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Humanizar la radioterapia eliminando las huellas físicas y psicológicas del tratamiento

Tratamiento de radioterapia.

Mercè Palau

La precisión es fundamental en la radioterapia oncológica. De ella depende la seguridad y la eficacia del tratamiento. Lo es porque la radiación es potente, mata las células cancerosas, pero puede afectar también las células sanas cercanas. Y ahí es donde entra en juego la precisión. Esta exigencia ha obligado a recurrir a pequeños tatuajes en la piel para garantizar que se coloca de forma correcta en cada sesión. 

Son marcas que sirven para posicionar correctamente al paciente durante el tratamiento diario. Pese a su efectividad, deja marcas físicas y psicológicas en el paciente. Los avances tecnológicos han permitido no depender de estos tatuajes permanentes para configurar el tratamiento. Uno de ellos es el uso de luz no invasiva emitida por cámaras especializadas que rastrean la anatomía de la superficie cutánea del paciente en tiempo real, antes y durante el tratamiento, para garantizar la posición correcta en cada sesión. 

En esta línea, el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz se ha consolidado como uno de los primeros centros de España en apostar por tratamientos de radioterapia libres de tatuajes con la incorporación de un sistema de Radioterapia Guiada por Superficie (SGRT, por sus siglas en inglés). “Es como un GPS corporal que comprueba continuamente que el tratamiento se está administrando exactamente en el lugar previsto”, explica el Doctor Javier Luna, jefe del Servicio de Oncología Radioterápica de la Fundación Jiménez Díaz.

Javier Luna, jefe del Servicio de Oncología Radioterápica del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz.

Radioterapia más precisa y sin marcas 

La Radioterapia Guiada por Superficie (SGRT) es una técnica de radioterapia externa que usa tecnología de cámara tridimensional para alinear con precisión a los pacientes con la posición de tratamiento correcto. Durante el tratamiento, se realiza un seguimiento en tiempo real de la superficie del cuerpo y se monitoriza la posición exacta del tumor para garantizar que la zona tratada sea la más precisa. 

Por tanto, monitoriza de forma continua el cuerpo: si se mueve más allá de un umbral preestablecido, al respirar, por ejemplo, o cambiar de posición, el haz de radiación se detiene automáticamente hasta que vuelve a la posición correcta. Al garantizar un posicionamiento óptimo, se minimiza la exposición a la radiación en los tejidos sanos circundantes y mejora la precisión del tratamiento. 

Por tanto, en lugar de depender de referencias fijas que se marcan sobre la piel, el control de este sistema, implementado en el Servicio de Oncología Radioterápica del hospital madrileño en junio de 2022, y gracias a varias cámaras 3D, se realiza sobre miles de puntos anatómicos monitorizados de forma dinámica y permanente.

Se trata de una tecnología eficaz para buena parte de tumores, pero lo es de forma especial para tumores localizadas en zonas sometidas a movimiento respiratorio, como el de mama o el de tórax, en los que la respiración puede cambiar la posición del tumor y la de órganos sanos próximos, como el corazón. 

El objetivo de los tratamientos de radiación es asegurar que se está tratando exactamente la misma zona en cada sesión. Hasta ahora, los tatuajes han sido una forma bastante sencilla de comenzar este proceso. Pero las cámaras 3D permiten monitorizar la superficie de la piel del paciente en tiempo real y compararla con la posición ideal con precisión milimétrica. Esto garantiza que la radiación se administra solo cuando el paciente está correctamente posicionado, lo que mejora la seguridad y la comodidad.

Esta tecnología “permite aumentar la precisión, incrementar la seguridad clínica y, al mismo tiempo, humanizar la experiencia del paciente eliminando marcas permanentes que ya no son necesarias”, reconoce el Doctor Luna.

Además, y como admite Magnolia Rincón, físico del Servicio de Oncología Radioterápica del hospital madrileño y propulsora en la implantación y desarrollo del proyecto, tener información en tiempo real sobre la posición del paciente “nos permite realizar tratamientos cada vez más precisos y complejos con mayores garantías de seguridad”. Todo ello, ayuda a “facilitar un abordaje mucho más personalizado”, sostiene la especialista.

Magnolia Rincón, físico del Servicio de Oncología Radioterápica del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz.

Eliminar las huellas físicas y psicológicas de la radioterapia

Evitar los tatuajes y marcas puede parecer un detalle insignificante, pero para muchos pacientes tiene un gran impacto emocional. Porque recuerdan, constantemente, todo el proceso pasado. “Poder evitar ese procedimiento supone una mejora importante en términos de bienestar emocional, calidad de vida y percepción global de la experiencia asistencial”, afirma el Doctor Luna, del hospital madrileño, que cuenta con el reconocimiento internacional que otorga la empresa Visión RT como centro capaz de realizar tratamientos radioterápicos sin tatuajes ni marcas en la piel. 

Es un paso importante no solo por lo que supone desde el punto de vista tecnológico, sino también por cómo premia la manera de entender el tratamiento oncológico. Para el Doctor Luna, “la innovación no debe medirse solo por la sofisticación técnica, también por su capacidad para mejorar la calidad de vida de las personas”.

Porque, tras el tratamiento, el objetivo es volver a la normalidad, no pensar en el cáncer cada vez que uno se mira al espejo. No tener tatuajes lo hace todo más fácil y pone en evidencia la diferencia que marcan las pequeñas cosas. No tener tatuajes no se trata solo del tratamiento, sino de seguir adelante después. 

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