esa”, indica tumbado en la cama de al lado.
“No me dejaron explicarles sus derechos”
Faris (nombre ficticio) separa el pelo de su cabeza para mostrar la herida cubierta de sangre seca. Cuando los policías llegaron al espigón de la playa de Benítez, la zona justo al lado de la desalinizadora de Ceuta, denuncia haber sido golpeado por un agente en la cabeza. Desde ahí, fue trasladado junto a decenas de compañeros a la misma puerta de la frontera antes de entrar en el CATE. Desde que tenía solo 10 años hasta pasada la veintena, Faris vivió en España, por lo que maneja el idioma a la perfección y asegura conocer sus derechos. Por, eso, cuando empezó a escuchar a la policía tratar de convencerles para regresar a Marruecos, dice que intentó “explicar” a sus compañeros que el procedimiento no era tal y como lo estaba explicando el agente.
“Me cortó rápido. 'Tú ponte ahí, no hace falta que hables. Cierra la puta boca’”, me dijo. No me permitían ni intentar explicarle a los chavales“, lamenta el hombre, quien sí consiguió permanecer en Ceuta. ”Yo, como sé español, les expliqué que mi caso era distinto, que había tenido la residencia, y me pude quedar. Dije que sabía que podía pedir asilo“, añade Faris, quien ahora se encuentra en uno de los campamentos del Gobierno donde espera su cita para pedir protección internacional.
Fuentes del Ministerio del Interior confirman que, tras los operativos de desalojo de las playas de Ceuta, antes de que entren al Centro de Atención Temporal de Extranjeros (una comisaría específica para identificar a los migrantes en situación irregular), la Policía “les informa de cuál es el procedimiento de triaje, se les filia, y se les dice que es un procedimiento que continúa y que puede llegar a acabar en expulsión” es en ese momento cuando, dicen, la mayoría de los desalojados de las playas está tomando la decisión “voluntaria” de volver a su país.
Las mismas fuentes oficiales no confirman que se les asegura que, en caso de plasmar su huella en la base de datos, acabarán retornados con una prohibición de entrada de cinco años. Interior reconoce que esa sanción no siempre se produce, sino que depende de distintos factores. “Esa prohibición se da en el caso de expulsión, pero ahora la mayoría de migrantes desde Ceuta no pasan por ese procedimiento”, afirman desde el departamento dirigido por Grande-Marlaska.
Fuentes gubernamentales sí han reconocido anteriormente a este medio que la Policía trata de “convencer” a los migrantes de que no pidan asilo y se vayan de manera “voluntaria”.
La supuesta información trasladada por policías
Según los migrantes presentes en las breves reuniones en la frontera en las que la Policía Nacional trata de convencer a toda prisa a los migrantes de que se vayan a la frontera por su propio pie, hay cuatro argumentos que repiten los agentes de extranjería:
- “Recibirán una orden de expulsión con una prohibición de entrada a la UE de cinco años”. Aunque puede llegar a ocurrir si el procedimiento continúa, varias fuentes jurídicas aseguran que no se aplicaría de forma automática como trasladan los migrantes que dicen haber sido presionados con ello en la frontera, al menos con el marco jurídico presente en la actualidad. En el caso de no pedir asilo, el Gobierno está aplicando órdenes de devolución, no de expulsión, que no conllevan de manera directa la sanción de cinco años de prohibición de entrada, según varias fuentes consultadas. En el caso de ver denegada la solicitud de asilo, el rechazo de la solicitud determina la obligación de abandonar el territorio nacional, pero la imposición de una prohibición de entrada depende de la vía administrativa aplicada y de la concurrencia de ciertas excepciones, según la normativa española. Tampoco es sistemática ni se aplica con la rapidez que, según los migrantes, les han transmitido en la frontera. “A las personas a las que se les aplique un procedimiento de devolución no se les impone prohibición de entrada. A las que se les aplique un procedimiento de expulsión, sí se le puede imponer, pero se puede excepcionar si cumplen el periodo de salida voluntaria concedido”, sostiene Diego Boza, profesor de Derecho Penal de la Universidad de Cádiz y especialista en inmigración. “El Pacto no dice nada claro sobre el procedimiento a seguir ante la negativa de la petición de asilo. En principio, debería aplicarse una devolución y no cabría prohibición de entrada. Podría darse el caso de que se les aplique un procedimiento de expulsión (más largo y garantista) y entonces sí se les imponga prohibición de entrada”, añade el letrado. En todo caso, nunca se aplicaría esa prohibición de forma sistemática y rápida como parecen trasladar a los migrantes en la frontera. Y, en el tiempo entre que piden asilo, se deniega y se emitiese una hipotética orden de expulsión, los migrantes tendrían aún tiempo de regresar voluntariamente a su país, en un procedimiento con más garantías.
- No pueden pedir asilo o no habrá asilo “para nadie”. No es cierto. Los migrantes pueden pedir asilo y el Gobierno tiene la obligación de estudiar cada solicitud. El Ejecutivo está intentando resolver de manera rápida a través del procedimiento acelerado por el pacto migratorio europeo que, sin embargo, todavía carece de una legislación nacional donde incluya los detalles de aplicación. Además, el Ejecutivo ultima la aprobación de un decreto que pretende restringir los límites legales del ya duro acuerdo, pero está en el aire si va a llegar a salir adelante. Lo cierto es que aproximadamente el 90% de las personas marroquíes ven rechaza su petición de protección internacional, pero eso no significa que carezcan de derecho de pedirlo y de ser estudiado cada expediente, pues la Convención de Ginebra obliga a analizar de forma individualizada cada caso. Entre las razones por las que se suele conceder o, al menos, admitir a trámite dichas peticiones están las personas LGTBI, los activistas perseguidos por el régimen marroquí o las personas de origen saharauis, que suelen pedir el estatuto de apátrida.
- Los menores tienen que tener documentos para poder entrar en un centro. Se trata de una frase que este medio escuchó decir a la jefa del dispositivo del Centro de Atención Temporal de Extranjeros (CATE) en una de las reuniones informativas exprés con los migrantes cerca de la frontera. No es así. Las personas que se identifican como menores pueden ser identificadas como tal por la Policía y, si carece de documentos que lo acrediten, se debe dar aviso a Fiscalía e iniciar el procedimiento de determinación de la edad. La Ley del Menor prima la presunción de minoría de edad en estos casos.
- Si se quedan, podrán “ir a la cárcel”. Es alguna de las frases repetidas por algunos migrantes que, asustados y confundidos, regresaron a Marruecos en la última semana tras su desalojo de la playa de Benítez. Es falso. En España, los migrantes no pueden ser encarcelados por su situación irregular. En caso de avanzar un procedimiento de expulsión, solo podrían llegar a ser internados en un CIE durante un máximo de 60 días. Sin embargo, esta vía no se está aplicando por el momento con los migrantes marroquíes bloqueados en Ceuta, pues en la ciudad autónoma no existen este tipo de centros de detención para extranjeros -no penitenciarios-, pues Marruecos está aceptando su devolución a través de los pasos no habilitados de la valla ceutí.
“Si llego a tener la información que luego me han contado otros compañeros, si no me hubiesen metido tanta prisa y miedo, me hubiese quedado”, reflexiona Malik desde Tánger.
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