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'Flying Free', el himno makinero que consiguió sonar hasta en las charangas de pueblo y Los 40 Principales

La cantante Marian Dacal, voz del mítico 'Flying Free'

Juanjo Villalba

29 de octubre de 2026 22:30 h

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Suena en bodas y en fiestas populares, lo tocan las charangas, fue símbolo de la resistencia durante la pandemia y ha superado la barrera generacional. Pocos sabrán que Flying Free, el legendario tema de mákina e himno de Pont Aeri, el templo de la música electrónica de los 90, nació en un dormitorio y que al principio pasó casi desapercibido. Hoy acumula más de 40 millones de reproducciones en todas las plataformas.

Todo empezó en 1999, cuando Marc Escudero (DJ Skudero), el productor Rubén Moreno (DJ Ruboy) y la cantante Marian Dacal grabaron un tema que acabaría trascendiendo los límites de la discoteca. 

El proceso de creación de la canción se cuenta en un nuevo documental que también habla de Pont Aeri y de la familia que había detrás del local. Flying Free: historia de un himno, dirigida por Jordi Papasey, está llamada a convertirse en la referencia para todos aquellos que quieran saber un poco más de todo esto. El filme se estrenará mundialmente el próximo 6 de noviembre en el marco del In-Edit Festival Internacional de Cine Documental Musical.

El nacimiento de un clásico

En el apogeo de la música mákina era normal que cada local produjera temas propios que se pinchaban en la sala y que también se vendían en vinilo. Pont Aeri, convertida ya por entonces en uno de los epicentros de esa escena, no podía ser menos. De hecho, en 1999 la discoteca ya había publicado varios discos con temas propios, pero en esta ocasión le quisieron dar un toque más original. 

“La música de aquella época se caracterizaba por unos ritmos muy contundentes, así que Marc Escudero, que es una persona muy inteligente y con una gran visión de marketing, quiso apostar por algo rompedor: incorporar una voz melódica a una base electrónica potente”, explica Papasey. 

Para crear la música Escudero contó con la ayuda de DJ Ruboy y se reunió con él en su estudio. Marc cuenta en el documental que esperaba encontrarse con unas instalaciones de primer nivel, grandes mesas de mezclas llenas de botones, pero en lugar de eso, descubrió que Ruboy trabajaba en la habitación que tenía en casa de sus padres.

A pesar de ese humilde punto de partida, Escudero no rebajó sus expectativas. Quería que la canción se escuchara más allá de las paredes de su discoteca. Pretendía que llegara a la radio, que entrara en Los 40 Principales. Para conseguirlo, contaron con la voz de Marian Dacal, una cantante española nacida en Londres y con el inglés como lengua materna, “algo que aportaba un valor especial a aquellas producciones y que ayudó a definir el sonido de Flying Free y de otras muchas canciones de mákina posteriormente”, señala el director. 

La música de aquella época se caracterizaba por unos ritmos muy contundentes, así que Marc Escudero, apostó por algo rompedor: incorporar una voz melódica a una base electrónica potente

Jordi Papasey — Director del documental

El resultado de aquel trabajo fue Flying Free que, aunque entusiasmaba a sus autores, se editó discretamente como parte de Pont Aeri Volumen 4, el cuarto disco editado por la discoteca. El disco salió al mercado y, aunque la canción tuvo una buena acogida, no pasaba de ser una más. Hubo que esperar unos meses a que el boca a boca hiciera su trabajo y, poco a poco, comenzó a sonar en las radios especializadas primero y, finalmente, en Los 40 Principales, cumpliendo así el sueño de Escudero.

Una revelación en el gimnasio

Resulta llamativo que nadie antes se hubiera planteado hacer un documental sobre la historia de Flying Free, un tema que ha marcado a generaciones enteras. A Jordi Papasey tampoco se le había pasado por la cabeza hasta que, veinticinco años después, la idea se le presentó en un lugar inesperado. “Estaba escuchando música en el gimnasio cuando de repente sonó Flying Free. Hacía años que no la escuchaba”, recuerda. Después tuvo “una especie de revelación, un clic en la cabeza”, y esa misma tarde empezó a buscar información sobre “toda aquella movida de los años noventa”. 

Descubrió que continuaba existiendo una industria viva alrededor de este tipo de música. Festivales como “Love the 90s” congregaban a miles de personas por toda España y la familia Escudero, vinculada a Pont Aeri, montaba remembers que seguían llenando las salas. “Entonces me di cuenta de que ahí había una historia que merecía ser contada”.

Llegar a los protagonistas resultó más fácil de lo previsto: un amigo de un amigo le pasó el teléfono de Marc Escudero. Tanto la familia como Marian Dacal recibieron la propuesta con una mezcla de curiosidad y, quizá, cierta incredulidad, según cuenta el director. 

Vinilo original del disco Pont Aeri, Volumen 4

Sin financiación todavía, Papasey decidió ponerse a grabar: “Había cosas que estaban sucediendo en aquel momento y que, si no las grabábamos entonces, probablemente perderíamos para siempre”, asegura. Desde aquel primer contacto hasta el estreno han pasado seis años. Un camino muy largo y difícil, “muchísimo más de lo que se podía imaginar al principio”.

De sala de pop a catedral de la mákina

Quien no conozca la historia real puede pensar que detrás de Pont Aeri había un promotor genial con experiencia y ganas de hacer dinero. Lo que Papasey descubrió fue una cosa bien diferente: “Una familia que quería sacar adelante un negocio y donde la unión y el núcleo familiar eran lo más importante. En este caso fue una discoteca, como podría haber sido un restaurante o cualquier otro negocio”, cuenta. 

Ramón, el padre, ejercía de gerente. Teresa, la madre, trabajaba en el guardarropa, y los hijos, Marc y Xavi, fueron pasando por distintos puestos: empezaron limpiando barras y sirviendo copas hasta llegar a ser DJs de la sala. Dos nombres, de hecho, muy conocidos de la escena mákina: DJ Skudero y Xavi Metralla. “No llegaron a ser DJs simplemente por ser los hijos del jefe, sino que fueron creciendo dentro del negocio y ganándose su lugar por méritos propios”, subraya el director.

En sus inicios, Pont Aeri era una sala de pop y rock que se llamaba así porque contaba en su decoración con una escalerilla real de avión de Iberia rescatada de un desguace. El primer año les fue realmente bien. El problema llegó cuando otra discoteca del mismo polígono industrial reabrió y se llevó a buena parte de la clientela. 

El negocio tuvo que reinventarse y Marc Escudero, todavía muy joven, propuso cambiar de estilo musical: la Ruta del Bakalao había extendido por España una nueva cultura de club que en Cataluña estaba evolucionando con identidad propia y acabaría dando lugar a lo que conocemos como música mákina. “Marc supo detectar muy bien lo que estaba sucediendo y anticiparse a lo que estaba por venir”, asegura Papasey.

Cuando hemos grabado en fiestas remember de Pont Aeri, mi sorpresa ha sido encontrar a gente de entre 20 y 25 años mezclada con los parroquianos de siempre

Jordi Papasey — Director del documental

El fichaje de Nando Dixkontrol como DJ residente marcó el punto de inflexión. “Nando es el padre de la mákina. Es un tío muy inteligente, con muchísima visión y que, musicalmente, supo entender como pocos qué buscaba el público”, explica Papasey. “Cuando Nando llegó a Pont Aeri, la sala experimentó un cambio decisivo y acabó convirtiéndose en una de las grandes catedrales de referencia de la música mákina”.

Caída y resurrección de la mákina

Pero el documental no solo se queda en los buenos tiempos: cuenta también el declive de la música mákina que llegó en torno a 2005. Un final abrupto y causado por muchos factores, en opinión de Papasey. “Para empezar, hubo un desgaste natural de un movimiento que llevaba unos quince años en marcha”, asegura. “Al final, la música está muy vinculada a la sociedad que la escucha, y creo que lo que ocurrió fue también el final de una época y de una determinada manera de entender el ocio”.

Por otro lado, “empezó a ganar protagonismo la música house, que se percibía como más sofisticada y que llegaba sin la carga de prejuicios que ya acompañaba a la mákina”. Prejuicios extendidos en muchos casos por los medios de comunicación y que él mismo matiza: “Ni mucho menos todos los makineros vestían con bombers. Pero los perfiles más extremos suelen ser los que más llaman la atención y acaban condicionando la imagen que se proyecta de todo un colectivo”.

Pont Aeri todavía aguantó. Cerró sus puertas en 2012, dejando algo que va mucho más allá de lo material: su espíritu. “A día de hoy sigue teniendo una auténtica legión de fans y Skudero y Xavi Metralla siguen pinchando por toda España”, explica el director.  Ha aparecido toda una nueva generación que busca algo diferente y que descubre en esa música una forma de expresarse. “Cuando hemos grabado en fiestas remember de Pont Aeri, mi sorpresa ha sido encontrar a gente de entre 20 y 25 años mezclada con los parroquianos de siempre”.

En esas fiestas, el público sigue rugiendo cada vez que suena Flying Free. A Papasey le sigue maravillando que una canción nacida en un dormitorio y creada para una discoteca de Terrassa siga emocionando a tanta gente, incluso a muchos que ni siquiera habían nacido en 1999. “Flying Free tiene algo mágico que creo que nadie sabrá explicar del todo. Es una canción que te transporta a un momento, pero que, además, es tremendamente alegre. La razón de haber creado este documental es justo esa capacidad de trascender su contexto original y convertirse en un fenómeno generacional”, concluye.

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