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Viento del Norte es el contenedor de opinión de elDiario.es/Euskadi. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.

Era Bildarratz, año I

El consejero de Educación del Gobierno vasco, Jokin Bildarratz

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Quienes nos dedicamos a esta tarea tan atractiva como exigente que es la educación llevamos mal los tiempos de la corrección: esos momentos en los que la revisión de lo enseñado y de lo aprendido evalúa a todos. Es una labor farragosa, pero necesaria, porque de ella se sacan enseñanzas valiosas para el futuro: analizar errores, buscar soluciones, incidir en los aciertos; todo ello con un único objetivo: mejorar respecto a la situación anterior.

De ahí que fuésemos muchos quienes no tuvimos reparos en saludar positivamente la llegada de nuevos aires al Departamento de Educación del Gobierno vasco, en septiembre del pasado año. Francamente, el nuevo consejero, Jokin Bildarratz no lo tenía muy difícil, tras la gestión negativa de su antecesora, Cristina Uriarte: dos mandatos consecutivos, ocho largos años en los que solo al final pareció vislumbrarse un cierto giro que, inexplicablemente resultó un amago inacabado.

La rápida convocatoria a los sindicatos —motivada en gran medida por la huelga sindical que todos los sindicatos de enseñanza vascos, salvo UGT, realizaron ante la nula participación en las medidas de seguridad anti-COVID-19—,  así como la aprobación de un calendario anual de reuniones para revisar el Acuerdo de condiciones laborales de 2010, hicieron concebir esperanzas de que el nuevo equipo gerente iniciaba un camino distinto al de la legislatura anterior.

Desde el verano, ya veníamos insistiendo en la necesidad de contar con apoyo psicológico para un alumnado que se iba a incorporar con situaciones de duelo y confinamientos desconocidos hasta entonces

Desgraciadamente, las buenas expectativas no se han confirmado, en ninguna de las dos cuestiones más demandadas por la parte trabajadora, docente y no docente. Ni la negociación de condiciones sanitarias para este año tan complicado de pandemia ha alcanzado los niveles sindicales exigidos, ni las numerosas reuniones de revisión del Acuerdo efectuadas han tocado unos de los pilares de la negociación: la reducción de ratios. Analicemos ambos casos.

En la gestión institucional de la pandemia no se puede estar más en desacuerdo con lo realizado por el Departamento de Educación: no se ha contado con las y los trabajadores del sector educativo para nada. En todo el curso, una sola vez se ha reunido el Comité de Salud Laboral (en febrero de este año) para informar (exclusivamente) del proceso de vacunación. Una información que en menos de una semana había sido redireccionada por el Departamento de Salud y que ha resultado a todas luces caótica, desequilibrada y dejando bolsas importantes sin vacunar (universidad, conservatorios, EOI, EPA, personal de Intervención Social…) según los criterios sui generis de personal esencial emitidos.

Desde el verano, ya veníamos insistiendo en la necesidad de contar con apoyo psicológico para un alumnado que se iba a incorporar con situaciones de duelo y confinamientos desconocidos hasta entonces. Ello llevaba pareja la formación específica para un profesorado que veía multiplicar su actividad educativa y docente de forma considerable. Sólo ahora, con el curso finalizado y cuando los resultados de una encuesta de propio Departamento al alumnado demuestran esta insuficiencia y el bajo rendimiento educativo conseguido es cuando el consejero reconoce en sede parlamentaria que hay deberes pendientes para el curso próximo.

En lo referente a la participación sindical en la negociación de las condiciones sociolaborales para el comienzo de curso ni existió negociación en el inicio del 2020-2021 ni nada parece indicar que la haya para el próximo. Una vez más, deberán ser los medios de comunicación los que informen de las condiciones sanitarias previstas para el próximo septiembre, en absoluto participadas con las y los representantes sindicales.

De otro lado, el tiempo dedicado a la negociación del nuevo acuerdo de condiciones laborales para el personal funcionario educativo no ha resultado mejor. A un confuso calendario de reuniones, constantemente modificado, se ha unido la introducción de propuestas no previstas del Departamento que han generado una sensación de caos organizativo aún no solucionada. Proponer desde instancias sindicales mejoras sustanciales en asuntos diversos como las ratios, la mejora de las condiciones del personal interino, jubilaciones o reducciones horarias (por citar sólo las que tienen más seguimiento entre el personal educativo) no ha servido aún para tener una opinión formada de lo que está dispuesto o no a aceptar la Consejería. Desconocemos hasta dónde pretende llegar la Administración y qué tipo de mejoras en las condiciones laborales que pregona en medios informativos, pero que no expone en el espacio concreto de la mesa sectorial de negociación pretende concretar.

Para acabar, un informe reciente del ISEI-IVEI sigue señalando machaconamente carencias significativas en el sistema que aún no han encontrado soluciones óptimas para diluirse. Dos, preocupantes: el crecimiento de la segregación escolar —cada vez más protagonista en la red pública, cada vez menos preocupante para la concertada— y el alejamiento significativo del objetivo del bilingüismo en ambas redes. Hasta hace unos años, la culpa parecía residir en el mantenimiento de los modelos lingüísticos A y B. Hoy en día, con demanda residual en ambos, habrá que buscar soluciones en otros lugares, porque la anterior no se sostiene.

Se cierra así un primer curso del equipo capitaneado por Jokin Bildarratz que ha dejado muchos interrogantes sin respuesta (¿Qué está pasando con la revisión de programas educativos, como Hamaika Esku? ¿Hasta dónde llegarán las tijeras en la reestructuración de servicios esenciales como los que ofrecen los Berritzegunes o el programa IRALE? ¿Habrá en algún momento un plan integral para la Educación de Adultos?...). El componente novedoso y esperanzador que tienen los cambios institucionales se acaba diluyendo como la espuma de la cerveza: si la caña no está formada de unos buenos componentes y no cuenta con una poderosa mano que sepa tirarla de forma experta, no dejará de ser un bienintencionado intento.

1. Panorama del sistema educativo vasco. 25 junio 2021

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Publicado el
5 de julio de 2021 - 21:35 h

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