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Rafael Cáceres: “Muchas personas homosexuales que vivieron la represión tienen todavía sentimiento de culpa”

El profesor de la Universidad Pablo de Olavide Rafael Cáceres está llevando a cabo, junto a otros investigadores de esta Universidad, un estudio sobre la represión a las personas transexuales y homosexuales durante la dictadura franquista

Rafael Cáceres, investigador de la UPO /Foto: UPO

Rafael Cáceres, investigador de la UPO /Foto: UPO

Rafael Cáceres Feria es investigador de la Universidad Pablo de Olavide en el Área de Antropología Social y se dedica, junto a un equipo de profesores de la UPO entre los que se encuentran José María Valcuende del Río, María José Marco Macarro y Juan Blanco López, a investigar la represión que sufrieron las personas homosexuales y transexuales durante el franquismo y los primeros años de la Transición, momento en el que se abolieron las leyes que se encargaban de condenar y encarcelar a personas que no se ajustaban a la heteronormatividad.

El investigador explica que aunque existe bibliografía sobre la represión a los hombres y mujeres homosexuales, ésta es de carácter muy general. Considera que queda un amplio campo de estudio y análisis de la represión en Andalucía y subraya lo difícil que resulta encontrar a personas que sufrieron, de un modo u otro, la represión del sistema por su orientación sexual y que estén dispuestos a dar sus testimonios.

¿Cómo surge la idea de esta investigación?

Profesores del Departamento de Antropología, Psicología y de Trabajo Social de la Universidad Pablo de Olavide comenzamos a investigar con una subvención de la Junta de Andalucía. La idea en aquel momento era hacer una pequeña investigación sobre la represión que habían vivido los homosexuales durante el franquismo, basándonos tanto en los datos de archivos como en los testimonios de personas que vivieron esta represión. Y, especialmente, nos interesaba ver por qué no se había reivindicado antes. 

¿Cuáles son las principales dificultades que se encuentran para realizar el trabajo?

Por un lado, los archivos. La documentación está muy dispersa en distintas sedes de Andalucía. Por otro lado, la Ley de Protección de Datos, que te dice que deben pasar 50 años para que puedas consultar estos documentos (y por ahora, podemos consultar hasta mitad de los años sesenta). Pero sobre todo, lo que más ha dificultado un trabajo que parecía relativamente sencillo (mucha gente había vivido la homosexualidad hasta los ochenta), ha sido la falta de testimonios, especialmente de mujeres. Las personas homosexuales no quieren hablar del tema porque vivieron esa época de forma muy oculta y siguen de forma oculta. Y los testimonios que hemos encontrado son los más concienciados, los que se encuentran dentro del colectivo LGTBI, y que ofrecen un relato válido pero que no refleja la diversidad de situaciones.

¿Cómo se reprimía la homosexualidad durante la dictadura?

La represión de la homosexualidad se hizo con dos leyes distintas: la Ley de Vagos y Maleantes del año 1954, que estuvo en vigor hasta el año 1970, y la Ley de Peligrosidad Social de los años setenta. Estas leyes afectaban más a los hombres que a las mujeres porque la represión era muy diferente en cada uno de los casos.

¿En qué sentido?

La represión al hombre era principalmente policial mientras que a la mujer la reprimía la familia apoyada en el Estado. Es decir, la mayoría de las personas a las que se aplicaban estas leyes eran hombres porque eran normativas que se aplicaban en lugares públicos donde las mujeres tenían menos presencia. Por eso se ha hablado, con cierta imprecisión, de la invisibilidad de la mujer homosexual en esta época. Pero nos consta que hubo muchas mujeres homosexuales a las que se reprimió de una manera diferente.

¿En qué consistía esta represión?

La propia familia denunciaba a sus hijas o familiares por tener ‘conductas anómalas’ y las canalizaban hacia órdenes religiosas, centros psiquiátricos o instituciones como el Patronato de la Mujer, que en teoría se ocupaba de redimir a las prostitutas. Eran encerradas hasta cumplir la mayoría de edad pero muchas se quedaban hasta los 25 años. Hubo una represión bastante grande contra la mujer. Si se analiza la represión de la homosexualidad por el número de personas que fueron a la cárcel parece que la represión al hombre fue mayor pero, en realidad, la represión a la mujer fue enorme. Hay testimonios de mujeres a las que castigaron retirándoles a sus hijos y enviándolos a una casa cuna por mantener relaciones con otra mujer.

¿Qué posibilidad de defensa cabía para estas mujeres?

Ninguna. Y esto es un agravante. Para que el hombre entrara en la cárcel había un juicio (aunque con pocas garantías porque se trataba de una dictadura) pero había posibilidades de defensa. Pero en el caso de las mujeres lesbianas, si su familia lo decidía, eran automáticamente encerradas en estas instituciones. A mí me parece una de las cuestiones más dramáticas y que apenas se ha abordado desde el ámbito académico.

¿Qué otras cuestiones destaca de los estudios que están realizando?

Otra cuestión que nos parece interesante es cómo el régimen franquista se ceba con los travestis. El régimen hacía la vista gorda si la sexualidad se mantenía en privado porque lo que no se consentía era el escándalo. Los travestis (porque en aquella época no se hablaba de transexuales) fueron carne de cañón del régimen. En la cárcel la mayoría de las personas eran travestis, la mayoría de clases populares.

¿Las personas de clase alta eran tratadas de diferente manera?

Los que iban a la cárcel eran de las clases más bajas, porque las clases altas disponían de espacios privados donde podían tener relaciones más íntimas y ocultas y solían o bien tener vinculación con el poder o bien disponer de medios para protegerse en caso de que le acusaran. Había un doble rasero. Las clases populares eran las más vulnerables.

Por otro lado, curiosamente, el régimen fue condescendiente con algunos hombres casados que tuvieron relaciones homosexuales. Si éstos eran trabajadores (en el sentido de tener una vida ordenada) y contaban con el apoyo de la Iglesia, los justificaban: ‘estaba borracho’, ‘no sabía lo que hacía’, ‘lo han pervertido’. En algunos casos en los que se detenía a un hombre casado con un hombre ‘afeminado’, era este último el que pasaba por la cárcel.

Uno de los estudios que está llevando a cabo es sobre la vida de los homosexuales que vivían en la cárcel de Huelva. ¿Qué puede contarnos?

En 1968 se produce una especialización de las prisiones españolas. Se decide que existan módulos específicos para presos (en Carabanchel y La Modelo de Barcelona) y dos centros especializados en la rehabilitación de homosexuales, las cárceles de Huelva y de Badajoz. Esto era así porque el régimen había cambiado su visión con el tema de la homosexualidad. Antes existía una visión moralista que entendía la homosexualidad como un vicio, una degeneración y que sólo se podía curar con mano dura y rezo. Es a partir de los años sesenta cuando se empieza a tomar conciencia de las teorías médicas sobre delincuencia (que no son de esa época, son mucho más antiguas).

¿Qué testimonios han podido recoger de la cárcel onubense?

Tenemos por ahora el testimonio de tres funcionarios de prisiones, además de los datos recogidos en el archivo. Según lo que hemos averiguado, en estas cárceles no había ningún tratamiento. Era una cárcel normal y corriente. Los presos tenían talleres de trabajo, se separaban de los pocos presos que no eran homosexuales y había una actividad prácticamente igual que en otras cárceles. Subrayo esta idea porque muchas veces se ha hablado de terapias de electroshock pero no nos consta que las hubiese en esta prisión. Lo que sí nos han confirmado es que los homosexuales estaban separados de los pocos presos comunes que había y, además, estaban aislados de sus familias, que vivían en otros lugares de España y no podían ir a visitarlos.

¿Era más habitual que la familia apoyase o denunciase a los hombres homosexuales?

La familia casi siempre apoyaba pero había casos en los que denunciaba. En los expedientes de vagos y maleantes se suelen recoger testimonios de guardias civiles, de alcaldes, de curas y de familiares. Estos últimos siempre intentaban justificar que eran buenas personas y trabajadores. El argumento más utilizado en la defensa, sobre todo en el caso de los hombres afeminados, era: ‘son así de nacimiento’. El régimen se cebaba con los casos que consideraban ‘por vicio’. Aquí no cabía ningún tipo de piedad.

La sociedad no ha dado importancia a la represión franquista contra los transexuales y homosexuales. En ocasiones se ha frivolizado con el argumento de que si algunos de ellos pasaron por las cárceles algo habrían hecho. No todos lo vivieron como una experiencia traumática pero muchas personas quedaron marcadas. La pena significaba un tiempo en la cárcel, una multa que normalmente sufragaba tu familia, un exilio de la ciudad donde residía y, en muchos casos, una mancha negra en tu expediente a la hora de buscar trabajo. Mucha gente no ha superado la homofobia y es muy difícil encontrar a personas que quieran contar su experiencia.

¿Cómo era la vida de los que conseguían evitar la represión?

El tema de las resistencias es un aspecto que nos interesa mucho. La gente tenía que vivir, buscarse sus espacios, su vida. En el caso de las mujeres, lo hacían ocultas, como amigas, y en el ámbito deportivo. En el caso del hombre, existían espacios de  más libertad, como el mundo artístico o el mundo de la religión. También hay que destacar que había rebeldes. Personas que cada tres meses estaban en la cárcel y no renunciaban a lo que querían.

¿Qué espera encontrar de las investigaciones que están realizando?

Nos interesaba saber por qué no se había reivindicado la memoria de los homosexuales como se había hecho, por ejemplo, con los presos políticos o las mujeres que fueron reprimidas durante la dictadura. Los presos políticos desde la Transición habían alzado voces reivindicando su memoria y la de sus familiares muertos. En el caso de los homosexuales no se ha hecho por la fuerte homofobia social y porque muchos de ellos tienen sentimiento de culpa, tienen homofobia interna asimilada. Sus familiares tampoco lo hacen. 

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