Un agricultor peruano pone contra las cuerdas a una eléctrica alemana por contribuir al cambio climático

Saúl Luciano Lliuya, agrisultor y guía de montaña peruano. Foto: Alexander Luna.

Aldo Mas

Berlín —

A sus 38 años, Saúl Luciano Lliuya no tiene las preocupaciones de cualquier padre de familia. Lliuya, un peruano casado y con dos niños, es agricultor y guía de montaña para turistas en Huaraz, una ciudad de unos 150.000 habitantes situada a 3.000 metros sobre el nivel del mar, en los Andes. Desde allí, Lima queda a unos 450 kilómetros al sur. A Lliuya, lo que le preocupa es que una catástrofe provocada por el cambio climático haga desaparecer del mapa a su ciudad. Por ejemplo, le quita el sueño que Huaraz pueda quedar arrasada por un terremoto, un corrimiento de tierra o un aluvión proveniente de la Laguna Palcacocha.

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Para evitar ocurra que algo así, Lliuya lucha por la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Esa batalla le ha llevado a enfrentarse en los tribunales, con la ayuda de una fundación y una ONG alemanas, al gigante energético germano RWE. Fundada en 1898, esta empresa es la segunda compañía del sector energético en Alemania. Su volumen de negocio ronda los 50.000 millones de euros anuales.

En Alemania, RWE es una de las empresas señaladas por los ambientalistas como uno de los grandes emisores de CO2, un gas de efecto invernadero. “Desde el principio de la industrialización, RWE ha producido el 0,5% del total de dióxido de carbono emitido a la atmósfera”, señala a eldiario.es Stefan Küper, de la ONG de defensa del medio ambiente Germanwatch. Ésta es una de las organizaciones germanas que apoyan la causa de Lliuya. A su servicio también trabaja la Fundación Viabilidad Futura.

Según cuenta Lliuya a eldiario.es, debido al cambio climático, los dos glaciares que alimentan la Laguna Palcacocha se derriten cada año uno poco más. Como resultado, la laguna lleva ya meses amenazando con desbordarse. “Estamos en una situación de riesgo, el Gobierno se está ocupando de la situación mediante un sistema de tuberías que está sacando agua a la laguna, pero esa no es una solución duradera, porque el riesgo sigue ahí”, dice Lliuya.

Ni él ni nadie en Huaraz olvidan que, el 13 de diciembre de 1941, la caída al lago de un enorme bloque de hielo de uno de los glaciares provocó un aluvión de catastróficas consecuencias. Más de la mitad de Huaraz fue cubierta de agua, lodo y rocas. Murieron 5.000 personas. “Ahora mismo en Huaraz debemos ser unos 150.000 habitantes, si hay un aluvión, algo que esperemos que no ocurra, habría unas 50.000 personas afectadas”, apunta.

Lliuya teme por su casa, que está en el barrio de Nueva Florida, una zona por la que él ve un paso natural para un aluvión llegado de las cimas nevadas que marcan el paisaje de su ciudad.

Este hombre afable trabaja como guía de montaña en la temporada alta de turismo y como agricultor en los meses del año en los que escasean los visitantes. Conoce bien su región. “Desde que tengo uso de razón he observado los cambios en la montaña, la desaparición de los glaciares”, aclara.

Él ve a su ciudad en peligro por culpa del cambio climático. La ciudad, y su economía, que se apoya en el turismo y la agricultura. “Cada año ves menos el glaciar. Hay zonas en las que se retira diez y hasta treinta metros”, precisa Lliuya. “La desaparición de los glaciares es un proceso muy amplio que tiene muchas y graves consecuencias”, resume. “Todo esto preocupa, porque en realidad estamos perdiendo recursos hídricos. También los turistas vienen aquí por la belleza paisajística de la zona y podrían dejar de venir, porque al ritmo que está desarrollándose la desaparición de los glaciares, turismo y agricultura va a ir desapareciendo también”, lamenta.

Hace algo más de dos años, sus contactos con un voluntario alemán le llevaron a llamar a la puerta de Germanwatch. Ésta organización y la Fundación Viabilidad Futura han hecho posible que Lliuya haya llevado a los tribunales a RWE, a la que responsabiliza de los daños producidos por el cambio climático en su región. “Primero reclamamos a la empresa directamente, pero ésta no reconocía lo que le decíamos, por eso luego fuimos a los tribunales”, señala Lliuya.

Un proceso judicial que lo cambia todo

Hace un año, fue desestimada su demanda civil presentada en el Tribunal del distrito de Essen. Pero Lliuya apeló esa decisión. Llevó el caso a una instancia superior de la justicia alemana. Hace un par de semanas, ese tribunal de apelación admitió a trámite la demanda, lo que invita a pensar que habrá un proceso judicial en toda regla. El proceso se encuentra actualmente en fase de análisis de las pruebas presentadas por el peruano.

“El juez ha reconocido por primera vez que un gran contaminante debe, en principio, ser responsable de proteger a aquellos que corren los riesgos por el cambio climático”, dicen a eldiario.es desde la Fundación Viabilidad Futura. Aluden así la última decisión de la justicia germana.

“Esa decisión es un gran éxito para el demandante y un hecho histórico que da mucha esperanza a mucha gente de todo el mundo que ve su vida afectada por los riesgos que entraña el cambio climático”, añaden desde esta organización. En el caso de Lliuya, esta fundación se ocupa, entre otras cosas, de canalizar donaciones para financiar los costes de la batalla judicial. Lliuya, por sus propios medios, no podría haber sufragado una lucha en los tribunales como la que mantiene.

Estos días, celebran la última decisión judicial en la Fundación Viabilidad Futura y en Germanwatch. “Puede establecerse un precedente muy significativo, pues hay otras empresas que también tienen responsabilidad por hechos parecidos y que podrían verse afectadas”, señala Küper, de Germanwatch. Con él coincide, aunque sin celebraciones, Guido Steffen, uno de los responsables de comunicación de RWE.

Medio centenar de ciudades como Huaraz en el mundo

“Que se pueda responsabilizar a otras empresas de este tipo de procesos es una de las consecuencias que podría tener una condena”, dice Steffen a eldiario.es. Él insiste, como hace en su defensa ante los tribunales RWE, al apuntar que “un simple emisor no puede ser responsabilizado por un proceso que tiene un impacto global”. “Nadie puede ser condenado por algo tan complejo, que tienen lugar en todo el mundo, porque esto significaría que cualquiera puede acusar a cualquiera por emitir CO2, también se podría acusar a otra persona, por respirar, al taxista, por conducir un coche, al turista, por viajar en avión, o al dueño de un pequeño taller”, abunda Steffen.

En RWE dicen comprender la preocupación de Lliuya, “por su seguridad, la de miles de personas y la de su familia”, pero en la empresa cuesta entender que este proceso judicial se esté desarrollando en Alemania y no en Perú. En Alemania, sin embargo, Lliuya está recibiendo estos días una atención mediática sin precedentes. Tal vez su causa lleve a tomar en serio la situación de Huaraz, que no es un caso aislado. Según las estimaciones de la Fundación Viabilidad Futura, en el mundo hay 50 ciudades en una situación similar a la de la ciudad de Lliuya

El objetivo de este agricultor y guía de montaña lo comparten centenares de miles de personas en todo el planeta. “Queremos que se reduzcan las emisiones de gas de efecto invernadero, sólo así se pueden rebajar las temperaturas”, subraya Lliuya. “Rebajando las temperaturas se mantendrán los glaciares, pero si continúa el aumento de las temperatura con las emisiones actuales, entonces estaremos mal”, concluye.

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