Una ley que fractura un país
Se ha consumado la amenaza de pergeñar una nueva ley con la que evitar molestos acuerdos transversales, y que las exigencias lingüísticas dejen de ser un quebradero de cabeza para quienes se saltaban la normativa anterior. El PNV demuestra así que la tutela a la que EH Bildu le sometía ha dado su fruto amargo: la ley de la que se beneficiarán tan solo el 20% de las vascas y vascos. Pero vayamos por partes.
Alrededor del euskara: nerviosismo
Algunos que nos dedicamos a la enseñanza del euskera sabemos que en un examen, sea el que sea, sacar un cero, además de ser absolutamente excluyente, relega al rincón de pensar al interfecto, por haber cometido una falta grave. De hecho, en los exámenes para lograr los niveles lingüísticos de euskera, HABE mantiene un listón integrador que no permite, en ningún caso, la humillación del examinado. Por lo tanto, es casi imposible sacar un cero en una prueba de creación y comentario de textos como se ha dado en la PAU de este año. Pero más allá de esta polémica, aunque vinculada a una manera de meter mano dura al asunto, podemos afirmar que, por mor de las políticas lingüísticas, los niveles de exigencia y las maneras de gestionar su implantación, últimamente el euskara sufre de sobreactuación, apropiación, displicencia y exageración verbal.
En vez de plantearnos socialmente un debate sosegado, abierto y plural, parece que cada cual, de inicio, ha de tomar posiciones de trinchera, como si de una batalla por la salvación de un espacio fortificado, sagrado e intocable se tratara. Quizás debamos repensar como sociedad bilingüe y diglósica, la realidad sociolingüística de nuestra tierra -bien diferente en Lantarón o en Orexa-, lo que queremos que sea de aquí en adelante y la deriva de nuestra política lingüística.
De salida, habría que reconocer, a nuestro modo de ver, que las políticas de promoción, adecuación, actualización y uso de nuestra lengua minoritaria han dado resultados muy positivos en cuanto a la población que conoce y entiende el euskera. En Euskadi, el 43% de la población dice poder manejarse en esta lengua; en 1980 solamente era el 20-25%. Este aumento se debe fundamentalmente a la enseñanza obligatoria cada vez más reforzada en euskara (modelos B y, sobre todo, D), así como a la euskaldunización de adultos (unos 35.000 cada año, matriculados en los euskaltegis). Es verdad que los procesos de estos últimos son largos y con una tasa elevada de abandono. No olvidemos la distancia lingüística entre el euskara y el castellano, factor fundamental que impide cualquier comparación con el proceso de asimilar y utilizar el catalán o el gallego.
Si hemos de estar relativamente satisfechos con el aumento del conocimiento del euskara, su uso, sin embargo, ha disminuido incluso en zonas fuertemente euskaldunes; habrá que analizar a fondo cuál es la razón de peso, pero el castellano va ganando terreno, y otras lenguas migradas se van escuchando cada vez más. El euskara resiste, pero debilita su presencia. Incluso se va imponiendo una suerte de híbrido -euskañol-, una especie de pidgin exitoso, cada vez con más energía y guayismo. Estamos en los tiempos de la comunicación global, sin frontera idiomática. Es la naturaleza que crece salvaje y -como indica su propio nombre- de modo natural.
¿Debemos ponerle puertas a ese campo de la comunicación? La espontaneidad es una característica propia de las lenguas vivas y se entreveran libremente, juguetean con los términos y utilizan “muletillas” donde apoyarse y corretear entre los hablantes, mezclando idiomas y dialectos, creando palabras … aunque eso suponga, a menudo, una merma de conocimiento de los significantes y, por ende, de los significados. Pero no podemos negarnos a la evolución lingüística y, sobre todo, a sus consecuencias. Reflexionemos, no impongamos un único modo de entendernos.
Euskarafobos por reclamar ponderación
Volviendo a lo que nos trae aquí, hemos de abordar esos niveles de exigencia del euskara para formar parte de la administración vasca. Teníamos normas que regulaban los distintos perfiles y niveles de exigencia, aprobados por la inmensa mayoría de las fuerzas parlamentarias, tras una serie de acuerdos y consensos, con el objeto de preservar los derechos lingüísticos de la población bilingüe, así como los derechos laborales de las personas sin perfil.
En estos últimos años, trabajadores que se han visto excluidos tras años de trabajo en sus respectivos puestos, han presentado demandas en contra de convocatorias de empleo público que excedían notablemente esos niveles de exigencia. Los tribunales han aplicado la letra de la ley y han declarado nulas esas convocatorias. Hay quienes no administran bien un revés judicial, que lo único que ordena es que se cumpla lo requerido y aprobado en sede legislativa. Nada más.
Pero, los repartidores de carnés habituales lo han denominado “ofensiva judicial y social”, y a nosotros nos han endosado el inefable calificativo de “euskarafobos” por el mero hecho de reclamar el cumplimiento de la norma escrita. O sea, la estrategia clásica de si no hay un enemigo, lo inventamos y así unimos a nuestro grupo, un tanto disperso y despistado, y preparamos la confrontación, en pos de un bien superior: salvar la lengua de gente desafecta al criterio único que se ha de tener sobre el euskara. Así, se aceleran decisiones imprescindibles que, sin embargo, debieran tomarse con reflexión, debate y consenso. Y lo que han hecho los partidos de corte abertzale ha sido presentar dos propuestas que aprietan las tuercas euskaldunizadoras de cara a acceder a las administraciones vascas, de todo rango e implantación. Más madera. Y es conocido que meter más madera a la caldera del tren puede tener efectos no deseados: algunos comportamientos coercitivos acaban debilitando la adhesión a nuestra lengua minoritaria, adhesiones imprescindibles para la pervivencia.
La nueva ley y la opinión ciudadana
Todo este escenario debería llevarnos a una reflexión de fondo, porque creemos que sí, que tenemos un problema de visión de sociedad con respecto a lo lingüístico. Algunos -ya lo ha planteado así EH Bildu- proponen que el euskara sea la lengua nacional y así generalizar ya su empleo en todos los espacios de la vida social, cultural, laboral y en las instituciones públicas. Otros creen que cada municipio ha de decidir a su libre albedrío quién, cuánto, cómo y cuándo; esta es la propuesta del PNV que se ha aprobado.
Y están los que dicen que la norma actual ha funcionado bien pero que se deben hacer cambios para mejorar algunos problemas y, también, quienes opinan que ya está bien de tanta imposición. Y luego está, por último, la sociedad vasca, la ciudadanía de a pie, que, según el Deustobarómetro, opina, como siempre, de una manera muy plural, abierta y diversa. Este último Deustobarómetro ha puesto negro sobre blanco acerca de esta opinión variada de la sociedad vasca: menos del 20% considera que hay que endurecer los requisitos lingüísticos para el acceso a los puestos de trabajo del sector público.
A ese minoritario 20% da respuesta el cambio legislativo. En contra de la opinión del 80%. Hay, por lo tanto, un amplio abanico de sensibilidades y maneras de entender la política lingüística, pero la ley recién aprobada no refleja la opinión de la mayor parte de la sociedad vasca.
Klase arrakala, brecha social
Otro dato que nos ofrece Deustobarómetro: el mayor apoyo a incrementar la exigencia lingüística se registra entre las clases más altas. Por el contrario, en las rentas más bajas es donde menos apoyo concita. Y es que, como señalaba Joseba Zalakain, el euskara no es la lengua de los pobres. Exigir más sin dar nada a cambio es muy propio de quien no quiere compartir lo que tiene. Muchos de los trabajadores que han reclamado a los tribunales llevan mucho tiempo trabajando en estos puestos de forma precaria. Una situación que no les permitía acercarse con holgura y tiempo al euskera.
Y precisamente cuando ha llegado el momento de asentarse, en el momento de estabilizar su situación, se están quedando fuera o se pueden quedar. Además, familias procedentes de otros lugares -especialmente quienes no tienen al castellano como lengua materna- se encuentran con una situación lingüística desequilibrada, y el acceso de sus descendientes a la función pública puede quedar restringida totalmente. La aplicación de criterios excluyentes en cuanto a la exigencia de los diferentes perfiles es un portazo para ese colectivo. Y tengamos en cuenta un dato importante: tan solo aproximadamente el 20% de la ciudadanía vasca posee acreditación en perfiles superiores. El resto queda fuera. No parece muy justo. Ni progresista.
Frente a esta propuesta excluyente, en Euskara Denontzat por un euskera sin barreras pensamos que se debe de ir hacia una alternativa pluralista que fomente realmente el aprendizaje mediante la gratuidad de los euskaltegis y los permisos laborales retribuidos; que amplíe el abanico de perfiles abriendo la puerta, entre otros, a perfiles únicamente orales, belarriprest; y que incorpore los niveles más bajos al sistema de certificados que garanticen la comunicación del ciudadano en euskera con la administración, pero que no genere por ello barreras de clase en el acceso al empleo público, teniendo en cuenta el nivel de uso en cada ámbito territorial.
En Euskara Denontzat, consideramos que cargarse los consensos que han regido nuestra convivencia lingüística durante 45 años es, cuando menos, una temeridad, sobre todo, si la propuesta de tan solo una fuerza política ha sido incapaz de concitar apoyos transversales; ha sido incapaz de atraer a cualquier otra tradición ideológica asentada de nuestro pequeño país. ¿Se puede aprobar una ley de semejante calado con el único apoyo de sus filas? ¿Dónde quedan las palabras del lehendakari, que abogaba por los acuerdos entre diferentes? ¿Y si abrimos un debate amplio, sosegado, con todos los agentes implicados y, al final, podemos dar con ese punto de encuentro? ¿Qué alternativa nos dejan a quienes creemos que la política lingüística vasca necesita recuperar sus principios pluralistas y hacer frente a los diferentes sectarismos excluyentes que la atenazan?
Una última petición a la administración pública vasca: mayor transparencia de actuación en políticas lingüísticas, publicación de informes que se gestan pero que no ven la luz, datos de los euskaltegis, porcentajes y tiempos necesarios para el aprendizaje escolarizado, impacto y éxitos de las iniciativas de apoyo lingüístico a estudiantes migrados, registros de preferencia de uso lingüístico, mediciones de uso real, evaluaciones de aspirantes que efectivamente acceden al empleo público, etc. Es importante tener datos públicos y transparencia frente al oscurantismo. para poder evaluar, aplaudir o aconsejar para mejorar resultados y, sobre todo, para que todas y todos vayamos por el camino de una comunidad bilingüe, respetuosa y plural.
Sobre este blog
Viento del Norte es el contenedor de opinión de elDiario.es/Euskadi. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.
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