¿Mordaza en el Departamento de Educación?
No está teniendo un año tranquilo la consejera de Educación. Era esperable que el fin de las movilizaciones de la Escuela Pública tras la firma del nuevo Acuerdo regulador, en 2025, le diera el oxígeno necesario para impulsar con más tranquilidad los distintos proyectos en los que se encuentra embarcada la educación vasca. Pero no ha sido así. Citando algunos casos, el retraso inexplicable en la firma del mencionado Acuerdo, la información desdibujada de los resultados de la evaluación de diagnóstico, los problemas para trabajar las novedades que la ley educativa plantea, las ya obligadas quejas de los centros concertados sobre las plazas destinadas al personal vulnerable, o, por ir a episodios más recientes, el frente abierto con la propia EHU (antigua UPV-EHU) por las notas de la PAU en algunos tribunales han frustrado cualquier intento por tener lo que se llama un curso tranquilo.
Era de suponer que la consejera, con experiencia validada en el entorno administrativo, habría hecho acopio de fuerzas para tales imprevistos. Se habría rodeado de personas con experiencia suficiente para ayudarla a digerir determinadas malas digestiones. Habrá aprendido a surfear en aguas procelosas, desviando el objeto de atención con nuevas propuestas, a veces diametralmente ajenas a la problemática surgida. Pero lo que no esperábamos, al menos parte de la ciudadanía que sigue el devenir educativo vasco con suma atención, es el nuevo talante amenazante que empieza a utilizarse en el entorno docente.
Da la impresión de que uno de los caminos que utiliza el Departamento cuando se encuentra con protestas públicas sobre su gestión (cierre o fusión de centros públicos, o valoraciones personales de indefensión ante amenazas del alumnado en algún instituto playero, por citar dos ejemplos de este mismo curso) es refugiarse en la apertura de expedientes disciplinarios para quienes hacen la crítica. En vez de ahondar en una información más detallada y transparente -que elimine sensaciones de abandono cada vez más recurrentes en la Escuela Pública- recurre a las sanciones.
Da la sensación de que, todo indica que las críticas son mal asumidas. Parece que se recurre a la forma más sencilla -la punitiva- para advertir de los riesgos en que incurre cualquiera cuando manifiesta su desacuerdo con las líneas marcadas desde instancias administrativas. Asustar con actos disciplinarios, aunque, en el mejor de los casos, pueda acabar en una simple llamada de atención, es poner el acento en que se lo planteen mejor aquellas personas díscolas que piensan en clave crítica.
La consejera debería saber mejor que nadie que formar al alumnado en el pensamiento crítico no puede ser sólo teoría, sino que debe ejercerse desde la práctica; ella y su equipo deben valorar que analizar la gestión, sopesar los aciertos y errores contribuye a mejorar la actuación; cualquier persona dirigente con un mínimo de experiencia -y los cargos del equipo de Pedrosa lo son- debe asumir que trabaja para mejorar un servicio público como es el educativo.
Si volvemos a los proyectos que tocaba desarrollar para este curso a punto de finalizar, la ley educativa de 2023 es precisamente uno de ellos. Si nos fijamos, ya en la exposición de motivos queda explícitamente señalado uno de los valores del sistema educativo vasco que también la Administración debería respetar: “El sistema educativo se propone formar personas que piensen por sí mismas” ¿Es posible trabajar en este principio con medidas sancionadoras como las mencionadas? No hay que avanzar mucho en la lectura de la ley para entender que en varios capítulos se insiste en la formación crítica y activa del alumnado (art.3j.) y en su preparación para el pleno ejercicio de la ciudadanía y su inserción activa en la sociedad. ¿Francamente entiende esta administración que con sanciones sobre opiniones críticas se acerca a la comunidad discente a conformar una ciudadanía plural?
No es sostenible coartar la libertad de expresión en ninguna situación. Menos aún si el motivo es que las críticas recibidas generan incomodidad. ¿Qué pretenden conseguir así?, ¿sumisión?, ¿silencio?...
Volvamos la vista hacia el poeta ruso Y. Yevtushenko y asentimos con preocupación, compartiendo su afirmación: “Cuando la verdad es desplazada por el silencio, este es una mentira”. Este no es el camino.
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