Los impuestos en campaña
George Lakoff lo explicó en No pienses en un elefante: quien define el lenguaje gana el debate, porque las palabras no solo comunican, construyen realidades. Y pocas realidades se construyen tan bien con conceptos como la fiscalidad. Cuando la derecha propone bajar impuestos habla de “aliviar la carga fiscal” o de “aflojar la asfixia”. Si los impuestos son una carga, quien la quita es un héroe y quien propone subirlos, un verdugo. Y desaparece del debate la idea de los impuestos como inversión compartida o sistema de solidaridad.
Pero la metáfora ya casi sobra. A pocas semanas del 29 de noviembre, Feijóo promete bajar el IRPF desde el primer año y bonificar el de los empleos jóvenes. Vox ha ido un paso más allá: ha lanzado un simulador que te pide tu sueldo y te dice cuánto cobrarías si gobernasen. Con 30.000 euros brutos al año, la herramienta calcula unos 360 euros más al mes: el IRPF pasaría de unos 4.970 euros anuales a unos 630. Se ha hecho viral en X en cuestión de horas. Ya no hay carga ni asfixia: hay un número, el tuyo, listo para compartir.
Lo que el simulador no enseña es la otra columna. No cuantifica la pérdida de recaudación, que se estima en decenas de miles de millones, ni detalla qué gasto público habría que recortar para cuadrar las cuentas. Y la cifra es válida solo dentro de los supuestos de la propia herramienta, no es una previsión de cómo quedaría tu economía. Tampoco te dice cuánto vale lo que ya recibes: la sanidad que usas, la escuela, la pensión de tus padres. El marco funciona porque muestra el beneficio personal y esconde el precio colectivo.
El PP lo practica en versión institucional. En el arranque de la precampaña, Feijóo anunció que su Gobierno pedirá sacrificios. Ante la polémica, su portavoz, Ester Muñoz, aclaró que no se refería a recortes, sino a que quien se esfuerza debe ser recompensado, por ejemplo con rebajas de impuestos a autónomos y pequeños empresarios. El vídeo de precampaña de Feijóo cierra con un lema: “España, tu esfuerzo merecerá la pena”. Hay una lógica implícita: si bajar impuestos es premiar a quien trabaja, mantenerlos o subirlos es castigarlo. Premio y castigo, mérito y penitencia: el marco de la carga, ahora con moral incluida. Y queda una pregunta sin responder: quien promete a la vez rebajas y sacrificios debería explicar qué servicios pagarán la factura.
Y el efecto se nota. El Barómetro Fiscal del IEF (datos de 2025) dice que el 35% de los jóvenes de 18 a 24 años cree que sin impuestos viviríamos mejor, y el 38% en la franja de 25 a 39, frente al 10% de los mayores de 65. Solo el 65% de los más jóvenes considera necesaria la Hacienda pública, frente al 89% de los mayores de 65, y el apoyo general (79%) es el más bajo de toda la serie.
La explicación no está solo en los datos económicos. Es cierto que muchos jóvenes tienen razones para estar frustrados: sueldos bajos, alquileres imposibles, precariedad y un horizonte de inseguridad permanente. Pero lo que no es cierto es que la causa de todo eso sea el IRPF o la cotización a la Seguridad Social. Lo que ha cambiado no es solo su situación objetiva, sino el marco mental desde el que interpretan la fiscalidad.
Y ese marco se construye cada día en el universo digital. En TikTok, Instagram, YouTube o X se repite que “trabajamos para el Estado”, que “si lo he conseguido solo, ¿por qué tengo que pagar más?”, que “el Estado castiga a los que se esfuerzan”, que “ser listo es irse a Andorra” o que “pagar impuestos es de tontos”. Un adolescente descubre antes un vídeo viral contra Hacienda que una explicación básica de cómo se financian las pensiones. Es un discurso antisocial que desprecia no solo los impuestos, sino la propia idea de lo común, y cala porque llega en el formato adecuado, con el tono adecuado, desde voces que los jóvenes consideran cercanas.
De ahí la batalla cultural. Si la izquierda no entra, la pierde. No basta con repetir que sin impuestos no hay Estado: hay que demostrarlo en los formatos y con las voces de esta era. Falta el simulador inverso: cuánto vale lo que ya recibes. Y falta empezar por la escuela: según un estudio de la Plataforma por la Justicia Fiscal de hace cinco años, el 92,9% de los jóvenes de 18 a 35 años reconocía no haber recibido formación sobre impuestos en las aulas.
Los impuestos serán uno de los ejes de la campaña del 29 de noviembre. PP y Vox han hecho de la rebaja fiscal su mensaje central, con simuladores, vídeos y promesas de recompensa, y con un lenguaje pensado para calar, sobre todo, entre los más jóvenes. La izquierda puede seguir discutiendo cifras o puede disputar el sentido: explicar qué se paga, qué se recibe y quién lo financia. Porque si perdemos la batalla de los impuestos entre los jóvenes, lo perderemos casi todo. No porque desaparezcan los impuestos, eso es una fantasía, sino porque desaparecerá la idea de que pagar entre todos es mejor que sobrevivir cada uno por su cuenta. Esa sí sería la verdadera derrota.
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