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El gran negocio de Amazon, Starbucks y Google: no pagar impuestos

Policías británicos protegen un local de Starbucks durante una manifestación contra la austeridad en Londres. Foto: Flickr de Chris Brown CC.

Iñigo Sáenz de Ugarte

Las auténticas cifras de facturación de Amazon en el Reino Unido han dejado de manifiesto la cifra irrisoria de impuestos que paga la empresa gracias a prácticas tan legales como polémicas. Una comisión parlamentaria informó en la noche del miércoles que la empresa digital disfrutó de ventas en 2011 por valor de 3.350 millones de libras (unos 4.100 millones de euros).

En los últimos tres años, la cifra de facturación supera los 7.000 millones, pero los impuestos de sociedades abonados han sido sólo de 2,3 millones de libras.

Se suponía que las cifras conocidas eran confidenciales, o al menos esa era la intención de Amazon al entregarlas a la comisión parlamentaria tras recibir esa petición de información. Pero los políticos británicos comienzan a estar indignados con las estrategias fiscales de las grandes corporaciones que canalizan hacia el exterior sus cifras de facturación con el fin de no pagar impuestos o pagarlos en cantidades mínimas.

A comienzos de noviembre, directivos de Amazon, Starbucks y Google comparecieron ante esa comisión para responder sobre su política fiscal. Los diputados querían saber, en el caso de Amazon, cómo era posible que los clientes británicos compren libros en la web británica de Amazon, reciban el producto que ha sido guardado en una almacén situado en el Reino Unido, junto a una factura emitida en el Reino Unido, y al final la compañía pague el impuesto de sociedades sobre esas ventas en Luxemburgo.

Los diputados querían saber quién era el dueño exacto de esa empresa subsidiaria de Amazon en Luxemburgo y en qué condiciones se llevaba a cabo esta ingeniería fiscal. El directivo de Amazon, Andrew Cecil, respondió con evasivas hasta que la presidenta de la comisión le acusó de estar contando “tonterías inaceptables”. Terminaron reclamando que la compañía enviara a un directivo con más galones que estuviera en condiciones de responder a las preguntas.

El caso de Starbucks también molestó a los parlamentarios al enterarse de que la empresa no ha tenido que pagar impuesto de sociedades en los últimos tres ejercicios. La cadena de cafés cuenta con 7.000 empleados y 800 establecimientos en el Reino Unido, pero supuestamente no ha tenido beneficios, algo que los diputados comentaron que era muy difícil de creer.

Los beneficios por los cafés que se beben los británicos en Starbucks provocan impuestos que en realidad se pagan en Holanda a través de una filial. Google hace lo mismo con Irlanda, que cuenta con un impuesto de sociedades muy inferior al de otros países de la UE. Cuando les preguntaron exactamente qué cantidades de dinero habían pagado en Holanda o Irlanda, los directivos dijeron que no estaban autorizados a dar esa información, supuestamente por las autoridades fiscales de esos países.

El veredicto de los diputados británicos fue revelador. Denunciaron que las tres empresas eran “inmorales”, “manipuladoras” y que practicaban “a escala industrial una estrategia preconcebida para no pagar impuestos”.

Lo malo es que todo lo que hacen empresas como Amazon es legal y la estrategia de avergonzarles en público en el Parlamento no será suficiente para que cambien de política. La presidenta de la comisión, Margaret Hodge, tuvo que reconocer las limitaciones de sus acusaciones: “No les estamos acusando de hacer algo ilegal. Les acusamos de hacer algo inmoral”.

La respuesta del jefe de Google en el Reino Unido: “Google trabaja en función de las reglas aprobadas por los políticos. Los únicos que pueden decidir aquí son los políticos que son los que dictan las normas fiscales”.

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