Los toreros muertos
¿Se acuerdan de Mike Dukakis? Perdió contra Bush padre en 1988. Ahora es profesor de universidad. ¿Bob Dole? Pronto volverá a debatir con Clinton, esta vez como comentarista de un programa de televisión. ¿Walter F. Mondale? Después de caer contra Reagan en 1984, montó un despacho de abogados y, en la era Clinton, fue nombrado embajador en Japón.
El futuro de Kerry no parece más prometedor. En Estados Unidos no hay una segunda oportunidad para los que fracasan en el intento de alcanzar la Casa Blanca. De momento, seguirá en el Senado. Aunque después de la derrota de esta noche su poder en el Partido Demócrata desaparecerá. Dudo que el candidato del año 2008 se haga muchas fotos con él.
¿Por qué ha ganado Bush? A toro pasado es sencillo acertar en los análisis. Viendo los resultados –las ciudades con Kerry, las zonas rurales con Bush–, parece obvio que los demócratas se equivocaron con el candidato. Independientemente de sus famosos cambios de postura, el gran punto débil de Kerry es que no sólo es un demócrata liberal de Boston. Es que, además, lo parece. Y su risueño y sureño lugarteniente Edwards no ha compensado este punto débil.
Si Bush es la caricatura de un vaquero de Texas, Kerry es el arquetipo de todo lo que los estadounidenses conservadores odian desde la Guerra Civil: millonario, educado en caras universidades de élite, culto, pacifista, estirado… y sin rancho. Bush también estudió en Yale, como Kerry. Y nació en Connecticut, en la costa este. Pero, al igual que media España piensa que Aznar es de Valladolid, el republicano ha convencido a medio Estados Unidos de que él sí es uno de los suyos. Mientras tanto Kerry, aunque ha pasado gran parte de su vida en Boston, nació en Colorado: un estado del centro del país en el que también ha ganado Bush.
La votación ha partido Estados Unidos en casi dos mitades no sólo por la tensión del momento político. Es que Bush y Kerry parecen los dos polos. No es que un Kerry presidente hubiese sido muy distinto de Bush en muchas de las cosas que tan poco nos gustan a la mayoría de los europeos. Kerry no es un radical de izquierdas. Kerry ni siquiera puede ser considerado de izquierdas desde los ejes políticos del viejo continente. Pero es que el candidato demócrata, por mucho que se esforzase en parecer lo que es, un moderado, no podía ganarse ni un apoyo en los otros Estados Unidos, como sí logró Clinton. Además, ayudas como la del demagogo Michael Moore sólo han servido para movilizar a las bases republicanas aún más. No salieron los jóvenes, votaron en masa los cristianos.
Para rematar, dos bolas extras para el texano: Osama Bin Laden en campaña y una temporada de huracanes ideal para poder sembrar Florida de dinero. Y dentro de cuatro años, con otro liberal de Massachussets, como Kerry o Dukakis, vuelven los Kennedy a la Casa Blanca. Aunque como primera dama.
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