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Viento del Norte es el contenedor de opinión de elDiario.es/Euskadi. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.

No es una reivindicación política, es una oportunidad histórica para Álava

Vías del tren y la estación de Vitoria, a la derecha de la imagen

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Hay decisiones que superan una legislatura, una institución o incluso una generación. Decisiones que determinan cómo serán nuestras ciudades dentro de cincuenta o cien años. Cómo llegue la alta velocidad a Vitoria-Gasteiz es una de ellas.

A lo largo de los últimos años, todas las instituciones alavesas hemos compartido y trabajado con el mismo objetivo: la llegada del ferrocarril y su integración en nuestra ciudad debía realizarse de forma soterrada, tal y como se había acordado en los sucesivos convenios firmados. No se trataba de una ocurrencia, ni de una reivindicación política, ni de una demanda desconocida. Se trataba de transformar Vitoria-Gasteiz aprovechando una oportunidad que probablemente no se vuelva a producir en décadas, eliminando una barrera física que divide la ciudad y que posibilitaría el desarrollo de nuevos espacios urbanos, económicos y sociales para nuestra capital.

La semana pasada se reunió, tras la petición que realicé al Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, el Consejo de Administración de la Sociedad Alta Velocidad Vitoria-Gasteiz. No voy a ocultar mi intranquilidad porque este consenso político inicialmente compartido de ejecutar el soterramiento en Vitoria-Gasteiz pueda verse cuestionado o relegado. Y creo que los alaveses y las alavesas merecen una reflexión serena sobre lo que esto puede significar.

Porque cuando hablamos del soterramiento no estamos hablando únicamente de infraestructuras ferroviarias. Estamos hablando de ciudad. Estamos hablando de cohesión urbana. Hablamos de construir una ciudad más habitable, más cómoda, de unir barrios, generar espacios para viviendas y personas, de crear oportunidades económicas. En definitiva, de transformar Vitoria-Gasteiz.

La llegada de ferrocarril de alta velocidad a otras ciudades europeas o del Estado ha supuesto un cambio profundo en su trama urbana. No ha resuelto sólo un problema de movilidad. Ha servido para mejorar la ciudad y hacerla más habitable, más conectada y más competitiva.

Ese era precisamente el espíritu con el que se planteó el proyecto para Vitoria-Gasteiz.

Es cierto que el coste es importante. También es cierto que las administraciones públicas debemos gestionar con rigor los recursos disponibles y que habrá dificultades técnicas. Pero no hay que olvidar que hablamos de un proyecto para décadas.

Precisamente por la trascendencia de esta decisión, debemos preguntarnos cuál es el coste de la alternativa. Porque las oportunidades perdidas también tienen un precio.

Renunciar al soterramiento puede hipotecar durante décadas la posibilidad de una transformación urbana que difícilmente volverá a presentarse. Las infraestructuras ferroviarias tienen una vida útil de generaciones. Lo que hagamos o no hagamos ahora condicionará a quienes vivan en Vitoria-Gasteiz dentro de muchos años.

Por eso me preocupa especialmente que el debate se esté planteando únicamente en términos económicos. Es un factor importante, sin duda, pero no puede ser el único. Es necesario ampliar la mirada y ser ambiciosos.

Cuando una sociedad afronta una decisión estratégica debe preguntarse no solo cuánto cuesta una actuación, sino también qué beneficios aporta y qué ciudad desea construir para el futuro.

Álava ha demostrado históricamente ambición cuando se trataba de defender proyectos transformadores. Apuestas como la recuperación del aeropuerto de Foronda, la apuesta por la logística, inversiones en industria o el Parque Tecnológico han creado miles de empleos, y cuando nacieron también parecían difíciles o costosas.

Gracias a estas apuestas compartidas, Álava es hoy un territorio más fuerte, más competitivo, con mayor bienestar y más oportunidades.

El soterramiento constituye, como las anteriores, una inversión estratégica. Y tenemos la obligación de hacerla posible. Se trata de una inversión que no solo beneficiaría a quienes utilizan el tren, sino al conjunto de la ciudad y de la sociedad alavesa.

Lamento profundamente que nos estemos alejando de ese horizonte. Lo lamento porque creo sinceramente que estamos ante una oportunidad histórica. Y no la podemos dejar pasar, porque raramente vuelven.

Estamos aún a tiempo de reflexionar, de no desviarnos del consenso inicial y de analizar fórmulas que hagan realidad esta aspiración. Las grandes transformaciones nunca han sido sencillas. Exigen determinación, diálogo institucional y visión de largo plazo.

Como Diputado General tengo la obligación de defender lo que considero mejor para Álava y para las generaciones futuras. Así ha sido durante estos años y con este objetivo seguiré actuando.

El soterramiento del ferrocarril en Vitoria-Gasteiz es una decisión sobre el modelo de territorio que queremos legar a quienes vendrán después. Y sobre estas decisiones nos valorarán.

Por eso sigo convencido de que Vitoria-Gasteiz merece aprovechar plenamente una oportunidad que solo se presenta una vez.

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