Raquel Zas explora el deseo femenino en ‘Los años secos’: “La libertad consiste en averiguar si un sí es verdaderamente tuyo”
Clara acaba de romper con Diego, su pareja, y vuelve a casa de sus padres. La vida que había construido alrededor de su relación acaba de estallar y, perdida en ese duelo, una terapeuta le propone algo para intentar encontrarse a sí misma: dejar de acostarse con gente durante un tiempo. Clara acepta.
Este parón sexual se convierte, con el paso de los meses, en el inicio de una investigación mucho más profunda: toda su vida se somete a juicio. Siempre había pensado que sabía lo que quería y ahora ya no tiene ni idea.
Este es el punto de partida de Los años secos (Temas de hoy, 2026), la primera novela de Raquel Zas (Viveiro, 1989), una historia lúcida y magnética sobre el deseo femenino que utiliza la vida sexual de su protagonista para hablar de la necesidad de sentirse querido, las relaciones de pareja, la autoestima, la soledad, la familia y las expectativas que cada persona aprende a asumir para encajar. “Siempre me han obsesionado los afectos, las relaciones entre las personas”, admite la escritora. “Por qué fingimos, por qué mentimos o por qué representamos un papel para sentirnos aceptados”.
La novelista, que ha trabajado también como guionista en el corto nominado al Goya Ciao Bambina, dirigido por Afioco Gnecco y Carolina Yuste, comenzó a darle vueltas a esta idea en 2020. “Entonces vi un documental titulado Venus: Confesiones desnudas en el que dos artistas danesas entrevistaban a varias chicas sobre su vida sexual. Les preguntaban cuántas parejas sexuales habían tenido y luego con cuántas realmente habían disfrutado. La cifra se reducía mucho de una respuesta a la otra. Casi todas se reían, pero no se preguntaban por qué. Había como una especie de resignación”, relata a este diario. “También me llamó la atención que algunas se sentían juzgadas por tener poco deseo sexual y otras por todo lo contrario. Me pareció que ahí había un tema interesante”, añade la escritora.
Redescubrir el propio deseo
Además de olvidarse del sexo, la terapeuta de Clara le pide algo más: que comparta con ella todas las experiencias relativas a la sexualidad que ha vivido a lo largo de su vida. Esa herramienta narrativa, una especie de diario personal, nos permite conocer el pasado de Clara desde su infancia hasta la actualidad.
“El diario es una forma de explorar por qué ha desarrollado esa especie de rechazo al sexo”, apunta Zas. Este ejercicio de celibato reflexivo le permitirá descubrir a lo largo de las páginas de la novela qué parte de su vida respondía a su propio deseo y cuánta a la necesidad de sentirse aceptada.
Cuando Clara deja de sostener su personaje, empieza a cuestionarse la relación con su cuerpo, con su pareja o con su familia. Es como que necesitaba quitar algo para que se pudiera ver lo que había debajo
Pero la novela no solo habla de relaciones de pareja. “Para mí el sexo abre una grieta por la que entra todo lo demás”, explica la novelista. “Cuando Clara deja de sostener su personaje, empieza a cuestionarse la relación con su cuerpo, con su pareja o con su familia. Es como que necesitaba quitar algo para que se pudiera ver lo que había debajo. Esto no pretende ser una solución moral, ni una revancha contra los hombres, es más bien una suspensión del ruido. Cuando Clara deja de acostarse con gente encuentra el vacío que eso estaba ayudando a tapar”.
Zas remarca que no es que ella esté a favor de la abstinencia: “Tomé esa decisión para que la historia avanzase”, confiesa. “Se trata de un tema muy complejo que me supera”.
Además de documentarse para escribir sobre el tema, la escritora decidió acudir a una terapeuta sexual haciéndose pasar por su protagonista. “No le dije que estaba escribiendo una novela. Quería obtener una respuesta orgánica y real y, aunque esta terapeuta no me recomendó dejar de tener sexo, algunas de sus frases sí que han acabado en la novela”.
Un clavo saca otro clavo
Uno de los temas con los que probablemente conectarán muchos lectores de Los años secos es esa extrañeza de volver a estar “en el mercado”. De bajarse una app para conocer gente y ponerse a hablar con extraños tras una ruptura.
Zas se acerca al asunto criticando la falta de empatía y de espacio que la sociedad suele conceder al desamor. “Las rupturas amorosas se toman muy poco en serio”, sostiene. “Si te rompes una pierna o un brazo, al día siguiente no vas a trabajar, pero si tu pareja te deja tienes que seguir con tu vida aunque estés destrozado por dentro”.
Mucha gente se dedica a llenar el vacío con personas, ya sean parejas, hijos o trabajo, para no tener que mirarse al espejo y decir ‘¿qué es lo que realmente quiero hacer con mi vida?’
Además, el duelo puede durar unas semanas, un mes… A partir de entonces, comenta la gallega, la gente se cansa de verte triste. Ante esto, Zas propone dar un poco más de oxígeno para superar las rupturas y dejar de hacer el 'Tarzán', encadenando unas relaciones con otras.
“Casi siempre es un error”, asegura. “Mucha gente se dedica a llenar el vacío con personas, ya sean parejas, hijos o trabajo, para no tener que mirarse al espejo y decir ‘¿qué es lo que realmente quiero hacer con mi vida?’ Porque eso da mucho vértigo”.
Escribir sobre alguien que no te cae bien
En las notas que acompañan a la publicación de este libro, Zas declara sin tapujos que su personaje protagonista, Clara, no le cae especialmente bien. Más bien al contrario, la considera incluso un poco ruin. Al preguntarle qué hay detrás de esa elección, la autora cuenta que “para empezar, para mí es mucho más divertido y más rico escribir sobre una persona un poco miserable que me cae mal”, dice entre risas.
Zas rechaza la idea de que la ficción deba servir como un reflejo mejorado del autor o como manual de conducta: “No quería ni escribir sobre mí ni que ella pensase lo mismo que pienso yo. Eso me resulta aburrido y muy poco interesante”, asegura. “Además, siento que a los personajes femeninos siempre se les exige cierta pedagogía moral, que sean personajes celestes y ejemplares. Me parece muy condescendiente”.
Lo que le estimula precisamente a la escritora es la contradicción. “Clara está muy herida, siente mucha culpa y a veces te compadeces de ella, pero luego otras es cruel, narcisista y egoísta. Todos somos un poquito miserables y me parece mucho más divertida la gente que es un poco desastre que los ciudadanos ejemplares”.
Los monstruos en los cuentos tranquilizan porque parece que la maldad viene de seres excepcionales, pero no es así: todos hacemos daño
Esa misma idea está detrás de una decisión literaria llamativa: en un momento de la novela, la narración de Clara se interrumpe para dar paso a un capítulo en el que su exnovio toma el control. Al preguntarle por las razones de esta ruptura narrativa, la autora confiesa que tuvo sus dudas. “Estuvo a punto de caer, pero al final Diego, el ex, es uno de mis personajes favoritos”, argumenta. “Creo que en este tipo de relatos tendemos a victimizar a la mujer y a poner a ciertos personajes masculinos como villanos. En mi opinión, eso es un poco pobre. Los monstruos en los cuentos tranquilizan porque parece que la maldad viene de seres excepcionales, pero no es así: todos hacemos daño”.
Para Zas, al dar voz al personaje masculino buscaba ofrecer una mirada más compleja y humana sobre la ruptura: “Diego es un tío majísimo que la quiso y la cuidó, pero que también le hizo daño. Al meterlo en la novela, buscaba ver la otra parte sin anular el dolor de Clara. En una ruptura de dos personas, los dos pueden sentirse abandonados, y es muy difícil estar con alguien que no te desea. Comprenderlo no significa que no haya ejercido cierta violencia, pero me interesaba meterme en la cabeza de un chico y asumir ese reto”.
¿Todos somos Clara?
Es posible que el gran acierto de Los años secos, además de retratar de forma magistral una crisis individual o los conflictos de la soltería contemporánea, esté en señalar esa paradoja entre lo que realmente deseamos y lo que se supone que tenemos que desear.
Hoy en día se habla mucho sobre el consentimiento, pero la autora apuesta por ir mucho más allá. “A mi generación se nos enseñó que una mujer podía decir que sí o que no, pero no se hablaba tanto de si ese 'sí' procedía realmente de nuestro deseo o de la necesidad de parecer libre, moderna o poco reprimida”, advierte Zas. “Y una libertad también puede convertirse en un mandato cuando exige una respuesta concreta. La libertad no consiste únicamente en poder decir que sí, sino en averiguar si ese 'sí' es verdaderamente tuyo”.
A pesar de esto, la autora no pretende dar lecciones a nadie. “No hay ninguna tesis ni moralejas en mi libro”, aclara. “Entre otras cosas porque cada lector interpreta lo que quiere. Pero sí me gustaría que quien lea la novela se pregunte qué parte de su vida ha elegido realmente y qué parte ha aprendido a representar”, concluye.
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