Tener el primer hijo reduce un 26% las posibilidades de las mujeres de ser CEO, mientras que aumenta las de los hombres
El nacimiento del primer hijo marca un punto de inflexión en las carreras hacia la dirección de las empresas, pero de forma muy distinta para hombres y mujeres. Tras convertirse en madres, ellas tienen, de media, un 26% menos de probabilidades de llegar a ocupar un puesto de CEO (chief executive officer, similar al consejero delegado) que antes de dar a luz. Entre los hombres, en cambio, esa probabilidad aumenta en torno a un 16%.
Es la principal conclusión de una investigación de la Oficina Nacional de Investigación Económica de Estados Unidos (NBER, por sus siglas en inglés), uno de los más reputados centros de estudios privados del mundo. El trabajo 'Do Children Derail Women from the CEO Track?', de los investigadores Santiago Campos-Rodríguez y David Neumark, analiza registros administrativos que permiten vincular información de empresas y trabajadores con datos del registro civil sobre matrimonios y nacimientos en Costa Rica. Son 1,9 millones de empleados, de los que cerca de 398.000 tuvieron su primer hijo durante el periodo estudiado, entre 2006 y 2019.
Los autores identifican el primer nacimiento como “un momento central en el que divergen las trayectorias ejecutivas de mujeres y hombres”. Para ellas, explican, la llegada del primer hijo va seguida de “una caída persistente en la probabilidad de ocupar un puesto de CEO”. Entre los hombres, en cambio, no observan una disminución comparable.
Ese 26% debe interpretarse como una reducción relativa, no como una pérdida de 26 puntos porcentuales. Es decir, para los expertos si antes del nacimiento una mujer tenía una determinada probabilidad de llegar a ser CEO, después del nacimiento esa probabilidad es, en promedio, un 26% menor que la que tenía el año anterior. El efecto, además, varía según el tamaño de la empresa: la reducción es del 32% en las pequeñas, del 25% en las medianas y del 17% en las grandes.
Para los hombres, el patrón es el contrario: su probabilidad de convertirse en CEO aumenta un 16% en las empresas pequeñas, un 12% en las medianas y un 51% en las grandes. En estas últimas, el incremento empieza a ser significativo a partir del segundo año después del nacimiento y alcanza aproximadamente un 36% por encima del nivel previo diez años después.
El nacimiento pesa más que el matrimonio
El estudio también analiza qué ocurre alrededor del primer matrimonio. Una boda está asociada con una mayor probabilidad de llegar a CEO entre los hombres, mientras que entre las mujeres los cambios son mucho más débiles y menos sistemáticos. En el caso del nacimiento, en cambio, aparece una caída persistente para ellas.
Al comparar matrimonio y nacimiento, los investigadores encuentran que la diferencia entre hombres y mujeres es mayor después de tener un hijo. En empresas de cualquier tamaño, la divergencia asociada al nacimiento es 1,97 veces la asociada al matrimonio: es decir, prácticamente el doble. En las empresas pequeñas, la relación sube a 3,08 veces, por lo que la divergencia tras el nacimiento es algo más del triple que la observada después del matrimonio.
¿Qué cambia después de tener un hijo?
Otro de los aspectos que analiza la investigación es cómo cambian el empleo y los ingresos dentro de los hogares. Después del nacimiento del primer hijo, el empleo de los hombres se reduce solo ligeramente, alrededor de un 1% o un 2%, mientras que el de las mujeres cae de forma mucho más marcada.
También disminuye la contribución de las mujeres a los ingresos del hogar. Sus ingresos laborales caen incluso cuando el análisis se limita a quienes continúan dentro del sector formal. Los autores hablan de “especialización dentro del hogar” para describir este proceso. Tras el nacimiento, los hombres pasan a tener un papel más importante como fuente de ingresos familiares, mientras las mujeres reducen su empleo, sus ingresos y su participación en los ingresos del hogar.
El documento encuentra una relación entre la aportación económica de cada miembro del hogar y sus posibilidades posteriores de llegar a CEO. Un aumento de diez puntos porcentuales en la proporción de los ingresos familiares aportados por una persona se asocia con un incremento de aproximadamente el 15% en su acceso posterior a la dirección entre las mujeres y del 8% entre los hombres.
Los investigadores consideran que esto ayuda a explicar la divergencia: después de formar una familia, “el papel dentro del hogar que está positivamente asociado con el acceso futuro a un puesto de CEO se vuelve más frecuente entre los hombres, pero menos frecuente entre las mujeres”.
El efecto es mayor entre las mujeres que aportaban menos ingresos
Por franjas de ingresos, entre las mujeres la caída posterior en el acceso a puestos de CEO se concentra en aquellas que aportaban menos de un tercio de las rentas familiares antes del nacimiento. Las mujeres con ganancias de más de dos tercios experimentan descensos mucho menores. Entre los hombres, los efectos positivos se concentran en quienes ya suponían más de dos tercios de los ingresos del hogar.
Para los autores, estos resultados son compatibles con que el nacimiento “refuerza una especialización dentro del hogar que ya existía previamente”. Es decir, las mujeres con trabajos precarios y peor remunerados en comparación son las que se alejan más de esos puestos directivos. Mientras que los hombres que ya eran los principales sustentadores parecen reforzar su vinculación con el trabajo remunerado.
El documento concluye que las personas que aportan una mayor proporción de los ingresos del hogar tienen más probabilidades de convertirse posteriormente en CEO. Al mismo tiempo, el nacimiento desplaza la posición económica en direcciones diferentes para hombres y mujeres.
Los autores no descartan otras explicaciones
Los investigadores plantean la especialización dentro del hogar como un mecanismo que ayuda a explicar sus resultados. Pero esta no es la única explicación posible. El estudio señala que sus resultados no descartan que la discriminación, las creencias de los empleadores, las diferencias en las preferencias profesionales o las diferencias en competitividad contribuyan a la brecha de género en los puestos de CEO.
También advierten de que el diseño permite estudiar los cambios en las trayectorias alrededor del momento del primer nacimiento, pero puede no recoger todos los efectos que se producen antes de ese momento. Por ejemplo, los autores plantean que una mujer que anticipe que la maternidad puede limitar su carrera hacia la dirección podría modificar antes del nacimiento sus decisiones sobre fertilidad, tipo de empleo, movilidad o inversión profesional.
Puede existir, por tanto, un efecto de selección: las mujeres con una mayor preferencia por las carreras hacia puestos de máxima responsabilidad podrían tener, desde el principio, una menor probabilidad de tener hijos. Por eso, el resultado debe leerse como una estimación del cambio en las trayectorias alrededor del nacimiento y no como una afirmación de que tener un hijo sea, por sí solo, la causa de que una mujer no llegue a CEO, defienden los autores.
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