Basta ya de tanto llorón
“Los adultos que lloran no son sólo antiestéticos sino también inmorales, en cuanto constituyen un pésimo ejemplo para generaciones venideras. Piensen las damas en todas las veces que un desconocido se ha acercado en un bar, en una fiesta o en una cena y se ha pasado la noche hablando de la última mujer que le puso los cuernos, de lo solo que se siente en el mundo, de lo difícil que resulta todo cuando te haces mayor. Y la paciencia admirable que demuestran algunas, aguantando el chaparrón con su mejor sonrisa y bebiendo Ballantines a grandes tragos deseando secretamente que un rayo divino cruce la sala y se estrelle directamente sobre su interlocutor. Para que no sufra más, digo. Generosamente.
Pero ah, si el mismo desconocido se sienta en el escenario o llega hasta nosotras desde los altavoces del bar su condición de ser lamentable adquiere tintes de tragedia griega y el que fuera borracho de bar pasa a ser trovador del alma. ¿Por qué, mis queridas muchachas, es el llorica de bar un coñazo insoportable pero si coge una guitarra y se lamenta con estribillo es un corazón solitario que merece toda vuestra atención?“
Más en La Petite Claudine. El texto es tan divertido que me ha costado elegir un extracto.
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