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La “trampa del alquiler” dificulta el ahorro e impide acceder a una vivienda en propiedad: “Es un agujero negro”

Imagen de archivo de una manifestación por la vivienda en Barcelona, el 5 de abril de 2025

David Noriega

18 de marzo de 2026 00:01 h

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El alquiler se ha convertido en una losa, cada vez más pesada, para el ahorro. Los inquilinos tienen más complicado llegar a fin de mes que la población propietaria, incluso que aquellos que están pagando una hipoteca, según un informe elaborado por Oxfam Intermón, a partir de una encuesta encargada a la consultora 40dB. “En España está empezando a ser más importante el tipo de vivienda que el empleo. Puede parecer algo obvio, pero ahora lo vemos con un modelo estadístico y la diferencia es mayor de la que esperábamos”, explica el responsable de políticas de protección social y empleo de la entidad y coordinador del trabajo, Alejandro García-Gil.

El informe arroja luz sobre las dos caras de una misma moneda. Una es la tasa de esfuerzo, el porcentaje de los ingresos que se destinan a pagar la vivienda. La otra, la capacidad de ahorro. Son, en realidad, dos vasos comunicantes, porque “el pago de la hipoteca o del alquiler suele representar el principal gasto de los hogares, por lo que la tasa de esfuerzo condiciona la capacidad de ahorro”, señala.

Como muestra el siguiente gráfico, tan solo el 15% de los inquilinos dedican menos del 30% a pagar el alquiler, frente al 38,1% de las personas que tienen una vivienda en propiedad. Esa barrera del 30% es a partir de la que el Banco de España considera que se realiza un “sobreesfuerzo”.



En cualquier caso, es un lastre del que no se libra buena parte de la población. “Se encontrarían en esta situación el 62% de las personas hipotecadas y el 85% de las inquilinas, lo que deja a los hogares en una situación comprometida económicamente tras pagar la vivienda, teniendo que destinar muy pocos recursos a otros gastos como la alimentación, ropa, suministros u ocio”, indica Oxfam Intermón, que califica este hecho de “grave”.

Pero la diferencia es notable, según los resultados del modelo estadístico. Aunque en la capacidad de ahorro influyen tanto los salarios como el régimen de tenencia de la vivienda, este último factor es el que más brecha genera. “No importa tanto que suban las pensiones, el salario mínimo interprofesional o mediante la negociación de los convenios, si el alquiler consume esos ingresos como un agujero negro”, apunta García-Gil, que reclama que el IPC refleje la evolución del precio de la vivienda y que esta se introduzca en la negociación colectiva.

Un informe de CGT, publicado hace unas semanas, indicaba que, en 2025, “la inflación media que sufrieron los hogares inquilinos fue del 4,7%, frente al 2,7% de inflación media que alcanzó el IPC oficial”. Desde enero de 2019, si se tiene en cuenta esta variable, los precios habrían aumentado un 31% para quienes viven de alquiler, frente al 25% del resto. El sindicato reclamaba como “urgente impulsar medidas políticas contundentes para contener el precio de la vivienda, así como lograr incrementos salariales que tengan en cuenta esta realidad”, que afecta a unos 3,3 millones de hogares, en los que viven 8,4 millones de personas.

La siguiente tabla muestra la probabilidad de ahorrar en función de los ingresos, según el régimen de tenencia del hogar. Tienen más probabilidad una persona que ingrese el salario mínimo, aunque tenga que pagar hipoteca, que un inquilino con un sueldo de 1.500 euros al mes. O un propietario sin hipoteca con ese salario, que un arrendatario que ingrese 2.500 euros. Hay múltiples combinaciones, pero todas dejan quienes viven de alquiler en una posición rezagada.



Como se puede apreciar, solo puede ahorrar una de cada tres personas que cobra el salario mínimo, el más habitual en España en este momento. El investigador atribuye ese 32,4%, que puede parecer abultado dado el coste de los alquileres, a rentas antiguas, a precios asequibles o a circunstancias concretas de esas familias. Incluso con ese sueldo mínimo, pueden ahorrar el 42,4% de las personas que afrontan mes a mes una cuota hipotecaria, y casi el 60% de quienes ya tienen la casa pagada.

García-Gil señala un factor difícil de ponderar a tener en cuenta en el análisis de los resultados relativos a las hipotecas. “Ahí se incluyen las del primer año, que pueden tener unos tipos relativamente elevados, o las del último, que están pagando poco. Sin embargo, las realidades de quienes viven de alquiler son más homogéneas, porque los contratos duran cinco o siete años”, aclara.

Esto dibuja una escalera en la capacidad de ahorro, donde cada escalón representa unos siete puntos. Menos del 40% de la población que vive de alquiler consigue ahorrar; son el 46% en el caso de las personas no emancipadas; el 53% de los hipotecados; y el 60% de quienes disfrutan de una vivienda completamente pagada. La encuesta hace referencia a la capacidad de ahorro, no a la cantidad que se ahorra.



La balanza entre alquiler y ahorro acaba mostrando, indica el autor del informe, la “trampa del alquiler”. “Las cuotas hipotecarias son más baratas que el alquiler; pero quien vive de alquiler no puede ahorrar; entonces no puede acceder a una hipoteca; así que sigue viviendo de alquiler”, describe García-Gil.

Un estudio publicado por Idealista la semana pasada indicaba que la cuota hipotecaria es, de media, un 36% más baja que el alquiler. Para un piso de dos habitaciones, la hipoteca supone un esfuerzo de 698 euros al mes, frente a los 1088 del alquiler. “Aun así, el principal obstáculo para la compra se sitúa en los elevados niveles de ahorro necesarios para poder optar a la financiación”, señala la plataforma, que estima que esta aportación inicial rondaría los 65.000 euros, con picos de hasta 100.000 en ciudades como Palma, Donostia, Madrid y Barcelona.

En este contexto, el apoyo familiar y las herencias se convierten en un empujón clave para acceder a la propiedad. En 2025, el número de donaciones de padres a hijos ascendió a 225.000 operaciones, según el Consejo General del Notariado, un 13% más que en 2024. El incremento es constante desde 2014. Ya en octubre, la portavoz del Consejo, María Teresa Barea, explicaba que se trata de “un reflejo socioeconómico y una imagen del mercado inmobiliario en cuanto a la coyuntura en la que los jóvenes tienen muchas dificultades para acceder a la vivienda”.

El salvavidas de las herencias es cada vez menos frecuente. Según un estudio del Instituto de Investigación Urbana de Barcelona, publicado a finales de 2024, ya alertaba de que 7 de cada 10 inquilinos de Madrid y Barcelona no espera heredar una vivienda que le permita acceder a una casa en propiedad y, de los que sí lo hacen, el 80% tendrá que compartirla.

El propio Banco de España indicaba en una reciente estadística que los hogares más acaudalados concentran cada vez más su riqueza en vivienda, mientras la crisis se ceba con la mitad más humilde. El regulador muestra así como la vivienda se está convirtiendo, cada vez más, en una fuente de desigualdad.

Oxfam Intermón señala como la dificultad de acceder a una vivienda asequible supone renuncias concretas. “En el último año, más de tres millones de personas se han tenido que mudar [por no poder hacer frente a las subidas de los alquileres], lo que tiene consecuencias que van más allá del sitio donde duermes: afectan a la distancia al trabajo o al centro de estudios, dejas atrás amigos y familiares o ya no puedes vivir en tu barrio o en tu pueblo”, explica García-Gil, que ha cuantificado que casi la mitad de las mudanzas se producen en zonas diferentes a las que se vivía. “En lugar de ir a la ciudad de 15 minutos, vamos a la vivienda a una hora”, lamenta.

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