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Jóvenes y desigualdad ¿una brecha generacional?

El último informe de OXFAM señala el crecimiento continuado de la desigualdad en el mundo, entre sociedades pero también dentro de las mismas entre diferentes grupos sociales. Una de las desigualdades que no cuenta con una atención suficiente en los diferentes informes, sin embargo, es la relativa a la edad, limitada en general a menciones al alto desempleo juvenil y desproblematizada como un estado normal relativo a un momento de transición vital.

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El arte de la pared

El arte de la pared terimakasih0 / https://pixabay.com/es/graffiti-arte-de-la-pared-1132204/

Como señala Amparo Serrano, la juventud, entendida como una categoría construida socialmente estaría sirviendo para legitimar y justificar “la distribución, justificación y legitimación de posiciones desiguales”, estructurando nuestra sociedad en torno a un reparto desigual del poder según los distintos grupos de edad. Así, como continua Serrano, “la edad se traduce en un criterio importante para la división del trabajo en el proceso productivo”, pero también en el acceso a los derechos sociales y políticos que caracterizan la condición de ciudadanía en nuestra sociedad. No es de extrañar que las personas jóvenes se sientan ciudadanos y ciudadanas de segunda categoría, como refleja un reciente estudio dirigido por Jose Feliz Tezanos.

 Como señala la OIT, la población juvenil, además de mayores tasas de desempleo, tiene mayor incidencia del trabajo temporal y del trabajo parcial involuntario, así como formas atípicas de empleo (informalidad o trabajo familiar, por ejemplo), algo con graves consecuencias en forma de menores salarios, menor protección social (en términos de pensiones o seguros de desempleo), menores oportunidades de promoción y formación en el trabajo, junto a menores derechos laborales y sindicales. Nuestro país, como señala la última EPA es un ejemplo claro de esta descripción.

 Esta situación laboral, junto a la falta de protección social de las personas jóvenes, hace que sea el colectivo donde más ha crecido el porcentaje de población en situación de riesgo de pobreza y/o exclusión social, llegando a estar en esta situación en 2014 un 36,4% de las personas entre 16 y 29 años. Por un lado, como resultado de la precariedad laboral, la tasa de cobertura por desempleo es muy inferior entre las personas menores de 30 años, recibiendo en el tercer trimestre de 2015 únicamente un 9% de ellos algún tipo de prestación por desempleo, frente a un nivel general del 27,9% .

Por otro lado, como señalan los informes de FOESSA, esta situación es fruto de un sistema de bienestar que presenta una desigual protección en términos generacionales, al privilegiar principalmente al colectivo de personas mayores y los trabajadores con largas carreras laborales, excluyendo a las personas jóvenes de los programas de rentas mínimas o del acceso a políticas de protección frente a los procesos de exclusión social, como se demuestra en la difícil situación de los jóvenes en relación al acceso a la vivienda, con bajísimos niveles de emancipación y altos niveles de sobreendeudamiento

Así, parecería que la juventud se ha construido como un sujeto colectivo que debe soportar la desigualdad como algo normal y legítimo, a la espera de una situación mejor que no acaba de llegar. Sin embargo, este no es un problema de las personas jóvenes exclusivamente, en la medida en que la precarización de la población juvenil supone la precarización y empobrecimiento de la propia sociedad en su conjunto.

Por ello hay que preguntarse sobre la viabilidad de una sociedad estructurada sobre desigualdades y  la exclusión de una parte importante de su población, su juventud.

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