Los acampados por la vivienda en Bilbao se disuelven y centrarán sus esfuerzos en la huelga general
Los acampados por la vivienda en la plaza del Arriaga de Bilbao han decidido disolverse y centrarán sus esfuerzos a partir de ahora en la huelga general que está convocada el próximo 11 de noviembre. En la decisión ha pesado el hecho de que desde el primer momento se trató de un “movimiento que nació de forma espontánea y popular”, sin que hubiera “un colectivo, organización o sindicato” detrás de la acampada. “Tenemos que ser realistas, la falta de organización y experiencia en la militancia política empieza a pesarnos y está siendo difícil continuar con la acampada”, han señalado en rueda de prensa ante el campamento.
Hay que recordar que la acampada de Bilbao surgió al calor de la iniciada en la Puerta del Sol de Madrid tras el desahucio de Maricarmen Abascal el pasado 23 de septiembre. Esa acampada de Madrid ha estado amparada en todo momento por el Sindicato de Inquilinas, que no tiene vinculación con los sindicatos de vivienda vascos, que en todo momento han puntualizado que no eran ellos los organizadores de la acampada en la capital vizcaína y que se trataba de una movilización ajena a ellos.
De hecho, en su comparecencia de este miércoles para anunciar su disolución, los acampados en el Arriaga han reconocido que su “papel en la lucha ha sido un poco confuso”, que surgió viendo que en otras ciudades estaban surgiendo acampadas después de la de Madrid “como respuesta una necesidad del pueblo a reivindicar la problemática de la vivienda”. Por ello, han insistido en que su papel, al no pertenecer a ninguna organización debe ser “unificar a todos los colectivos. No queremos ponernos por delante de nadie”. Y han recordado que la vivienda, aunque ahora está en el centro, es una lucha que lleva años, y hay “muchas personas y grupos que luchan día a día”.
Han reconocido que simplemente eran “un grupo de personas cansadas de contemplar como la vivienda se convierte en un privilegio” que decidieron dar un “paso adelante”. Y han resaltado que, pese a las dificultades que han tenido para organizarse, “nunca han perdido la esperanza de que las cosas puedan cambiar”. “Hoy podemos decir con orgullo que las distintas acampadas y movilizaciones por el derecho a la vivienda han contribuido a situar esta reivindicación en el centro del debate social y político en un contexto en el que se ha impulsado una nueva convocatoria de huelga general. Esto no es un logro individual ni pertenece a ninguna organización”, han dicho. “Es el resultado de una lucha colectiva de todas las personas que han decidido dejar de mirar a otro lado”, han agregado.
Disolución escalonada desde el viernes, tras una manifestación
La acampada del Arriaga, que ha reunido hasta cien personas, empezará a levantarse a partir del viernes, después de una manifestación por la vivienda que han convocado ese día, a la que llaman a unirse a todas las organizaciones que luchan por la vivienda. Durante el fin de semana estarán levantando las tiendas y limpiando la zona. “Entendiendo todo el contexto político actual y cuál es nuestro papel en él creemos que lo más útil ahora es poner fin a la acampada y centrar nuestras fuerzas en la huelga general del próximo 11 de noviembre, participando junto a las organizaciones que trabajan día a día en esta lucha”, sostienen.
No obstante, han señalado que “la lucha continúa y ahora más que nunca es hora de dejar de lado las diferencias y entender que por encima de las distintas sensibilidades se lucha por una causa común, el derecho de todas las personas, independientemente de su clase, género, lugar de origen o cualquier otra condición a tener un techo digno donde vivir”.
En su despedida han agradecido a todas las personas y organizaciones que se han acercado a ellos para mostrarles su apoyo, llevarles comida, ropa de abrigo o café. “Personas desconocidas que han terminado formando parte de nuestras vidas”, se congratulan. Pero han insistido en que están cansados: “Han sido días intensos, emocionalmente difíciles y físicamente agotadores. Somos personas con nuestras vidas, estudios, trabajos y nuestras propias dificultades y aunque nuestra voluntad de seguir luchando permanece intacta, también necesitamos reconocer nuestros límites”. “Ha llegado el momento de reorganizarnos y continuar esta lucha de otra manera, porque defender un derecho no debería significar tener que renunciar a nuestra propia salud y bienestar”, entienden.
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