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Viento del Norte es el contenedor de opinión de elDiario.es/Euskadi. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.

Después del fracking, llegan a Euskadi las prospecciones de hidrocarburos

El ministro Soria, ese señor que con tanta gracia y donaire lleva el negociado de Industria, Energía y Turismo del Gobierno del Partido Popular, me recuerda a quien se encuentra con que le faltan cinco céntimos para ir a comprar el pan y se pone a rebuscar por cajones, bolsillos, bajo los muebles o en los resquicios del sofá a ver si encuentra alguna moneda olvidada. Claro que en este caso, lo que busca el ministro es más energía para seguir manteniendo la ficción del crecimiento y la recuperación económica, para agotar hasta sus últimas consecuencias un modelo inviable de crecimiento infinito.

Parece además que el señor Soria, insigne abanderado de eléctricas y petroleras, la ha tomado con Euskadi: apuesta por el fracking, por la reapertura de la central nuclear de Garoña y, ahora, nos trae las prospecciones petrolíferas, que tanto rechazo han causado en su propia tierra, Canarias, y también en Baleares, y que pretenden descubrir nuevos yacimientos de hidrocarburos cerca de nuestras costas. Lo malo es que al Gobierno vasco también se le hace la boca agua con estas prospecciones y así lo ha declarado la consejera de Desarrollo Económico y Competitividad, Arantxa Tapia, que ve estás prospecciones como una gran “oportunidad” para Euskadi.

Ante esta intención de petroleras como Capricorn Spain Limited y Shell Usptream Spain BV de explorar las posibilidades de que existan yacimientos en nuestra costa, en los permisos llamados “Mesana”, cabe preguntarnos lo mismo que cuando comenzaron las noticias sobre el fracking en Euskadi: ¿por qué ahora? No, no es que de repente hayan encontrado campos petrolíferos que se les habían pasado desapercibidos. Es que ahora, una vez superado el cenit de la producción de petróleo convencional en 2005, cualquier aportación vale para mantener unas cifras aceptables de crudo en el mercado que permita la huida hacia adelante del sistema económico actual.

Con una comparación se entiende mejor: ya hemos agotado las manzanas de las ramas más bajas, aquellas que alcanzamos a recoger con la mano. Ahora si queremos seguir vendiendo manzanas tenemos que recoger las de las ramas altas, aquellas para las que necesitamos una escalera y un esfuerzo mayor y, que por tanto, nos reportan un retorno menor. La decreciente producción mundial de petróleo convencional se está completando ahora con “sucedáneos” más o menos válidos como el petróleo ligero proveniente del fracking en Estados Unidos, los crudos ultrapesados de México o Venezuela o las arenas bituminosas de Canadá, que ya hemos visto también por Euskadi. Y ahora el plan es perforar en lugares que se desecharon hace años por su escasa rentabilidad. Todo con tal de que siga funcionando la caldera del capitalismo salvaje.

El problema es que estas prospecciones van a dar la puntilla a un ecosistema ya duramente machacado por más de un siglo de actividad industrial, esa actividad industrial que ha marcado nuestra historia reciente y que ha convertido a Euskadi en lo que hoy es. Pero la era industrial es hija de la utilización masiva de combustibles fósiles y, cuando estos sean menos accesibles, es probable que se reduzca a su mínima expresión o cambie radicalmente. Y entonces no querremos tener unos mares arrasados por la contaminación y por la sobrepesca. Como tampoco querremos unas tierras improductivas a causa del fracking. Por eso es ahora cuando debemos reflexionar y sopesar nuestras prioridades como sociedad. La pesca, la agricultura y la ganadería que alimentará a nuestros hijos y nietos están en cuestión ahora mismo y de nosotros depende que se continúen siendo viables en el futuro.

Así pues, nos enfrentamos a una crisis energética grave, que combinada con la crisis del sistema económico y la crisis ecológica producida por éste, va a ponernos las cosas difíciles en un breve plazo. Es tiempo de elegir si queremos llevar hasta las últimas consecuencias un modelo que promueve el crecimiento infinito en nuestro planeta finito o si, por el contario, iniciamos el camino sin retorno de apostar por las energías renovables y por el ahorro y la eficiencia energética. Es un arduo camino, y no solamente por el ataque que las renovables están sufriendo en el estado español, sino porque en Euskadi lo vamos a tener más difícil por nuestro clima, que impide que, por ejemplo, podamos contar con el aporte significativo de la energía solar. Pero no tenemos más remedio que adaptarnos a las nuevas condiciones de disponibilidad de energía y cuanto antes empecemos con la transición, mejor posicionados estaremos en el futuro.

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28 de octubre de 2014 - 19:50 h

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